Golpe final a la "primavera egipcia": absuelven a Mubarak de todo cargo

El ex mandatario fue exonerado de responsabilidad en la feroz represión durante las revueltas de 2011, que provocaron más de 800 muertos; indignación entre los familiares de las víctimas
Ricard González
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30 de noviembre de 2014  

EL CAIRO.- Ayer por la tarde, varios centenares de jóvenes con espíritu contestatario se congregaron en las inmediaciones de la plaza Tahrir. Sellada con tanques y alambradas, fueron dispersados brutalmente por la policía. No pudieron entrar en el escenario central de la "primavera árabe", una revolución que, con Egipto como epicentro, fascinó al mundo en 2011 y de la que ya no queda nada.

Una horas antes, un tribunal había exonerado al ex dictador Hosni Mubarak de toda responsabilidad por la muerte de cientos de manifestantes en aquella revuelta popular que puso fin a su gobierno autocrático de más de tres décadas. La contrarrevolución iniciada con el golpe de Estado de 2013 y liderada por el actual presidente del país árabe, Abdelfatah al-Sissi, alcanzó así su punto culminante.

El ex dictador había sido ya condenado a cadena perpetua por estos mismos cargos en 2012, pero un tribunal de casación declaró nulo el proceso y ordenó su repetición.

A las familias de las víctimas ni siquiera les quedó el consuelo de una condena ejemplar para Habib al-Adli, el último ministro del Interior de Mubarak, o para los seis altos cargos policiales que ayer también se sentaron en el banquillo de los acusados. Todos ellos fueron absueltos, como lo habían sido anteriormente el resto de los agentes acusados por la represión de las protestas.

En el mismo proceso, Mubarak -así como sus dos hijos Gamal y Alá, y el magnate Hussein Salem- también fue exculpado de los cargos de corrupción y enriquecimiento ilícito a través del acuerdo de exportación de gas en Israel a un precio inferior al del mercado internacional.

Tras la sesión, el veterano general, de 86 años de edad, fue trasladado de nuevo en helicóptero a una clínica militar del barrio cairota de Maadi. Debido a su estado de salud supuestamente delicado, allí cumple una condena de tres años de prisión por malversación de fondos públicos, dictada el pasado mes de mayo. Sin embargo, esto no impidió que el ex "rais" se acercara a una ventana para saludar a docenas de seguidores congregados ante el hospital, ni tampoco que concediera una entrevista telefónica a una televisión egipcia.

"No he hecho nada malo... En los últimos diez años en el país hubo mejores resultados que en los 20 anteriores, incluida [la difusión de] los teléfonos móviles. Pero la gente se volvió en mi contra", declaró Mubarak.

La sentencia fue acogida con indiferencia por la mayoría de la población, un signo de cómo cambiaron los tiempos y las narrativas dominantes en Egipto. El fervor revolucionario se fue apaciguando a medida que la transición se hundía en el caos y en un bucle de disturbios callejeros. Una mayoría de la población, como Essam, un taxista de mediana edad, ya no quiere saber nada de la política y sólo desea estabilidad. "Toca pasar página. Yo creo que Mubarak era un hombre honesto; el problema era la gente que lo rodeaba", sostiene.

Desde su inicio en la primavera de 2011, el llamado "juicio del siglo" estuvo plagado de controversias y problemas, entre ellos, la falta de colaboración por parte del Ministerio del Interior y de los servicios de inteligencia. Precisamente, la debilidad de las pruebas contra el ex presidente -algunas fueron destruidas, según la prensa local- fue el principal argumento del juez Mahmud al-Rashidi para justificar su sentencia.

En su extenso fallo de 1430 páginas, el magistrado no se limitó a reducir las víctimas mortales de la represión de más de 850 a 238, sino que abonó el argumento de la defensa, es decir, que fueron miembros de los Hermanos Musulmanes quienes abrieron fuego contra la multitud. Gracias a la complicidad de unos medios de comunicación domesticados, en un país con tanta historia como Egipto nunca pareció tan fácil reescribirla.

La absolución de Mubarak simboliza el final del período revolucionario, su certificado de defunción. La rehabilitación de la imagen pública del veterano autócrata contrasta con la demonización de los jóvenes activistas que protagonizaron la "primavera egipcia". Algunos de sus símbolos, como Ala Abdelfatah o Ahmed Maher, se encuentran encarcelados por el simple hecho de haber participado en una manifestación sin un permiso oficial. También entre rejas está Mohammed Morsi, el primer presidente egipcio elegido a través de las urnas, así como la casi totalidad de la cúpula de su partido, los Hermanos Musulmanes. Egipto ha vuelto al pasado. El antiguo régimen, en su versión más brutal, triunfó.

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