
Finalizó el motín en la cárcel más peligrosa de Río de Janeiro
Esta mañana, los presos liberaron a seis rehenes y entregaron las armas en el presidio de máxima seguridad de Bangú I, donde están recluidos los 48 delincuentes más temidos de la ciudad
1 minuto de lectura'
RIO DE JANEIRO.- El motín carcelario desatado ayer por los presos más peligrosos de Río de Janeiro, que tuvo repercusiones en varias barriadas de la ciudad, concluyó hoy y dejó un saldo de cuatro internos muertos.
Los reos -que asumieron el control del presidio de máxima seguridad de Bangú I, donde están recluidos en 48 celdas individuales los narcotraficantes y asesinos de mayor peligrosidad de Río de Janeiro-, liberaron a sus rehenes y se entregaron esta mañana, 23 horas después.
El secretario de Seguridad Pública de Río de Janeiro, Roberto Aguiar, informó que los amotinados liberaron sanos y salvos a seis rehenes -otros dos habían sido dejados en libertad anoche- y entregaron cinco revólveres y una escopeta.
El funcionario indicó que no hubo fugas pero que, al entrar al presidio, la policía encontró las instalaciones parcialmente destruidas y los cuerpos de los cuatro internos, uno de ellos totalmente calcinado.
Los rehenes, entre ellos dos obreros que trabajaban en una obra y cuatro guardias carcelarios, fueron conducidos a un hospital pese a que no sufrieron heridas.
La rebelión comenzó ayer por la mañana cuando un grupo de narcotraficantes liderado por Luiz Fernando da Costa, conocido como Fernandinho Beira-Mar y considerado el mayor distribuidor de drogas de Brasil, asesinó a cuatro líderes de una organización rival.
Aguiar señaló que en la cárcel, miembros del Comando Rojo, la banda de Costa, atacaron a los líderes de un grupo rival llamado el Tercer Comando. Los cuatro presos que murieron eran jerarcas de la organización contraria, entre ellos Ernaldo Pinto de Medeiros, uno de los cabecillas mas temidos del narcotráfico.
"El objetivo no era el escape. Se trataba de unir al liderazgo de los traficantes de drogas", dijo Aguiar, y agregó que cualquiera que se opusiera, era eliminado.
La muerte de los narcotraficantes tuvo reflejos en por lo menos nueve favelas de Río de Janeiro, controladas por organizaciones criminales, donde los delincuentes se enfrentaron a la policía, ordenaron el cierre de comercios y de universidades, y obligaron a los habitantes a encerrarse en sus viviendas.
Los amotinados se rindieron casi doce horas después de que el propio presidente del país, Fernando Henrique Cardoso, afirmara que, "sin otra alternativa", aprobaba el uso de la fuerza para retomar el control del presidio.
En medio de las negociaciones, la gobernadora de Río de Janeiro, la socialista Benedita da Silva, destituyó al director de Bangú I, Ricardo Couto, y a doce carceleros.
La Procuraduría de Río de Janeiro pidió la semana pasada la militarización de Bangú I tras divulgar varias grabaciones de conversaciones telefónicas en las que Da Costa, utilizando teléfonos móviles dentro de la prisión, ordenaba el asesinato de rivales e impartía instrucciones sobre sus negocios ilícitos.
Fuente: EFE


