
Graves disturbios en Roma por Haider
Hubo 30 heridos al chocar manifestantes y policías en los alrededores de la Plaza San Pedro; frìa recepción del Pontífice
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ROMA.- Con violentas escenas de guerrilla urbana, que por primera vez en la historia tuvieron la enorme cúpula de la basílica de San Pedro como telón de fondo, culminó ayer la controvertida y explosiva visita de Joerg Haider al Vaticano.
El líder derechista austríaco fue recibido fríamente por la mañana por el Papa, que le transmitió un mensaje antirracista, y por la tarde, mientras a 500 metros se generaba una gigantesca batalla campal, prendió las luces del controvertido árbol de Navidad traído de los bosques de Carintia, en la plaza San Pedro.
Unos 30 manifestantes heridos y otros tantos agentes lesionados fueron el resultado de los enfrentamientos, en los que no faltaron gases lacrimógenos.
Luego de un día tenso, con marchas de protesta varias en casi toda la ciudad, blindada por estrictas medidas de seguridad y convulsionada por el constante revoloteo de helicópteros que vigilaban los movimientos de la muchedumbre, la violencia se desencadenó pasadas las 16.30, a pocos metros de los jardines del Castel Sant’Angelo.
Allí, el partido Refundación Comunista había convocado a una manifestación anti-Haider, y en medio de pancartas que decían "Roma no olvida", "Haider nazi", "Haider NO, gracias", se fueron juntando más de 4000 personas. Entre ellas había ex partisanos, ex combatientes, parlamentarios de izquierda y sobre todo muchos jóvenes de los aquí llamados "centros sociales", los mismos que realizaron protestas contra la globalización durante los foros internacionales, en Seattle, Praga o Niza.
Uno de ellos, Paolo, pelo platinado y arito en la nariz, que se autodefinió guevarista y estudiante de filosofía de 24 años, explicó a LA NACION que se encontraba allí porque "Haider es un peligro que no tiene que ser subvaluado en Europa".
¿No cree que con tanto revuelo sólo aumenta su publicidad, que es en definitiva lo que él busca?, se le preguntó. "Seguro. Haider necesita que los medios no dejen de hablar de él -contestó-, pero nosotros también necesitamos manifestarnos en su contra, decirle que no queremos nazis ni racistas en Italia."
"Yo no me olvido de cuando las SS estuvieron en Roma", interrumpió una señora mayor que no quiso identificarse. Muy cerca de allí, en la plaza del Risorgimento, en tanto, grupos de derecha -unas cien personas- se manifestaban en favor de Haider.
El infierno
Mientras el sol comenzaba a ponerse, tras un día radiante, casi primaveral, de repente llegó el infierno: un grupo de jóvenes, con una gigantografía que representaba a niños en el campo de concentración de Auschwitz y la leyenda "Nunca más", comenzó a avanzar decididamente hacia la barrera de policías antimotines que cerraba el paso de los manifestantes hacia la Via della Conciliazione, paso obligado para llegar a la plaza San Pedro.
La idea de los jóvenes, vestidos con mamelucos blancos, cascos y con sus cuerpos envueltos en planchas de goma espuma, era llegar lo más cerca posible del pino de la discordia donado por la región de la que Haider es presidente para desplegar allí la enorme imagen de Auschwitz.
En pocos instantes, sin embargo, todo degeneró en una batalla campal que duró no más de diez minutos, pero que provocó heridos, aunque no graves: los policías, con cascos, escudos, cachiporras y gases lacrimógenos, chocaron violentamente contra los manifestantes, que contestaron con piedras, tubos de acero, petardos, botellas y cualquier elemento contundente que encontraron a mano. Los jóvenes incluso tumbaron algunos baños químicos que había allí para utilizarlos como barricada.
Mientras esto ocurría, en la plaza San Pedro Haider prendía las luces del majestuoso pino de 33 metros de altura de Carintia. Entre cánticos navideños y coros en alemán, el político austríaco de ultraderecha hasta habló en italiano, sin darse cuenta de que estaba sucediendo lo que todos se temían a pocos metros de allí.
En un ambiente nada festivo, con el ruido de los helicópteros dando vueltas, totalmente distinto del de las ceremonias de los años anteriores, Haider recordó que el pino tenía 81 años, la edad que el Papa cumplirá en mayo próximo. Además, definió el árbol como "una señal de paz".
Tras el acto, Haider volvió a pie a su hotel de la Via della Conciliazione, rodeado por una nube de periodistas, entre insultos y aplausos.
Con una ciudad convulsionada, aún en estado de sitio, poco más tarde Haider volvió a salir para comer en un restaurante. Atrás quedaron horas de tensión, lejanas al espíritu que inspiró la donación del árbol traído desde los bosques de Carintia.





