
Homenaje y polémica por la princesa Diana
Habrá un servicio religioso en su memoria; Camilla no irá
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LONDRES.– Una emotiva ceremonia religiosa y un renovado clima de controversia marcarán hoy el décimo aniversario de la muerte de Diana Spencer, la princesa de Gales.
Más conocida como Lady Di, aquella “princesa del pueblo” estaba destinada a no convertirse nunca en reina, tanto por el fracaso de su matrimonio con el heredero de la corona británica como por el accidente que le costó la vida, en la madrugada del 31 de agosto de 1997.
Su memoria será oficialmente evocada este mediodía con un servicio religioso de acción de gracias en la Guards Chapel, la capilla militar cercana al palacio de Buckingham. A la ceremonia, de una hora de duración, organizada minuciosamente por sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique, asistirá la plana mayor de la familia real -con la notable excepción de la actual esposa del príncipe Carlos, Camilla Parker Bowles-, el primer ministro Gordon Brown, sus predecesores Tony Blair y el conservador John Major.
Las medidas de seguridad previstas para el resto de los 500 invitados -incluidos los cantantes sir Elton John, sir Cliff Richard y el fotógrafo Mario Testino- serán tan estrictas que, se ha advertido, sólo tendrán acceso a la iglesia aquellos que lleven una invitación, su pasaporte y otro documento con su nombre y domicilio. Además, 22 calles serán cortadas para crear un perímetro de seguridad.
El servicio religioso, que será transmitido por televisión a todo el mundo, será conducido por el capellán local Patrick Irwin, y no por el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, como se creía en un principio. El arzobispo decidió, en cambio, contribuir con la escritura de una oración especial que será leída tanto en la ceremonia religiosa como en todas las que se lleven a cabo pasado mañana en las iglesias anglicanas del país.
Como telón musical, los príncipes escogieron un extracto de la sinfonía coral Opus 37 del compositor ruso Rachmaninoff, que su madre solía hacerles escuchar cuando los conducía en su auto; el himno "I Vow To Thee My Country", entonado durante su boda en 1981 con el príncipe Carlos en la catedral de St. Paul, así como otras obras de clásicos favoritos de Diana, como Mozart, Fauré y el compositor inglés Elgar.
"Los príncipes quieren crear con esta música un clima muy íntimo y personal, capaz de evocar instantáneamente la figura de su madre a todos aquellos que la conocieron", explicó Irwin.
La hermana mayor de Diana, lady Sarah McCorquodale, leerá un pasaje de la Biblia. Su hermano, lord Charles Spencer, que en 1997 utilizó el púlpito para lanzar un ataque contra la familia real y la prensa, estará presente, pero no hará uso de la palabra. Tampoco hablará Camilla al-Fayed, la hija de 21 años de Mohammed al-Fayed, padre de Dodi, quien también falleció en el fatídico túnel parisiense junto con Diana y el conductor de su vehículo, Henri Paul. La joven irá en representación de su familia, en un gesto de momentánea tregua en la lucha que Al-Fayed mantiene con los Windsor por lo que él considera el "asesinato" de la princesa y su hijo (ver aparte).
El magnate egipcio tiene previsto marcar el aniversario una hora antes, a las 11, invitando personalmente a la clientela a ingresar por la puerta número tres de Harrod s, su lujosa tienda de Knightsbridge, para que se sume con dos minutos de silencio frente a dos estatuas de Dodi y Diana, de bronce, en tamaño natural, que él hizo instalar allí hace un par de años.
El "cese del fuego" entre las familias Windsor, Spencer y Al-Fayed no logró reducir la atmósfera de recriminaciones que ha teñido desde un principio a la conmemoración y que ha provocado una nueva polémica.
Michael Lake, director de Help the Aged (Ayude al Anciano), una de las organizaciones caritativas que auspiciaba Diana, dijo ayer que, lejos de ser un evento unificador para celebrar la vida de Diana, "no ha hecho otra cosa que arrastrar a sus hijos y a la familia real a la controversia".
"No tengo bien en claro por qué se está haciendo este evento, si la iniciativa vino de la familia Spencer o de sus hijos. Me preocupa la actitud que hay detrás. ¿Qué se hará después? ¿Un evento a los 15 años? ¿Otro en 20 años? -señaló-. Uno tiene que dudar cuando aparece gente que asegura haber sido amiga de la princesa pese a que apenas la conoció y sólo está interesada en su propia celebridad."
"La Diana que yo conocí no era alguien que se creía una persona grandiosa. Es una pena enorme que toda esta gente quiera ahora glorificarla. Ella era una persona adorable que hacía un gran trabajo caritativo. Era una fantástica madre. Todo esto es muy apreciable. ¿No es hora de dejarla descansar en paz?", preguntó Lake.
El lunes pasado, la duquesa de Cornualles, Camilla Parker Bowles, anunció que no estaría en el servicio religioso al cual había sido invitada por Guillermo y Enrique. Hasta entonces, los medios no habían hecho más que publicar críticas por la presencia de la mujer calificada por Diana de "tercera en discordia" en su matrimonio, e incluso han pronosticado disturbios en el centro de Londres por parte de grupos de admiradores de la fallecida princesa.
La íntima amiga
Lo que habría convencido a Camilla de emprender la retirada fue un artículo escrito en el tabloide The Daily Express por Rosa Monckton, la íntima amiga de Diana con quien pasó parte de sus últimas vacaciones de verano.
"Yo sé que estas ocasiones deben ser una oportunidad para perdonar, pero no puedo dejar de sentir que la presencia de Camilla es profundamente inadecuada", indicó Monckton, hija del vizconde Monckton de Brenchley y esposa del ex editor del periódico conservador The Sunday Telegraph , Dominic Lawson.
En cuestión de horas, la oficina del príncipe de Gales, Clarence House, dio a conocer un comunicado en el cual Camilla, "tras haber reflexionado" y "para no acaparar la atención", declinaba la invitación que sus hijastros le habían cursado en enero pasado y que, a instancias de su marido, originalmente había aceptado.
Su paso al costado, sin embargo, no logró borrar todo vestigio de escándalo. Monckton también criticó la decisión de invitar al obispo de Londres, Richard Chartres, a dar una oración. La amiga de Diana, cuya hija Domenica -que padece síndrome de Down- era ahijada de la princesa, acusó al obispo de actuar en forma "negligente" en su misión de albacea de la princesa.
Días después del funeral de Diana, el obispo, que apenas conocía a la princesa pero fue compañero de Carlos en la Universidad de Cambridge, recibió la tarea de distribuir algunos efectos personales entre sus ahijados. Monckton asegura que el prelado no respetó "ni el espíritu ni la letra" de los deseos expresados por Diana en un texto explicativo de su testamento. Algunos de sus ahijados, asegura, recibieron como legado juegos de té incompletos y baratijas que la princesa había recibido de tiendas de compra por catálogo.
Todos aquellos que revelaron secretos de la princesa en libros o programas de televisión, en tanto, han sido excluidos de la lista de invitados. Por ejemplo, Paul Burrell, el mayordomo de la princesa, que ahora se gana la vida enseñando cómo preparar bien una taza de té frente a las cámaras de la televisión norteamericana; el último encargado de prensa de la princesa, Patrick Jephson, y su guardaespaldas, Ken Wharfe.




