Está en libertad el fundador de las Brigadas Rojas
Condicional: condenado a 30 años de prisión, Renato Curcio cumplió 24; debía permanecer en la cárcel hasta el 2002.
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ROMA (ANSA).- Renato Curcio, fundador de las Brigadas Rojas, grupo terrorista que actuó en Italia desde 1970 hasta 1983, aproximadamente, fue liberado pese a haber cumplido sólo 24 de los 30 años de prisión a que fue condenado, se informó ayer.
El fundador de las Brigadas Rojas (BR), que vivía en régimen de semilibertad (dormía en prisión y trabajaba fuera de ella, en una cooperativa editorial) desde 1993, obtuvo la libertad condicional del Tribunal de Vigilancia de Roma días atrás, pero sólo se supo ayer.
Curcio vivirá ahora en régimen de libertad vigilada durante un cierto período. Terminado éste, si los organismos judiciales dan un juicio positivo sobre su comportamiento, la pena restante de seis años se considerará extinguida.
Por otra parte, los defensores de Valerio Fioravanti, el terrorista de ultraderecha condenado a prisión perpetua por el atentado en la estación de trenes de Bolonia que, en 1980, causó 85 muertos y 200 heridos, consiguieron para él un permiso de 96 horas.
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Aunque ya desde hace cinco años, exactamente el 7 de abril de 1993, Renato Curcio obtuvo de la Justicia un régimen de semilibertad, la noticia de que ahora es un hombre libre seguramente erizará la piel de muchos italianos.
Su nombre, para varias generaciones, sigue siendo sinónimo de un capítulo reciente y sangriento de la historia italiana. Sinónimo de una época difícil de olvidar.
Renato Curcio fue el ideólogo y líder de las Brigadas Rojas, el movimiento subversivo de extrema izquierda que sembró el terror durante más de una década en el país, cometiendo varios atentados, secuestros y asesinatos.
Nacido en septiembre de 1941, luego de estudiar sociología en la Universidad de Trento, a fines de los ´60 Curcio dio a luz una organización leninista, clandestina y estricta, cuyo objetivo inmediato era provocar una crisis del régimen por medio de la lucha armada.
En 1978, el secuestro de Aldo Moro marcó el apogeo de la estrategia de las Brigadas Rojas, ya que significó un desafío abierto y directo a los poderes del Estado. Aldo Moro era entonces el líder de la Democracia Cristiana, favorable a que el Partido Comunista entrase en la mayoría del gobierno, en un intento de resolver la explosiva situación social y política que caracterizaba a Italia. Su posterior asesinato, por parte de otro jefe de las BR, Mario Moretti, marcó, no obstante, el principio del fin de la organización terrorista.
La ley como arma
A partir de entonces, con la ley en la mano, el Estado italiano comenzó a combatir la subversión por medio de unidades especiales con amplios poderes, que facilitaron su represión. La ley de los arrepentidos de 1982 fue una de las armas más eficaces para terminar con las Brigadas Rojas.
Renato Curcio fue condenado al máximo de las penas (por un total de 30 años) en varios procesos, acusado de constitución de banda armada, evasión, atraco y tentativa de asesinato. Comenzó a comparecer ante los jueces en 1976, luego de ser arrestado en enero de ese año, en Milán. Curcio ya había sido detenido en septiembre de 1974, pero como a la organización no le gustaba que "el jefe" estuviera entre rejas , un comando de las BR logró liberarlo de prisión en febrero de 1975. En esa acción participó también su mujer, Mara Cagol, muerta poco después en un tiroteo con la policía.
Renato Curcio ahora tiene 57 años y un pequeño hijo, fruto de una relación contraída después de obtener la semilibertad. Nunca cometió personalmente un asesinato. Pero siempre se negó a firmar una carta expresando su rechazo moral a la lucha que dirigió políticamente.

