
Francia, paralizada por una masiva huelga
Fue la primera gran prueba para el gobierno de Sarkozy
1 minuto de lectura'

PARIS.– Francia quedó virtualmente paralizada ayer por una masiva huelga organizada por los sindicatos para oponerse a la reforma de los regímenes especiales de jubilación que impulsa el gobierno.
Fue la mayor protesta en 12 años en Francia y la primera gran prueba política que enfrentó el presidente Nicolas Sarkozy en su corto mandato, que comenzó en mayo.
En medio de un caos generalizado, los franceses intentaron llegar a sus trabajos como pudieron –en auto, moto, bicicleta y hasta patines–, ante la ausencia de transportes públicos.
Pero el efecto de esta primera prueba de fuerza entre los sindicatos y el gobierno de Sarkozy quedó eclipsado, en parte, por la repercusión que tuvo el divorcio del presidente y su esposa Cécilia, anunciado oficialmente por el Palacio del Elíseo al promediar la jornada.
Mientras los sindicatos clamaban victoria, el gobierno relativizó la importancia de la movilización y afirmó que proseguiría con su reforma de los regímenes especiales de retiro, que afectan a 1,6 millones de franceses, principalmente en el sector energético (gas y electricidad) y de transportes públicos (ferroviarios y transportes urbanos).
"El gobierno escucha las inquietudes de los huelguistas, pero no puede ceder sobre el fondo de la reforma", dijo el vocero del gobierno, Laurent Wauquiez.
La conmoción causada por el anuncio del divorcio de Sarkozy (ver aparte) redujo considerablemente el alcance político de la movilización. LA NACION había anticipado que el jefe de Estado podía anunciar su separación ayer, a fin de limitar el brillo de la protesta sindical.
La mayoría de los noticieros de televisión y los informativos radiales privilegiaron la noticia del divorcio y relegaron a segundo plano la información sobre la medida de fuerza.
La huelga fue seguida por el 75 por ciento de los ferroviarios y el 60 por ciento de los trabajadores de transportes urbanos. Como consecuencia de esa adhesión masiva, apenas circularon el 10 por ciento de los trenes y el 30 por ciento de los subtes y colectivos en París y otras grandes ciudades. Prácticamente no funcionó la red suburbana.
Esas cifras, suministradas por los sindicatos, no fueron impugnadas por las autoridades.
La movilización de los ferroviarios fue superior ayer a la del momento culminante del conflicto de 1995, que duró 25 días y obligó al primer ministro Alain Juppé a retirar un proyecto análogo a la reforma actual.
El tráfico aéreo, en cambio, fue "absolutamente normal", según la Dirección General de la Aviación Civil.
La consigna de paro también fue seguida en forma mayoritaria en las empresas de gas y electricidad, cuyos trabajadores figuran entre los principales afectados por las reformas, pero eso no perturbó el suministro.
En cambio, una buena parte de los funcionarios públicos acudió a sus empleos. La tasa de huelga fue de apenas el 8 por ciento.
Al mismo tiempo, en todo el país se realizaron 130 manifestaciones, que reunieron a 300.000 personas, según los sindicatos, y 150.000, según la policía. La principal concentración se realizó en París, con la participación de 25.000 personas, según cifras coincidentes de sindicatos y policía.
El cortejo fue encabezado por los dirigentes de las seis grandes centrales sindicales que habían convocado a la huelga para protestar contra la reforma de Sarkozy, que pretende equiparar los regímenes jubilatorios de privilegio con el sistema que rige en la administración pública. El proyecto propone extender la duración de los aportes de 37 años y medio a 40 años en forma progresiva desde ahora y hasta 2012.
La dimensión del movimiento de fuerza fue parcialmente relativizada por la actitud de parte de la población, que se tomó el día libre para no verse obligada a sufrir los tradicionales trastornos de las jornadas de huelga de transportes.
Las 10.000 bicicletas del sistema Vel Lib, adoptado en París hace tres meses, resultaron insuficientes para responder a la demanda en esta jornada especial.
Debido a la prudencia de la población, que prefirió permanecer en sus hogares, los tradicionales embotellamientos de los días de huelga fueron sensiblemente inferiores a las previsiones e incluso a los días normales.
En las horas pico, el total de embotellamientos en las rutas y autopistas del país se elevó a 26 kilómetros, contra 86 kilómetros a las mismas horas en días de semana normales, según el Centro Nacional de Información Rutera (CNIR).
Una parte del sindicato ferroviario pretendía prolongar la huelga, que originalmente debía durar 24 horas, pero fue disuadida por la dirección sindical. La central sindical comunista CGT debió intervenir para serenar a los más exaltados, que en un momento parecían resueltos a desbordar a su conducción.
Las perturbaciones en los transportes proseguirán de todos modos durante una parte de hoy, debido a "razones técnicas", lo que amenaza con provocar nuevos trastornos en la actividad pública y privada. De hecho, está previsto que hoy funcione sólo uno de los subterráneos de París.
Negociaciones
Desde el punto de vista político, la demostración de fuerza, al parecer, dio los resultados esperados, ya que el ministro de Trabajo, Xavier Bertrand, anunció su intención de seguir negociando con los sindicatos. "La huelga no prohíbe el diálogo", dijo.
"Lo que esperamos al término de esta jornada es la convocatoria de verdaderas negociaciones", le respondió Bernard Thibault, líder de la CGT.
Los contactos podrían reanudarse rápidamente. Mientras el gobierno teme que el endurecimiento de sus posiciones provoque una remake del conflicto de 1995, los sindicatos comprobaron que Sarkozy sigue contando con un fuerte caudal de simpatía y, por el momento, la opinión pública no parece totalmente dispuesta a lanzarse a una nueva aventura, como hace 12 años.
No obstante, la masiva huelga de ayer demostró que Sarkozy encontrará obstáculos al intentar imponer sus ambiciosos planes de reformas en Francia.





