
Familias argentinas "ampliadas"
Por la crisis, el 30,4% de los hogares sumó más miembros
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La de José y Carmen se parece a esas familias de principios del siglo pasado que vivían en grandes casonas de Buenos Aires junto con toda su descendencia. José y Carmen viven con sus hijos, sus nietos y su bisnieto. En total son siete. Sólo que debajo de su techo no hay una casona con muchas habitaciones, salones, recibidores o bibliotecas, sino un departamento con dos cuartos y una dependencia de servicio.
En la Argentina, la crisis económica obligó a buena parte de las familias a volver a vivir juntas: hijos que se habían independizado y debieron volver al hogar paterno, abuelos que fueron retirados de los geriátricos porque la familia no podía seguir pagando la cuota, hijos adolescentes que tienen sus propios vástagos.
Según cifras del último censo nacional de población, el 30,4% de los hogares argentinos alberga familias ampliadas o extendidas. Significa que en el país hay 3.066.440 de hogares en los que conviven el jefe de familia, su pareja y sus hijos solteros, con otros parientes.
En 1997, un estudio realizado por el Sistema de Información, Evaluación y Monitoreo de Programas Sociales (Siempro), del Ministerio de Desarrollo Social, había señalado que el 15 por ciento de los hogares argentinos eran ampliados. Es decir que en cuatro años se duplicó la cantidad de familias en esa situación. En el censo 1991 no se había medido la cantidad de familias "ocultas" o subfamilias que vivían bajo un mismo techo.
En la actualidad, una tercera parte de los hogares ampliados (unos 939.230) están conformados por un grupo familiar nuclear completo de pareja e hijos con otros parientes. La mayoría está conformado por entre cinco y ocho miembros. Según el estudio de Siempro, se registra una mayor permanencia de los hijos en el hogar luego de iniciar su propio proyecto familiar.
En la secretaría de Desarrollo Social porteña confirman que en los últimos dos años se registró un aumento en los problemas familiares relacionados con el nuevo tipo de convivencia, tales como que el abuelo tiene que compartir el cuarto con algún niño, o los hijos no pueden llevar a sus amigos a la casa, el matrimonio tiene que dormir en el living o compartir el cuarto con los hijos. No existe la independencia y muchos se sienten desplazados porque no hay lugar para ellos dentro de su propio hogar.
Muchas de las familias que volvieron a vivir juntas están compuestas por personas que vieron reducidos sus recursos y conformaron una economía de subsistencia.
En muchos casos no hay un sustento principal, sino que la mayoría de los miembros adultos hace su aporte. Las estrategias familiares suponen un intento de maximizar los recursos disponibles. Aunque no siempre dan resultado.
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