Grecia parece recuperarse, pero los expatriados no piensan en volver

Tras sufrir una de las peores crisis de la eurozona, la economía muestra señales positivas; medio millón de griegos abandonaron el país
Liz Alderman
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8 de junio de 2018  

DÜSSELDORF.- Tras una década de penurias económicas, Grecia finalmente parece haberse encarrilado, pero intenten convencer a los griegos que se fueron del país y no tienen planes de volver, como Constantine Kakoyiannis.

Constantine alza un vaso de cerveza y brinda junto a su novia en un bar de Düsseldorf, junto con otros 40 amigos. Era una ocasión especial, ya que ese grupo de ingenieros griegos expatriados les estaba dando la bienvenida a Alemania a varios que huyeron de Grecia en los últimos meses.

"La situación no está mejorando", dice Constantine. "Cuando uno se da cuenta de que su país se convirtió en un cementerio de sueños incumplidos, es hora de perseguir esos sueños en otra parte".

Si bien Europa finalmente parece estar saliendo de su crisis económica, Grecia sigue en problemas. Desde que comenzó la crisis, casi medio millón de griegos se convirtieron en migrantes económicos, uno de los mayores éxodos que haya conocido cualquier país de la eurozona.

Y la sangría no se detuvo.

Entre ellos hay médicos, técnicos, arquitectos y otros profesionales experimentados, así como recién graduados que siguen rumbeando hacia el próspero norte europeo en busca de trabajo. Al llegar, Constantine logró conseguir un codiciado puesto como ingeniero, y poco después su novia lo siguió hasta Alemania.

Mientras el gobierno de Atenas se prepara para agosto, cuando saldrá de un período de ocho años de dependencia de los rescates financieros internacionales y del repago de esos préstamos, el primer ministro Alexis Tsipras ya ha anunciado la recuperación del país. El crecimiento muestra algún asomo del rebote tan largamente esperado. Hace poco, Tsipras anunció los nuevos lineamientos económicos para Grecia y alentó a los griegos en el exilio a volver para colaborar con la reconstrucción del país. Así que los líderes europeos ya anuncian el final simbólico de la crisis de la deuda griega, que empezó en 2010.

Sin embargo, a muchos de los griegos que escaparon del colapso económico tanto optimismo les parece prematuro. El desempleo en Grecia sigue por encima del 20% y el PBI del país sigue siendo más chico que hace 10 años. Además, la incertidumbre política en Italia, con la sombra que proyecta sobre el futuro del euro, podría socavar todos los progresos que haya hecho Grecia.

"Cuando una economía queda destruida, reconstruirla lleva muchos años", dice Vasilis Kapoglou, que en 2013 fundó el Club de Ingenieros Griegos de Renania del Norte-Westfalia, después de abandonar Grecia por la caída de todos los proyectos de construcción. "Puede ser que el período de los rescates financieros haya terminado, pero los problemas que impulsaron a la gente a irse del país siguen vigentes".

Muchos de los que llegaron a esta región siguieron el camino abierto por una generación anterior de griegos en la década de 1950, cuando Alemania necesitaba trabajadores mineros y albañiles para reconstruir las ciudades devastadas por la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, en Renania del Norte-Westfalia, una pujante región industrial que incluye las ciudades de Düsseldorf y Colonia, unos 130.000 griegos satisfacen la demanda de profesionales calificados en empresas alemanas de tecnología, telecomunicaciones y de la construcción, así como también en bancos, hospitales y farmacias.

Y a la cabeza de esa sangría emigratoria constante están los ingenieros, porque si bien los inversores han empezado a renovar su interés por Grecia, la construcción y los proyectos de desarrollo tecnológico siguen muy rezagados.

"La cantidad de ingenieros está relacionada con el desarrollo de un país", dice Martha Ouzounidou, ingeniera química de Tesalónica, que llegó a Düsseldorf en octubre, tras conseguir un trabajo en una fábrica de baterías para autos. "Pero actualmente en Grecia no hay desarrollo alguno".

Los ingenieros que se quedaron en Grecia suelen recibir ayuda de sus padres o solo encuentran trabajos mal pagos en la construcción de hoteles, conectada con el turismo, uno de los pocos sectores del país que exhiben crecimiento, según Vasilis, fundador del club de ingenieros griegos expatriados.

En ese bar donde suele reunirse el club, en un encuentro reciente había al menos cinco ingenieros griegos llegados a Düsseldorf en los últimos meses. Todos ellos consiguieron trabajo rápidamente. Actualmente, el club tiene casi 900 miembros.

"Los alemanes nos recibieron con los brazos abiertos", dice Vasilis. "Ellos buscan personal altamente calificado".

Recortes

Una feroz ironía del destino para quienes se quedaron en Grecia, donde Alemania es vista como la gran impulsora de la austeridad griega, ya que exigió un gran recorte de las jubilaciones, de los salarios y del sector público, a cambio de 326.000 millones de euros en préstamos para reducir la montaña de deuda que acumulaba Grecia. Muchos griegos aún culpan a la canciller alemana, Angela Merkel, de sus padecimientos.

Los griegos que se fueron, sin embargo, están más enojados con su propio gobierno, al que acusan del desmanejo crónico de la economía por no haber terminado con la corrupción, no haber achicado el Estado ni reanimado la inversión. Los cambios exigidos por los acreedores de Grecia tenían como objetivo forzar mejoras en los arraigados problemas estructurales de la administración pública, la recaudación tributaria, el sistema judicial y las regulaciones comerciales. Esos acreedores siguen presionando para que Atenas implemente aún mayores medidas de austeridad antes de junio, plazo límite en el que deberán determinar si le otorgan más crédito de alivio al país.

Constantine se resistió a irse de Grecia hasta 2016, cuando se impusieron controles al flujo de capitales en momentos en que parecía que el país estaba a punto de caerse de la eurozona. Hasta entonces, se las arreglaba con tres trabajos de investigación, que apenas le alcanzaban para pagar el alquiler. A pesar de las objeciones de su familia, empezó a enviar su currículum al extranjero, y muy pronto recibió dos ofertas de trabajo de Silicon Valley. Pero para estar más cerca de su familia, Constantine optó por un puesto en Düsseldorf, donde trabaja para una empresa tecnológica alemana con otros 180 ingenieros que diseñan antenas para celulares y para otros dispositivos inalámbricos.

Sin embargo, aunque muchos de esos griegos planean hacer carrera y formar familia en Alemania, la transición no siempre es fácil.

El cielo encapotado de Düsseldorf, los modales directos de los alemanes y las dificultad para hacerse amigo de nativos alemanes -incluso después de haber aprendido el idioma- suelen complicar la adaptación. Y poco importan la morriña, los sueños rotos y la paulatina aceptación de que las vidas que quisieron hacerse en Grecia tal vez solo puedan materializarse en otra parte.

Traducción de Jaime Arrambide

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