
Estupor en EE.UU. por las revelaciones sobre Afganistán
Los documentos reconocen crímenes de guerra
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WASHINGTON.- La mayor filtración de documentos secretos en la historia de Estados Unidos ha dejado expuesto un devastador retrato de la verdadera situación de la guerra en Afganistán.
Asesinatos de civiles, descripción de crímenes de guerra y sospechas de que, en realidad, Estados Unidos está "ayudando al enemigo", dado que posiblemente su aliado Paquistán ampare a "elementos de la insurgencia" afgana, están causando una ola de estupor general.
La indignación va de derecha a izquierda e instaló en el foco de la escena una guerra tan larga y penosa, la de Vietnam, que ya nadie quiere recordar.
Llevará semanas evaluar el contenido de los más de 90.000 documentos de guerra difundidos anteayer en el sitio web WikiLeaks. Pero lo primero que llamó la atención fue la sospecha de que se está frente a "crímenes de guerra" cometidos por tropas norteamericanas. El presidente Barack Obama permaneció ayer en silencio. Pero sus colaboradores condenaron la filtración como un hecho que "pone en riesgo la seguridad del país" y de las tropas, según dijeron su vocero, Robert Gibbs, y el consejero de Seguridad Nacional, James Jones.
La Casa Blanca no quiso hablar de eso, pero el responsable de la difusión -y pesadilla de la Casa Blanca y de varios gobiernos- está convencido de ello. "De los elementos que tenemos surge claramente que estamos frente a crímenes de guerra", dijo Julian Assange, fundador de WikiLeaks, el sitio de Internet en el que se publicó la información (ver aparte). "De todos modos, corresponderá a la justicia determinar si esto es así", concedió este ex ciberpirata de 39 años, que dijo tener muchos "más documentos" en su poder y que se negó a revelar la fuente.
Su conferencia de prensa de ayer en Londres posiblemente haya batido el récord de atención entre funcionarios de gobierno en tres capitales al mismo tiempo -Washington, Londres e Islamabad-, donde, sin embargo, fue catalogado de "sinvergüenza".
La posible comisión de crímenes de guerra -asesinatos de civiles a los que se disparó desde helicópteros y muertes de militantes planificadas fríamente- se suma al otro escándalo de la filtración: la sospecha de que Paquistán, aliado de Estados Unidos en la guerra de Afganistán, colabora con el enemigo.
"Paquistán colabora con los talibanes mientras acepta la ayuda de millones de dólares de Estados Unidos", dicen los documentos filtrados. "El gobierno paquistaní afirma que se esfuerza por controlar sus servicios de inteligencia para evitar que colaboren con la insurgencia. Pero yo creo que ni siquiera lo ha intentado", disparó Paula R. Newberg, directora del Instituto de Diplomacia de la Georgetown University.
Sobre llovido, mojado: semejante información se conoció al mismo tiempo en que el almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto, comunicó mayores bajas de las fuerzas de la OTAN en Afganistán. Y, además, admitió que un bombardeo aliado la semana pasada mató a 52 civiles.
La catarata de documentos, entregada por WikiLeaks hace unas semanas en exclusiva a The New York Times , The Guardian y Der Spiegel , provocó indignadas reacciones en Londres y en Islamabad. "Es evidente que a los aliados de Washington se les hace difícil hacer frente a esto", decía ayer la CNN.
Con una visión más crítica, Fox News -más próxima a los republicanos- cargaba sobre "la falta de visión y de manejo" del gobierno de Obama en Afganistán. Y la coincidencia para unos y otros fue que el tema se instaló como prioridad en la agenda informativa.
"La filtración es alarmante", dijo Gibbs, que trató de orientar el debate hacia la difusión "ilegal" de los documentos. Parte de la indignación se centró en el "riesgo" que la información significaba para las tropas de Estados Unidos en la zona. "Alguien, por candidez o con toda la intención, les acaba de suministrar a los talibanes un listado de sus enemigos", protestó la demócrata Jane Harman, en un clamor generalizado.
Tan generalizado como el que ayer potenciaba las dudas sobre el sentido de que Estados Unidos permanezca en Afganistán en estas condiciones, trabajando para el enemigo y a un costo feroz en vidas (ver aparte).
Fue imposible atenuar el golpazo. "Vamos a necesitar semanas, si no meses, para evaluar el daño", dijo el vocero del Pentágono, Dave Lapan. "Hay vidas en juego."
Los documentos incluyen escabrosas descripciones sobre asesinatos de civiles, entre ellas, los realizados por una unidad secreta de operaciones especiales, llamada Task Force 373, contra lo que autoridades norteamericanas consideraban "blancos insurgentes y terroristas de alto valor". Algunos de los operativos provocaron la muerte de civiles afganos.
Entre los asesinados por la unidad secreta figura Shah Agha, al que se considera un agente de inteligencia, además de un combatiente libio, Abu Lait al-Libbi, descripto en los textos como un alto líder de Al-Qaeda.
Assange dijo que el poder del material radica en su acumulación de pequeños detalles previamente desconocidos sobre la guerra en Afganistán. "La historia real de este material es que se trata de una guerra; es una cosa tras otra. Son los pequeños eventos continuados, las muertes continuas de niños", declaró.
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