En plena interna, Francisco traslada a su máximo opositor lejos del Vaticano

Designó al cardenal norteamericano Raymond Burke para que presida un tribunal que juzgará en la isla de Guam al arzobispo de Agaña por presunto abuso sexual en los años 70
Elisabetta Piqué
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17 de febrero de 2017  

El Papa recibió ayer a una delegación de atletas con discapacidades
El Papa recibió ayer a una delegación de atletas con discapacidades Fuente: AFP

ROMA.- En una sorprendente movida estratégica, el Papa decidió enviar al cardenal norteamericano Raymond Burke, uno de los máximos opositores a su línea reformista, pero reconocido experto en derecho canónico, a la isla de Guam, a más de 12.000 kilómetros de distancia, con la misión de juzgar un caso de pedofilia.

Punta de lanza de la oposición conservadora y patrono pontificio ante la Orden de Malta -recientemente intervenida por Francisco-, el cardenal Burke aterrizó anteayer en la pequeña isla del Pacífico occidental, perteneciente a Estados Unidos, con una misión nada fácil.

Descubierta por Magallanes en 1521, la isla, la más grande del archipiélago de las Marianas, está enfrentando un escándalo que supera sus dimensiones.

El arzobispo de Agaña (la capital de Guam), Anthony Apuron, de 71 años, de hecho, está siendo acusado de haber abusado sexualmente de cuatro menores en la década del 70, cuando ya era sacerdote.

Quien denunció al obispo es Roy Taitague Quintanilla, que tenía 12 años y era monaguillo cuando sufrió el abuso sexual, junto con otros tres chicos. Apuron se proclama inocente, rechaza las acusaciones y sostiene que se trata de un ataque planificado contra la Iglesia Católica.

Para resolver la tormenta, en junio pasado Francisco envió a Guam al arzobispo Savio Hon Fai-Tai, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, con el cargo de administrador "sede plena" de la arquidiócesis.

En octubre, nombró a un "coadjutor" en la diócesis de Agaña, atribuyéndole plenos poderes, desplazando "de facto" al arzobispo puesto en el banquillo, que se negó a renunciar.

Pero el Vaticano dio un paso ulterior al crear un "tribunal de primera instancia" de la Congregación de la Doctrina de la Fe -el dicasterio que se ocupa de los abusos sexuales a menores cometidos por miembros del clero-, para indagar aún más sobre el caso.

Y decidió que Burke fuera presidente de ese tribunal. Junto con él, en efecto, el Papa envió a otros cuatro jueces, que son obispos, que ya a partir de hoy escucharán al ex monaguillo que hizo la denuncia.

Según trascendió, la decisión de enviar a Burke, experto en derecho canónico -de hecho, antes de ser nombrado patrono de la Orden de Malta fue prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, la corte suprema del Vaticano-, fue tomada el 5 de octubre pasado. Es decir, antes de que estallara el cortocircuito entre el Papa y la Orden de Malta, para muchos inspirado por el tradicionalista Burke.

Francisco fue quien terminó ganando esa pulseada a mediados de enero, con un pedido de renuncia del gran maestre, el retorno del gran canciller injustamente defenestrado y la reciente designación del arzobispo Angelo Becciu, sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano, como "enviado especial" del Pontífice en la antigua orden caballeresca. Una movida que desplazó, de hecho, al norteamericano Burke.

Opositor

El alto prelado fue uno de los cuatro cardenales disidentes que a fines del año pasado le escribieron una carta al Papa para pedirle aclarar cuatro "dudas" del capítulo octavo de la exhortación apostólica Amoris laetitia, que les abre las puertas a los divorciados vueltos a casar.

En una entrevista concedida en noviembre pasado, Burke desafió abiertamente a Francisco al manifestarse listo para poner en marcha un acto formal para "corregir" al Papa si no respondía a las "dudas" sobre "los errores doctrinales" de Amoris laetitia.

Según escribió recientemente The New York Times, Burke es muy cercano al ultraconservador Steve Bannon, consejero de la Casa Blanca, estratega de campaña y cerebro en las sombras del presidente norteamericano, Donald Trump. Se espera que el jefe de la Casa Blanca vea al Papa a fines de mayo, antes o después de la cumbre del G-7 que tendrá lugar el 26 y el 27 de ese mes en Taormina, Sicilia.

Habrá que ver si para entonces Burke, su máximo opositor, pero ahora muy ocupado como juez de primera instancia en la isla de Guam, perdida en el Pacífico a más de 12.000 kilómetros de distancia del Vaticano, habrá terminado su misión especial.

Los puntos de resistencia de los conservadores

Divorciados

Uno de los principales puntos conflictivos entre el papa Francisco y los cardenales conservadores es la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar. En su segunda exhortación apostólica, Amoris laetitia ("La alegría del amor"), los invita a formar parte de la Iglesia y les recuerda que no están excomulgados, al alegar que nadie puede ser condenado para siempre

Homosexuales

En cuanto a las relaciones homosexuales, el Papa aclara que toda persona, independientemente de su tendencia sexual, debe ser respetada en su dignidad y se deben evitar las discriminaciones injustas

Resistencia

En septiembre del año pasado, los sectores más conservadores respondieron al documento del Papa con una carta en la que le hacían cinco preguntas concretas para aclarar lo que ellos consideran imprecisiones para la doctrina católica. La carta fue una muestra abierta de rebeldía y reflejó el descontento de los tradicionalistas en el seno de la Iglesia. La falta de respuesta del Papa llevó a que apareciera la semana pasada una edición satírica del diario oficial de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, con el título irónico "¡Ha risposto!" (¡Respondió!) en alusión a la misiva enviada por los cardenales opositores. Esta burla se sumó a los carteles críticos que aparecieron en Roma unos días antes con fuertes cuestionamientos a su gestión. Con la imagen de un Papa enojado, los afiches condenaban sus acciones contra algunos conservadores católicos con la pregunta "¿Dónde está tu compasión?"

La Orden de Malta

Otro motivo de fricción fue la pulseada que se libró entre la cúpula conservadora de la Orden de Malta y el Papa. Franccisco pidió la dimisión del gran maestre de la Orden, Matthew Festing, de 67 años, después de que rechazó una inspección de una comisión nombrada por el Papa para aclarar el controvertido despido del gran canciller Albrecht Freiherr von Boeselager. Los más altos cargos de la orden habían acusado a Von Boeselager de no impedir la distribución de preservativos en diferentes partes del mundo donde están las estructuras médicas de la institución. Los caballeros se opusieron rotundamente a ser investigados por una comisión externa reivindicando su autonomía del Vaticano

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