Fini, el hombre que tiene en sus manos el futuro del premier
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ROMA (De nuestra corresponsal).- Gianfranco Fini, cofundador del Partido Pueblo de la Libertad (PDL), aliado de Silvio Berlusconi durante más de 16 años y actual presidente de la Cámara de Diputados, es hoy no sólo su principal enemigo, sino también el hombre que tiene en sus manos la llave de su futuro político.
¿Qué le sucedió a este político de raza, que en su juventud fue mussoliniano, militante del Movimiento Social Italiano-Derecha Nacional (creado por ex miembros del régimen fascista), que en los últimos tiempos "rebeldes" se ganó el apodo de "compañero Fini", ya que se convirtió en el máximo crítico de la influyente Liga Norte y del gobierno de derecha, al que aún pertenece?
La evidente transformación -que seguramente será digna de sesudos ensayos políticos- habla de una importante evolución interna de una de las figuras políticas más relevantes de los últimos tiempos en Italia. Una evolución que se fue dando a golpe de rupturas y cortes drásticos con el pasado.
Fini, un flemático boloñés de 58 años, amante del buceo, es un posfascista que en noviembre de 2003, cuando aún era líder de la Alianza Nacional (AN, el partido que se fundió con Forza Italia para dar vida al PDL), renegó del fascismo, que consideró "el mal absoluto". En un histórico viaje a Israel, también consideró las leyes raciales de Benito Mussolini "una infamia", al cabo de un proceso de revisionismo histórico que le significó una virtual rehabilitación, sobre todo ante los ojos de la comunidad internacional.
Más allá de que tuvo dos abuelos fascistas de la primera hora -uno incluso fue voluntario de la mussoliniana República de Saló-, las biografías de Fini cuentan que decidió adherir al MSI en 1969, cuando intentó ir a ver al cine una película de John Wayne ( Boinas verdes ) y terminó agredido físicamente por un grupo de extremistas de izquierda.
Licenciado en psicología y periodista del diario Secolo d´Italia (diario que hoy responde a su corriente), comenzó su carrera política en el Frente de la Juventud, una formación juvenil de derecha, de la que se volvió presidente en 1977.
Diez años más tarde, se convirtió en el delfín de Giorgio Almirante, entonces líder del MSI-DN. Esta agrupación, en el famoso congreso de Fiuggi, en enero de 1995, en otra ruptura con el pasado, se disolvió en Alianza Nacional (AN), el partido creado dos años antes por Fini justamente con el propósito de abandonar la herencia fascista y pasar a un partido de gobierno, moderado y democrático.
Diputado por primera vez a los 31 años, Fini fue vicepremier en el segundo gobierno de Berlusconi, canciller de 2004 a 2006. Desde abril de 2008 es presidente de la Cámara de Diputados. Si bien nunca se llevó bien con el Cavaliere -un empresario totalmente en las antípodas, tanto en carácter como en ideas y el modo de hacer política-, durante más de 16 años Fini fue socio de Forza Italia, la criatura de Berlusconi, con quien AN terminó por fundirse en marzo del año pasado para crear el hoy más que "rengo" PDL.
Primeras diferencias
Si bien siempre hubo diferencias entre Berlusconi y Fini, sobre todo de estilo -el primero, un showman, el segundo, parco y más intelectual-, fue en 2009 que la antipatía visceral mutua salió a flote con claridad.
Nadie se olvida de que fue justamente un artículo de la fundación de Fini, Farefuturo, que criticó abiertamente el "velinismo" de Berlusconi, es decir, su tendencia a elegir como candidatas del PDL a jóvenes con buen físico y poco cerebro. Todo esto, en vísperas del escándalo por su participación en la fiesta de 18 años de Noemí Letizia, su divorcio de Veronica Lario y el affaire de Patrizia D´Addario, que volvió a estallar ahora con la marroquí Ruby "Robacorazones" y Nadia Macrí.
Fini ya se había distanciado del Cavaliere en otras oportunidades. Por ejemplo, a principios de 2009, cuando, con el respaldo del Vaticano, el premier intentó impedir la muerte de Eluana Englaro, la mujer que tras 17 años en coma dejó de ser alimentada artificialmente, después de una larga batalla judicial.
Pero lo que más refleja la transformación de Fini -autor junto a Umberto Bossi de la famosa ley Bossi, que determinó que sólo pueden entrar a Italia los inmigrantes que tengan un contrato de trabajo- fue su drástico giro en este tema. "Es una mierda quien dice que los extranjeros son diferentes", les dijo a estudiantes extracomunitarios en noviembre del año pasado Fini, que, además, está en favor de darles el voto a los inmigrantes.
El broche final de la transformación de Fini, que aspira a ser el nuevo líder de una derecha muy distinta de la que actualmente gobierna el país, es su situación personal.
En otra ruptura que sorprendió a todo el mundo, en junio de 2007 anunció que se separaba de Daniela Di Sotto, su mujer de toda la vida y madre de Giuliana, entonces su única hija. Meses más tarde, en otro corte drástico con el pasado, comenzó una nueva vida al lado de Elisabetta Tulliani, una rubia presentadora de televisión y abogada, 20 años más joven que él. Con ella ya tuvo dos hijas.
Il Giornale , el diario de la familia del premier, intentó en los últimos meses desprestigiar a Fini (y a su mujer), al revelar un escándalo protagonizado por su cuñado, Giancarlo Tulliani, que vive en un departamento en Montecarlo que era propiedad de AN. Fini, muy flemático, capeó esa tormenta. Y ahora decidió subir la apuesta: tiene en sus manos la llave del futuro político de Berlusconi, aliado durante más de 16 años, pero ahora su enemigo a muerte.



