
Hipótesis de conflicto: Argelia
Un lugar donde la violencia es algo difícil de comprender
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La violencia sin par desatada en los últimos años en Argelia es algo difícil de comprender, sea desde la ultrasimplista visión occidental (fundamentalismo islámico) o desde la más estricta interpretación musulmana.No tiene cabida ni en una ni en otra. Acaso pase por otro lado, y en esto se mezclan las guerras púnicas, Calígula, San Agustín, la guerra por la sucesión de Mahoma y más. Pero quizá, sólo quizá.
En noviembre de 1941, Eva Curie (famosa por la biografía que escribió de su ilustre madre, María Sklodowka-Curie) emprendió, en plena guerra, un fabuloso viaje periodístico. En Kano, Nigeria, el emir le comentó: "Cuando yo era niño, me dijeron que para encontrar la sabiduría tenía que ir a China y no más allá -dicho de Mahoma-.Pero con los aviones norteamericanos no hay punto hoy, adónde ir y quedarse. Han hecho que el mundo entero sea por doquier lo mismo"("Viaje entre guerreros", Sudamericana, 1943).
Las palabras del "negro señor" le vinieron a la memoria en los días siguientes -era poco antes de Pearl Harbor- y más a su regreso, en abril de 1942: "Ignoraban resueltamente la comida tropical y las costumbres africanas; nada de tonterías con platos exóticos: los yanquis querían que todo fuera como en casa (idem)".
Difícilmente el emir pudo haber definido mejor la "globalización" que Eva Curie confirmó con sus propios ojos. Y explicó la contrapartida a esta propuesta de un mundo aburridísimo que "sea por doquier lo mismo": el retorno a las fuentes, a la identidad, a la propia nación. Y allí cae en la Argelia actual.
La identidad
Hay que retroceder más de 2000 años, hasta la época de las guerras púnicas entre Roma y Cartago, para hallar una Argelia unificada en un Estado bereber: Numidia.
Alternativamente aliado de una u otra, terminó con el asesinato de Juba II a manos de su primo Calígula.
Inmediatamente después estalló una tremenda rebelión en el Aures (40-45), que hace unos 40 años fue uno de los centros más activos contra Francia durante toda la guerra de independencia (1954-1962). Es también, como entonces, un centro berebere.
En forma aparentemente anacrónica, el reino de Numidia reapareció por primera vez en muchísimos siglos nada menos que en el texto de la Constitución argelina de 1989. Por primera vez se reconocía el pasado preislámico (y precristiano y prerromano) junto al Islam, religión del Estado (Art. 2) y al árabe, "idioma nacional y oficial" (Art. 3).
El problema está en que, si bien el Islam es la religión de casi todos los argelinos no pasa lo mismo con el árabe. Por sangre, alrededor del 20 por ciento restante es berebere ( amazigh , "hombre libre", en berebere, palabra extranjera) y habla su idioma ( tamazigh ), alrededor del tercio al cuarto de los argelinos. Son camitas, como los antiguos egipcios.
Tenaz resistencia
Opusieron una resistencia feroz a los romanos y en ninguna parte encontraron los árabes tanta y tan tenaz oposición como allí.
Aunque finalmente aceptaron el Islam, se arabizaron relativamente poco y hasta la invasión francesa (1830) practicaban el culto en árabe (idioma litúrgico exclusivo) y en su lengua, caso único en todo el mundo musulmán.
También mantuvieron su derecho tradicional junto al islámico ( sharia ) con preferencia para el primero. Esto valía para las grandes regiones que fueron y siguen siendo sus baluartes (Kabilia, Mzab, Aurés, la región fronteriza con Marruecos).
Los franceses, que los veían a todos iguales, aplicaron una política arabizante hasta que, a más de medio siglo de su llegada, ya conociendo el país, fomentaron y apoyaron a los bereberes aplicando el "divide e impera".
Pueblo guerrero, amante de la libertad y tenido por xenófobo, el berebere, resistencia armada, fue pionero contra los franceses, que comenzaron en modesta escala ya en 1947.
Cuando comenzó la guerra de la independencia (1954-1962),combatieron con singular ferocidad. No planteó ni plantea ningún separatismo, pero sí quiere autonomía en las regiones citadas, representación como bereberes en el poder y respecto de su idioma, costumbres, folklore, historia y su propia visión del Islam. Sus principales organizaciones son el Movimiento por la Cultura Berebere (1980) y la Unión por la Cultura y la Democracia (1989).
Su lucha encontró discreto reconocimiento en la reforma constitucional de 1966, que menciona en el preámbulo la "amazighidad" como "componente fundamental" de la identidad nacional junto al "Islam y la arabitud", pero prohíbe los partidos políticos con base "religiosa, lingüiística, corporativa o regional".
Nada hay en el articulado sobre ese reconocimiento de la identidad berebere. Diez días justos después de promulgada la reforma, se dictó una ley de "generalización del idioma nacional árabe" (17 de diciembre de 1996). Así están las cosas.
Intransigencia y religión
Por otra parte, cuando llegó el cristianismo, los bereberes lo abrazaron con pasión y dieron una cantidad altísima de mártires, especialmente en tiempos de Diocleciano. Pero su episcopado en su mayoría no se "comprometió" y "transó".
Eso enfureció al pueblo que, conducido por el obispo Donato, al que se unieron 70 obispos, formó una iglesia paralela, la donatista, que rechazó a la "transigente"(311).
La lucha fue áspera y el donatismo fue vencido gracias a la extraordinaria personalidad de San Agustín (354-430), la figura más notable que ha producido Argelia.
Sin embargo, quedó un sello donatista: rigor, intransigencia, austeridad y cierto estilo "popular".
Este sello se notó cuando arribó el Islam y halló tras la resistencia la adopción de la forma más extremista y herética que ha tenido en 15 siglos: el jarishismo.
Separados del califa Alí, por haber "transado", encontraron eco en Numidia, donde formaron un núcleo rigorista, intransigente, austero y popular. El Mzab, baluarte berebere, lo es de este sector.
Muy latamente puede decirse que si bien Argelia es de un islamismo normal y los jarishitas son una minoría ínfima, hay entre ambos un sector que ha guardado una actitud religiosa con aquellos matices.
No hay -ni debiera haber- nada de tremendo en la lucha por la identidad berebere, ni en una fe ardiente.
Pero 100.000 muertos por la violencia entre 1992 y 1998 es demasiado. Y el conflicto no está desatado a pleno.
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