
Hay argentinos en el tráfico de heroína
Organizan envíos a Estados Unidos
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PEREIRA, Colombia.- Uno puede recorrer las calles que parten de la plaza Bolívar y no arribar a conclusión alguna. El cronista ha llegado de Bogotá por recomendación del jefe de Estupefacientes de la Dirección de Policía Judicial e Investigaciones (Dijin), mayor Juan Carlos Montero.
En una larga charla, Montero le advirtió: "Los argentinos se han convertido en empresarios del tráfico de heroína". Y, antes de despedirse, sugirió que viajara a Pereira.
Pero, bajo el sol tórrido, Pereira sólo luce como una modesta ciudad de provincia que alguna vez conoció la prosperidad gracias a las exportaciones de café.
De resultas de riquezas y miserias, quedó dividida en tres: una zona rica de edificios altos y modernos con shopping centers y hasta mansiones; un centro de casas bajas, con vendedores callejeros, pequeños negocios, oficinas de gobierno y una pobre feria bajo el sol, y el barrio Cuba, una gran villa miseria con una calle central de tiendas y bares.
Contra estas apariencias, Pereira es el centro del tráfico de la heroína colombiana, que actualmente abastece el 65 por ciento de la demanda estadounidense y que, por segunda vez en la historia, amenaza con involucrar a la Argentina en el más alto nivel del comercio internacional de drogas ilegales.
A fines de los 60, los traficantes de Marsella se trasladaron a la Argentina ya Paraguay y triangulaban, desde allí, los envíos de heroína que venían de Europa y se dirigían a los Estados Unidos. La primera "guerra contra las drogas" lanzada por el presidente Richard Nixon acabó con ellos.
Ahora, bandas argentinas financian y organizan envíos de heroína colombiana de Buenos Aires a los Estados Unidos, aprovechando la ventaja comparativa de no necesitar visa para el viaje.
El fenómeno ha llegado a tal punto que el ex director de la Policía Nacional, general Rosso José Serrano _que acabó con los carteles de Cali y Medellín_, advirtió que "hay que observar si la heroína se está triangulando a través de la Argentina nada más, o si se está eligiendo ese destino para su consumo".
Las razones y los alcances de esta nueva realidad, que pone en riesgo el estatus migratorio privilegiado de la Argentina ante los Estados Unidos, sólo se vislumbran al reconstruir la historia que anida en las apacibles calles de Pereira.
Ricos y pobres
José Ospina llegó a Pereira en 1954 de Medellín, huyendo de la violencia que ya castigaba a Colombia. Vio alzarse y desaparecer partes enteras de la ciudad, en los últimos treinta años, al ritmo del narcotráfico.
Barrios ricos como Los Pinos, cuenta, fueron edificados por los jefes del Cartel de Medellín a principios de los 80, en su gloria. Carlos Lehder, hoy en prisión en los Estados Unidos, y Pablo Escobar, muerto a tiros mientras escapaba por un techo, invirtieron suficiente dinero en esta zona como para ser recordados todavía con afecto.
Al otro lado de la ciudad, Ospina guía el automóvil por la calle principal del barrio Cuba, levantado a partir de los años 70 por los trabajadores golondrina del café, uno de los productos de exportación más típicos de Colombia y fuente de ingresos de toda esta región, conocida como "El eje cafetero", que se apoya en Pereira y Armenia.
Actualmente, el área sembrada de café equivale a un 10 por ciento de lo que se sembraba hace 25 años. Las exportaciones han caído en los últimos cinco años por la baja del precio en el mercado mundial.
En cambio, cultivadores y jornaleros encontraron un nuevo trabajo. Los primeros, plantar amapola y destilar su látex o "mancha"; los segundos, ofrecerse como contenedores vivientes de la heroína que se factura en laboratorios clandestinos.
"Es muy poco el que no tuvo que ver en Cuba con la heroína _asegura Montero_. Todos tienen un familiar, amigo o amante. La clase baja de Pereira vive alrededor de la heroína."
En las calles de la ciudad, sin embargo, la gente habla, contra toda evidencia, de lo bien que va el negocio del café. Hasta que un taxista joven, que ha comenzado la charla del mismo modo, lo acepta de pronto: "Claro, si casi toda la ciudad vive de la heroina. Con lo mal que le va al cafe..." Pero se niega a seguir hablando.
El atractivo del negocio parece poco evidente para el neófito. La "mula" debe tragar hasta un kilo de heroína en cápsulas de látex y aguantar sin comer a veces hasta un día hasta llegar a alguna ciudad norteamericana (Miami, Nueva York), donde evacua su carga y recibe su paga, si sobrevive al viaje y al proceso.
Salir de la miseria
La explicación es de pura economía: la heroína no sólo ofrece una salida inmediata a la miseria sino toda una promesa de movilidad social.
El negocio comenzó para Colombia hace una década, cuando los traficantes de cocaína pensaron en adueñarse también del mercado de heroína de los Estados Unidos, hasta entonces cautivo de sus proveedores del sudeste asiático.
Según recordó Hernando Cortés, un cultivador de Planadas, en el sur del Tolima, "llegaron de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, a cultivar la amapola, enseñarnos y dejarnos la semilla".
"Nos arrendaban la tierra para sembrar _relató a La Nación _. En esos tiempos se vendía el kilo de Ômancha´ a un millón y medio (de pesos, unos 800 dólares). Después, se llevaron la plata y nos dejaron el problema."
Para entonces, los traficantes colombianos se habían adueñado del mercado americano gracias a sus bajos precios y, sobre todo, a un alto nivel de pureza de la droga, que se elevó de un 3,6 por ciento promedio en 1980 a un 41,1 por ciento en 1998.
Ello permitió a nuevos consumidores jóvenes aspirar o fumar la heroína en lugar de inyectársela, práctica que había quedado estigmatizada tras la proliferación del SIDA.
Ahora, según cifras de la Drug Enforcement Administration (DEA), las 6 toneladas de heroína que produce Colombia por año se embarcan en su totalidad hacia Estados Unidos.
Pero los precios son distintos para los productores. Fernando Ordóñez, cultivador de amapola de la ciudad de Algeciras, dijo a La Nación que el "bolo" (kilo) de "mancha" se vende a un precio que oscila entre 500.000 y 600.000 pesos colombianos (unos 300 dólares) a los intermediarios que llegan de todo el país. Para extraer un kilo de látex, hacen falta de 200 a 300 plantas, detalló. Y cada hectárea sembrada tiene unas 5000 plantas. Parece poco dinero, pero es muchas veces más que lo que obtendrían con el maíz, el frijol o la yuca.
Las diferencias se repiten a mayor escala luego. Un kilo de heroína se compra por 9000 dólares donde se produce y por 90.000 en Nueva York.
El precio ha condicionado el tráfico: no existen grandes cargamentos, que exigen una alta inversión y, por ende, un alto riesgo: sólo las "mulas". Por eso, cada "mula" recibe unos 15.000 dólares por kilo de heroína entregada. Como puede hacer hasta cuatro viajes por año, un joven pobre de Pereira puede acumular un capital considerable en un plazo muy corto.
Típicamente, la "mula" invierte el dinero en comprar heroína y, gracias a la relación establecida con el comprador de Estados Unidos, comienza su propia línea de tráfico y, a la larga, acaba por reclutar sus propias "mulas" y convertirse en jefe.
El ascenso
"Todos los capos de la heroína fueron Ômulas´ y casi todos están en Pereira", afirma Montero. Lo mismo ocurre con los argentinos, que ahora quieren independizarse.
No será fácil. "A los argentinos que han venido a conseguir heroína les han robado y los han matado _cuenta Montero_. Lo que resulta es tener el contacto que les provee la heroína, a 20.000 dólares el kilo, en Bogotá: se la entrega a una Ômula´ de los argentinos que viaja para eso." Un buen ejemplo es Julio César Tucci, un argentino al que varias agencias policiales buscan en estos momentos en los Estados Unidos.
Tucci está acusado de organizar un servicio de "mulas" argentinas para enviar heroína colombiana a Nueva York. El mismo se inició como "mula" y fue apresado por los hombres al mando del comisario inspector Guillermo González, jefe de Investigaciones Complejas de la policía bonaerense, pero luego sobreseído por el juez federal de San Isidro Conrado Vergesio.
Cuarenta días después poseía los contactos en Colombia y Estados Unidos como para manejar a los correos que cayeron en otra redada dirigida por González, que realizó casi una decena de investigaciones en el país desde que se eliminó la visa para Estados Unidos, en 1996.
Ultimamente, dice Montero, los traficantes han puesto límites a las "mulas": retienen sus pasaportes para que no viajen por su cuenta, les adelantan dinero para mantenerlos endeudados y controlados.
Pero probablemente es demasiado tarde.
Más fondos para el plan de Pastrana
MADRID.- El gobierno del presidente colombiano, Andrés Pastrana, recibió un fuerte respaldo al llamado Plan Colombia para combatir el narcotráfico al anunciarse ayer que la "mesa de donantes internacionales" colaborará con 871 millones para el proyecto, cuyo costo total se calcula en 7500 millones.
El canciller de Colombia, Guillermo Fernández de Soto, hizo el anuncio durante la primera reunión de la "mesa de donantes" que se realizó ayer en Madrid. "La comunidad internacional muestra su firme respaldo político y humanitario a las iniciativas presentadas por el gobierno de Colombia durante la primera reunión del grupo de apoyo para el proceso de paz", afirmó en una declaración.
Aportes
Colombia aportará 4000 millones de dólares de su presupuesto nacional, mientras que, según el comunicado, España dará cien millones; Estados Unidos, 250 millones; Noruega, 20 millones; Japón, 70 millones, y la ONU, 131 millones. En tanto, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y Corporación Andina de Fomento contribuirán con préstamos de 300 millones.
La recaudación fue calificada como un "éxito" por De Soto. Otra reunión similar se realizará antes de fin de año en Bogotá.
Los dos principales grupos guerrilleros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) se oponen al plan porque consideran que la ayuda, más que para erradicar la producción de cocaína, será utilizada para intensificar la lucha contra las guerrillas.




