Europa, en shock tras el peor drama con ilegales

Naufragó una barcaza con entre 700 y 950 inmigrantes; iba de Libia a Lampedusa
Elisabetta Piqué
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20 de abril de 2015  

ROMA.– Todo el mundo habla ahora de "tragedia anunciada". Pero ayer, en lo que se considera la peor hecatombe de los últimos tiempos, el Mediterráneo volvió a convertirse en una tumba para por lo menos 700 hombres, mujeres y chicos que escapaban del hambre, la guerra y la miseria.

En un enésimo episodio que conmovió a Europa, que ante la cifra récord de muertos de las últimas semanas volvió a preguntarse cómo hacer para evitar semejantes desastres, un pesquero que llevaba entre 700 y 950 migrantes naufragó por la madrugada en el Canal de Sicilia. Hasta anoche sólo se había rescatado a 28 personas.

La barcaza, de 20 metros, estaba a 130 kilómetros de Libia y a 240 de la isla de Lampedusa, Italia.

El pesquero, procedente de Egipto, pero que había embarcado en Libia a los desesperados, había lanzado un pedido de ayuda al centro nacional de rescate de la Guardia Costera porque tenía dificultades de navegación.

El comando general envió entonces en su ayuda a un barco mercantil portugués -el King Jacob, un portacontenedores de 147 metros de largo-, que se encontraba cerca. Al ver llegar al navío mercante, los inmigrantes se abalanzaron en masa de un lado, el que miraba hacia la salvación, en un movimiento brusco que hizo volcar la embarcación.

"Apenas nos vieron se agitaron y el pesquero se dio vuelta. El mercante no chocó la embarcación", dijo el comandante del King Jacob. En un drama dentro del drama, el naufragio tuvo lugar en presencia de la nave que estaba ahí para socorrer la barcaza. Entre las 28 personas rescatadas, un eritreo que hablaba inglés dijo que había unas 700 personas.

Pero el balance de la tragedia podría ser aún mayor. "A bordo éramos 950, había unos 40 o 50 chicos y unas 200 mujeres", relató anoche otro sobreviviente que llegó en helicóptero a un hospital de Catania, Sicilia. Originario de Bangladesh, el hombre testimonió números distintos de los que hasta el momento se habían difundido.

Además, dio detalles dramáticos: muchos de los migrantes habrían estado encerrados en los niveles inferiores del pesquero y los traficantes les habrían impedido salir. De confirmarse su testimonio, la tragedia tendría proporciones aún más gigantescas, con un saldo de 950 muertos.

Considerado ya de por sí el más grave naufragio desde la Segunda Guerra Mundial, el incidente desde la mañana provocó una operación de rescate imponente. Movilizó 18 naves, de las cuales siete son militares y cinco, pesqueros italianos, tres helicópteros y un avión. A media tarde, habían logrado rescatar 24 cadáveres.

"Es un genocidio, nada menos que un genocidio", dijo el primer ministro de Malta, Joseph Muscat, que denunció a las "bandas de criminales que ponen a las personas sobre los barcos, a veces bajo amenaza de armas, y las mandan hacia la muerte".

"Nuestros militares, junto a la marina italiana, están literalmente buscando entre los cadáveres que flotan si hay alguien todavía con vida", destacó Muscat.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados habló de una "hecatombe sin precedente". Para muchos anunciada, la tragedia ocurrió a pocos días de que se registraran nuevos desembarcos en el sur de Italia, otro naufragio en el Mediterráneo con 400 víctimas el martes pasado y la noticia de que durante uno de los viajes un grupo de 15 musulmanes -arrestados hace unos días en Palermo- tiró al mar a 12 cristianos por odio religioso.

El nuevo desastre en el Mediterráneo, un verdadero cementerio de desesperados en los últimos años debido a la creciente inestabilidad en África y Medio Oriente, enseguida dio lugar a reacciones políticas.

"Lo que pedimos es no ser dejados solos. Es una cuestión política, de dignidad del hombre. La cuestión es bloquear el tráfico de seres humanos: los nuevos esclavistas no pueden pensar que Europa lo considera un problema secundario", dijo el primer ministro italiano, Matteo Renzi, que llamó a una reunión extraordinaria de la UE para hacer frente a un tema cuyo peso recae sobre todo sobre la península (ver aparte).

En medio de un escenario político marcado a fuego por la hecatombe, la oposición salió a atacar al gobierno de coalición de Renzi. El líder de la xenófoba Liga Norte, Matteo Salvini, exigió un "bloqueo internacional enseguida, frente a las costas de Libia, y guardia costera y marina para socorrer y defender nuestras fronteras".

La diputada Daniela Santanché, de Forza Italia, fue más allá. "Es la peor tragedia del gobierno italiano y la única solución es hundir las barcazas listas para partir, como ya se había hecho en el pasado en Albania", dijo. "Italia ya no puede tolerar esta invasión", agregó.

También el Papa, durante la oración del Regina Coeli, que en este período reemplaza al Angelus, expresó su sentido dolor desde la ventana del Palacio Apostólico.

Francisco llamó a la comunidad internacional a "actuar con decisión" para evitar desastres similares y recordó: "Las víctimas son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestros, hambrientos, perseguidos, víctimas de guerra, explotados, que buscan una vida mejor".

"Buscaban la felicidad", dijo, con rostro serio, al pedir ante fieles y turistas que llenaban la Plaza San Pedro un minuto de silencio y el rezo de un Ave María.

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