Final feliz para la odisea de los tres náufragos mexicanos
Podrían volver a su país esta semana
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MAJURO, Islas Marshall.- Los tres náufragos mexicanos que fueron rescatados hace doce días por un barco atunero en el océano Pacífico tras haber permanecido nueve meses a la deriva, durante los cuales viajaron más de 8000 kilómetros, llegaron ayer a Majuro, la capital de las Islas Marshall.
Descalzos, sonrientes y con pocas marcas visibles de la travesía que acababan de completar, Lucio Rendón, Jesús Eduardo Vidaña y Salvador Ordóñez tocaron tierra firme por primera vez desde el 28 de octubre de 2005, cuando a bordo de su "panga" de nueve metros dejaron atrás el pequeño puerto de San Blas, en el Pacífico mexicano, para pescar tiburones.
No imaginaban entonces que, horas más tarde, y tras sufrir la ruptura de los motores, el viento y las mareas los llevarían a más de 8000 kilómetros de sus casas, al otro lado del océano. Y que no volverían a ver otras personas durante nueve meses.
Algunas versiones indican que, originalmente, fueron cinco los pescadores embarcados. Y que dos de ellos -de los que aún se desconoce la identidad- murieron durante las primeras semanas y sus cuerpos fueron arrojados por la borda. Lo cierto es que los tres sobrevivientes lograron mantenerse con vida, alimentándose de pescados y aves crudas, y almacenando el agua de lluvia en bidones que llevaban a bordo.
Sólo el 9 de agosto pasado, cuando se encontraban entre las Islas Marshall y la pequeña república insular de Kiribati, en el Pacífico, el atunero taiwanés Koo s 102 los encontró. En el momento del rescate estaban dormidos, sus cuerpos hinchados por las quemaduras del sol y bastante delgados, aunque en buenas condiciones generales de salud.
La noticia del rescate provocó enorme ansiedad, debido a que sólo ayer, 12 días más tarde, los pescadores arribaron a tierra firme.
En los últimos días, sus familiares, que los habían dado por muertos desde hacía varios meses, pudieron conversar con ellos.
"¿Qué quiere que le tengamos preparado? ¿Un pescado zarandeado o un patito?", le preguntó por teléfono Noemí Becerra a su hijo Lucio que, a bordo del atunero taiwanés, rompió en llanto al escucharla. "Un pato, pero cocido", respondió el pescador.
Ayer, en cuanto el Koo s 102 atracó en el muelle -con la "panga" ya célebre amarrada sobre uno de los laterales- un equipo de médicos abordó la nave para constatar el estado de salud de los náufragos. Fue casi una formalidad, porque los protagonistas de la odisea salieron caminando de la nave por sus propios medios. Minutos más tarde, sin embargo, fueron trasladados al hospital de la isla, donde fueron sometidos a exámenes médicos más profundos.
También será el tiempo de las respuestas a las numerosas dudas sobre la hazaña -aún difícil de creer para muchos- y sobre la verdadera ocupación de los pescadores que, incluso, han sido sospechados de narcotraficantes (ver aparte).
Aunque salvaron sus vidas, algunos especialistas mexicanos, citados por el diario El Universal, de México, dijeron que serán necesarios estudios más profundos para verificar que las facultades mentales de los pescadores no estén alteradas y que no hayan perdido el contacto con la realidad.
El médico naval Alejandro Dávalos señaló que los pescadores deberán someterse a análisis físicos integrales, incluso para constatar posibles trastornos por la falta de fruta y verdura en la dieta. También, por la falta de vitamina C, que se traduce en problemas dermatológicos, digestivos y nerviosos.
"La exposición al sol durante tantas semanas seguramente les ocasionó [a los pescadores] estados de semiinconsciencia, que pueden derivar en trastornos mentales", señaló el especialista.
Mientras tanto, en San Blas, el pueblo mexicano en donde ya habían sido dados por perdidos, se preparan los festejos para recibirlos probablemente durante esta semana, cuando desanden los 8000 km sobre el océano, pero esta vez cómodamente sentados en la butaca de un avión.




