Guaidó, a dos bandas: pide contactos militares con EE.UU. y dialoga con China

En Caracas, Guaidó encabezó una protesta opositora contra el gobierno chavista
En Caracas, Guaidó encabezó una protesta opositora contra el gobierno chavista Fuente: AFP - Crédito: Yuri Cortez
Mientras busca la cooperación del Comando Sur, dijo que Pekín avanza hacia "una solución" de la crisis política
Daniel Lozano
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12 de mayo de 2019  

CARACAS.- Juan Guaidó sorprendió ayer a los cientos de manifestantes reunidos en Caracas, los que nunca faltan a sus convocatorias desde el primer día de desafío contra el presidente Nicolás Maduro . El presidente encargado les aseguró que la diplomacia china le había comunicado que "se aproxima una solución a través del Grupo de Contacto". Y remachó: "Es un logro de la lucha de la calle". Los aplausos confirmaron lo que parecía una buena noticia.

Decidido a superar las expectativas de los presentes, Guaidó dio un paso más allá. El líder opositor anunció a continuación que había conminado a su embajador en Washington, Carlos Vecchio, para que se reúna de inmediato con el jefe del Comando Sur estadounidense, el almirante Craig Faller, para "establecer relaciones de cooperación".

Durante los últimos días, el jefe del Parlamento desarrolló un nuevo concepto, que define como "cooperación militar en suelo venezolano", para responder a las exigencias de radicales y desesperados, que solo ven solución a la crisis a través de una invasión militar. Solo 24 horas antes, Faller entonó en público su "estamos listos" para ayudar a los venezolanos.

El juego a dos bandas de Guaidó surge cuando el chavismo intenta desmantelar el Parlamento con persecución y amenazas a sus diputados. El poder revolucionario prolongó ayer la campaña orquestada de pintadas, que incluye a dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y a organizaciones civiles. "No es con pintadas, con cárcel, con grúas. Así no lograrán detenernos", clamó Guaidó, que tiene otro reto muy próximo: sesionar pasado mañana en la Asamblea con su quórum reducido y con el temor de que el palacio legislativo sea finalmente tomado por fuerzas revolucionarias.

La reaparición de China sobre el complejo tablero geoestratégico venezolano llega cuando los principales aliados de cada uno, Estados Unidos (de Guaidó) y Rusia (de Maduro), parecen entrampados en el mismo laberinto, carente de salidas y con el debate de una intervención militar, usada por unos y otros para la propaganda y para la presión interna más que para una hipótesis real.

El Grupo de Contacto, conformado por la Unión Europea (UE) y varios países latinoamericanos, busca desde hace meses una solución negociada entre las partes que desemboque en unas elecciones democráticas y libres. Solución que en absoluto interesa a Maduro, que solo disfruta del 12% de apoyo popular, mientras que Guaidó se mantiene en torno al 60%, según diversas encuestas.

Guaidó vuelve de esta forma a jugar con cierta ambigüedad, que tantos resultados le dio en la primera etapa de su presidencia parlamentaria. Incluso no dejó claro si fue el canciller chino, Wang Yi, quien se puso en contacto con la oposición o se trató simplemente de una comunicación a la opinión pública. Sí se sabe, en cambio, que Pekín recibió con satisfacción la decisión de la Asamblea Nacional de pagar los intereses del bono 2020 Pdvsa, que cuentan con el respaldo de Citgo (filial en Estados Unidos de la petrolera estatal venezolana, que forma parte del embargo acordado entre Guaidó y Washington). El gobierno chavista no solo forzó el refinanciamiento de su millonaria deuda, sino que también incumplió varios pagos.

El Grupo de Contacto, gran apuesta europea para resolver la crisis venezolana, está formado por ocho países de la UE (España, Francia, Alemania, Portugal, Italia, Suecia, Gran Bretaña y Holanda), con el liderazgo de la alta representante para Asuntos Exteriores del bloque, Federica Mogherini. Y también por cuatro de la región: Uruguay, Ecuador, Costa Rica y Bolivia, acérrimo aliado de la causa chavista que no suscribió las declaraciones finales de los encuentros en Montevideo, Quito y San José.

La apuesta por el eje chino-europeo no arrincona, ni mucho menos, la alianza con Estados Unidos. "No creo que la vía europeo-china vaya a ser más útil que la norteamericana-rusa, al menos de entrada. Más bien creo que nos vamos a acercar a la retórica de la segunda vía, ya que veo difícil, dadas la persecución y represión, que se pueda concretar una vía negociada con apoyo internacional", dijo a LA NACION, desde Washington, el internacionalista Mariano de Alba.

La realidad en Venezuela parece muy alejada de la que se discute en las mesas internacionales, más allá de la devastadora crisis y de la diáspora imparable. Basta con ver la convocatoria de ayer de Guaidó, con menos apoyo popular que de costumbre y a la que faltaron diputados que no se habían perdido una.

De la primera lista negra de diez parlamentarios, uno de ellos, el vicepresidente primero Edgar Zambrano, ya está entre rejas. "Lo único que hoy construye este régimen son cárceles", destacó Guaidó, al referirse a las celdas de alta seguridad levantadas dentro del cuartel militar de Fuerte Tiuna. Otros tres diputados están refugiados en embajadas; uno está exiliado y otros cinco permanecen escondidos.

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