
Enseñan a hijos de nuevos ricos a no dilapidar
Asisten a cursos especiales en colonias de vacaciones
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LONDRES.– Hace una semana, la vida de una ama de casa y madre de seis hijos, Dolores McNamara, dio un espectacular vuelco cuando su billete de la lotería europea (Euroloto) se tradujo en un premio récord de 136 millones de dólares. Fue así como, de la noche a la mañana, esta anonadada irlandesa se sumó a la creciente lista de nuevos ricos del planeta.
Desde entonces, Dolores vive sitiada por legiones de curiosos en su humilde hogar del condado de Limerick. Discretamente ataviados, en medio de la multitud, se encuentran representantes de varias entidades financieras dispuestos a ofrecerle su más innovador servicio: colonias de vacaciones financieras para sus hijos.
La oferta suena extraña, pero su caso no es aislado. Si el número global de indigentes va en dramático ascenso, como quedó en claro durante la reciente campaña para combatir la pobreza, la cantidad de personas que amasan fortunas por primera vez sigue el mismo acelerado ritmo. En Australia, por ejemplo, el número de personas con un capital superior al millón de dólares y con ganancias anuales de más de 250.000 dólares saltó de 17.000 en 2003 a 134.000 el último año.
Muchos de estos flamantes millonarios deben su fortuna al azar, pero la mayoría alcanzó su nuevo status como corolario de muchos años de duro trabajo. Unos y otros suelen mantener la fortuna en el seno de sus familias y comparten, por lo tanto, el temor a que sus hijos tiren por la borda todo lo obtenido.
Estudios académicos respaldan su inquietud. Tras analizar durante una década más de un centenar de traspasos de mando de empresas familiares -de padres a hijos o a parientes cercanos-, expertos de la Columbia Business School de Nueva York confirmaron la veracidad del viejo adagio "la primera generación hace la fortuna y la segunda la despilfarra".
El capital de todas las compañías estudiadas bajó en promedio un 18 por ciento y los ingresos un mínimo del 14% en los primeros tres años que siguieron al cambio de mando. Y ninguna, hasta ahora, ha dado muestras de recuperación.
En más de 27 países, los grupos familiares controlan un promedio de 53 por ciento de las empresas con un valor de más de 500 millones de dólares que cotizan en bolsa. Ese porcentaje es aún mayor en Asia, donde, de acuerdo con The Journal of Finance, dos tercios de las mayores compañías están en manos de grupos familiares que comenzaron a armar su fortuna con el despegue de la región a partir de la década del 60.
Varios bancos y consultoras se han dado cuenta de las oportunidades creadas por esta masa de multimillonarios a quienes les quita el sueño el futuro familiar. Sus "colonias de vacaciones financieras" fueron diseñadas para saciar la demanda de esta angustiada clientela, que teme que sus hijos no aprendan el verdadero valor del dinero.
Están preparadas especialmente para calmar los ánimos de aquellos con hijos adolescentes poco dispuestos a escuchar los buenos consejos de los mayores o que simplemente se resisten a seguir la carrera de economía y a atender cursos de marketing, aun cuando sus padres les encuentren plazas en universidades tan prestigiosas como Harvard.
Las "colonias de vacaciones financieras" duran entre tres días (como es el caso de la organizada por Merrill Lynch) y una semana (American Express Bank y Citigroup) y suelen tener lugar en las sedes centrales de las instituciones financieras en la City londinense. Los cursos están dirigidos a jóvenes de entre 18 y 25 años. El tamaño promedio de las clases es de 30 personas.
Sólo por invitación
La demanda es alta, pero el ingreso es sólo mediante "invitación exclusiva y personal" de la institución financiera a su más adinerada clientela internacional.
"La intención es darles a los jóvenes la oportunidad de familiarizarse con el gran mundo de los negocios en un entorno seguro -explicó Penny Smith, directora de marketing de American Express Bank-. Es por eso que los ponemos en grupos a armar portfolios de inversiones globales y a competir entre ellos en la venta y compra de acciones. Los papeles son, por supuesto, de fantasía. También les hacemos actuar diferentes roles financieros, como el de gerentes, agentes bursátiles, inspectores de impuestos... algunos encarnan incluso el papel de sus propios padres."
Smith admitió que, cuando se les presenta la idea, la primera reacción es de horror, porque creen que serán sometidos a una dieta de aburrimiento. La segunda es de cinismo, porque piensan: "Por lo menos durante una semana voy a estar afuera del alcance de la familia", dijo.
Pero tan pronto empiezan a adentrarse en el espíritu de la colonia, el ejercicio comienza a fascinarlos. Al final, muchos preguntan si pueden traer a sus hermanos menores y si pueden volver a repetir la experiencia el próximo año. "Algunos incluso dicen que pasarán muchos de los conocimientos aprendidos a los mayores con los cuales antes no querían siquiera compartir una comida", añadió Smith.
Los cursos son totalmente gratuitos, pero están lejos de ser un gesto caritativo hacia los atribulados "nuevos ricos". En un mercado financiero cada día más competitivo, "colonias" de este tipo ofrecen a los bancos la oportunidad de atrapar a potenciales futuros clientes y hasta de vender, en forma sutil e indirecta, nuevos productos a la clientela ya existente. No hay nada más seductor que la publicidad recibida de los labios de su propio hijo.
Aun así, hay razones por las cuales Dolores McNamara quizá debería contemplar abrirles la puerta a los representantes financieros que tanto la acosan. Su original servicio ofrece una potencial ventaja a las familias con fortunas de reciente creación: pone a sus hijos en contacto con pares en similar situación.
De esta forma pueden construir una valiosa agenda de amigos y conocidos, capaz de asegurar el ascenso en la escalera social, así como evitar el colapso del pedestal económico construido por sus mayores. Las "colonias de vacaciones financieras" serían así una alternativa rápida y económica a la red de influencia y poder que hasta hace poco sólo el paso por Eton, Oxford o Cambridge podía garantizar. Sólo el tiempo dirá si esta versión "light" resulta tan efectiva para las masas de nuevos ricos como lo fue la tradicional, durante siglos, para una minoría de privilegiados.


