
Horror en España por un juguete bomba
Una mujer murió y su nieto de 16 meses resultó herido por un estallido en San Sebastián; la policía aún no sabe si fue ETA
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MADRID (De nuestra corresponsal).- Fue deliberado. Alguien escondió explosivo en un auto de juguete y lo convirtió en la mejor camuflada de las bombas. La abandonó en el baño de un bar y esperó a que algún inocente cayera en la trampa.
El esperpento funcionó a la perfección: estalló, y al hacerlo mató a una mujer y dejó ciego y agonizante a su nieto de 16 meses, que jugó -sin saberlo- con lo que era un autito mortal, listo para explotar en cuanto se lo encendiera. Su hermano, de cuatro años, también está herido, pero no corre riesgos.
Sucedió en San Sebastián, en el epicentro de la violencia callejera de quienes simpatizan con la ETA. Pero al cierre de esta edición las autoridades carecían de pistas suficientes como para decir con certeza quién pudo cometer semejante horror. No tenían siquiera antecedentes con los cuales contrastar lo ocurrido.
Todas las hipótesis de investigación están abiertas. Pero, según la Ertzaintza (policía regional vasca), "los elementos de análisis no apuntan en principio hacia los sectores que en los últimos tiempos promueven la violencia y el terrorismo" en el País Vasco.
O sea, a su juicio, no fueron ni la banda terrorista ETA ni sus "cachorros", los jóvenes de la violencia callejera que tienen copado el barrio donde ocurrió la tragedia. No hubo más palabra oficial que ésa, pero anoche, en algunas redacciones españolas, había dudas sobre tal sentencia.
Las consecuencias del estallido del juguete mortal -un autito electrónico de 10 centímetros de largo- no pudieron ser peores. Los técnicos de la policía insisten en que la carga de explosivo fue mínima. Pero suficiente para que un fragmento de metal cortara la yugular de la mujer, que murió desangrada en cuestión de minutos. Y suficiente también para que su nieto de 16 meses perdiera los dos ojos y masa encefálica. Anoche estaba muy grave, tras una intervención de 8 horas.
Todo ocurrió poco antes de las 11. Y con el correr de las horas, cambió la hipótesis original de un hecho trágico y fortuito -originado, quizás, en el mecanismo electrónico del juguete- a la certeza de que fue algo deliberado, mediante la colocación de explosivo, posiblemente pólvora.
No se detectó la presencia de mandos a distancia para provocar la explosión. La hipótesis más consistente apunta a que la trampa estaba armada de tal modo que estallara al encenderse el mecanismo electrónico del juguete o cuando chocara con algún otro objeto. Según dijeron fuentes policiales a LA NACION, fue algo "muy bien montado".
Parte de los esfuerzos de la investigación se orientaba anoche a identificar el explosivo utilizado y contrastarlo con el que tiene ETA. Pero no parecía haber suficiente material para un trabajo de ese tipo.
Todo ocurrió cerca de un bar ubicado en el casco viejo de San Sebastián, donde abundan las eusko-tabernas, locales que abiertamente destinan parte de su recaudación a financiar las actividades de la ETA y el apoyo jurídico a sus presos. Allí también se reúnen jóvenes de la llamada kale borroka (violencia callejera).
Un autito y una jirafa
No es el caso de Txioca, el bar donde ocurrió la tragedia y al que están vinculados los familiares de las tres víctimas. Según fuentes policiales, el sábado alguien dejó en el baño del local dos juguetes: un pequeño auto electrónico y una jirafa de peluche. Ayer, el local reabrió sus puertas y, como nadie los reclamó, su madre -que trabaja allí- decidió dárselos a sus dos hijos varones, de 4 años y 16 meses. Nada podía sospechar.
Enseguida, el grupo familiar dejó el local a bordo de su auto, un Opel blanco. En los asientos delanteros iban la madre y una tía de los pequeños. En el de atrás, la abuela, de 62 años, con sus nietos. Y los juguetes.
Según testigos, la explosión fue mínima. Tanto, que los cristales del auto donde ocurrió casi no sufrieron daños. Y que muchos vecinos de la cuadra se enteraron de que algo malo había ocurrido cuando escucharon sirenas de ambulancia.
"La ETA no actúa así. No deja una bomba sin destinatario preciso en el baño de un bar. Ni tampoco escondida dentro de un juguete", decían anoche quienes descreían de la posibilidad de una acción terrorista. Y apuntaban sus sospechas a otras hipótesis.




