Festejo de gallegos en la Argentina
Celebraron en la sede porteña del PSOE
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"¡Un hurra y viva por Galicia, un hurra y viva por Zapatero y un hurra y viva por España!" Así, con esa voz de largada, Elena Posada, secretaria de organización del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la Argentina, dio inicio oficial a la celebración en el país por la inminente llegada al poder de Emilio Pérez Touriño en Galicia.
Fue un festejo medido -los asistentes no superaban el centenar-, sobre todo si se lo compara con el multitudinario mitin encabezado en Buenos Aires por Manuel Fraga Iribarne, ex ministro de Francisco Franco y candidato del Partido Popular (PP), que reunió unas 10.000 personas en la Rural.
Sin embargo, hubo una inocultable alegría por haberlo derrotado después de 16 años de mandato ininterrumpido y por no haberse dejado vencer por el desaliento luego de los triunfos reiterados en las elecciones regionales del PP, el partido del caudillo gallego.
Mientras saboreaban generosas porciones de tortilla española, recibían la visita de miembros del grupo musical Xeito Novo y las felicitaciones desde España de la diputada electa Marisol Soneira, algunos no podían ocultar su orgullo por haber participado de una elección histórica, en la que los emigrantes gallegos (unos 100.000 en la Argentina, de los que votaron el 45% del padrón) decidieron el resultado.
Tal fue el caso de Bernardo Rey González, un pontevedrés de 62 años, que llegó al país hace 45 años. "Es una reivindicación. Cuando los gallegos vinimos a la Argentina nos sentíamos españoles de segunda. Con esta elección, nos sentimos españoles de primera", dijo Rey González a LA NACION. En tanto, Evaristo Oroña Marcote, representante de la mesa ejecutiva del PSOE, reconoció que por morriña, muchos emigrantes gallegos votaron por el PP. En cambio, "la segunda generación, los jóvenes, tienen una visión más progresista" y contribuyeron al triunfo del PSOE, opinó.
Sea como fuere, las elecciones regionales -que increíblemente se definieron a más de 10.000 kilómetros de distancia- convirtieron al pueblo gallego, muy apegado a sus tradiciones, en uno de los más globalizados del mundo.






