Horror en Turquía por un feroz atentado en plena marcha pacifista

El doble ataque suicida frente a la estación de trenes de Ankara, durante una manifestación a favor de la minoría kurda, dejó al menos 95 muertos; es la peor ofensiva extremista de la historia del país
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11 de octubre de 2015  

Muertos, heridos y sobrevivientes en un mismo tumulto tras el atentado de ayer en la estación de trenes de Ankara
Muertos, heridos y sobrevivientes en un mismo tumulto tras el atentado de ayer en la estación de trenes de Ankara Fuente: Reuters - Crédito: Tumay Berkin

ANKARA.- Decenas de cadáveres sobre el asfalto, sangre por doquier, gritos y lágrimas. Las imágenes parecían de una guerra, pero eran de las afueras de la estación de trenes de la capital de Turquía, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que sufrió el peor atentado de su historia con 95 muertos y el triple de heridos que asistían a una marcha pacifista.

Fueron dos bombas de probables atacantes suicidas, que estallaron de manera casi simultánea minutos antes del comienzo de la marcha, a las 10, cuando los manifestantes comenzaban a agruparse bajo las banderas de los movimientos que la convocaron, sobre todo sindicatos y partidos cercanos a la minoría kurda.

"Existen pruebas claras de que este ataque fue perpetrado por dos kamikazes", afirmó a la prensa el primer ministro turco, Ahmed Davutoglu, que anunció tres días de luto nacional. Por su parte, el presidente, Recep Tayyip Erdogan, denunció el "atentado abyecto contra nuestra unidad y la paz de nuestro país", y prometió "la respuesta más fuerte" contra sus autores.

La dificultad inmediata era identificar a esos autores, ya que en principio nadie se atribuyó el atentado y los nombres de los presuntos responsables de la conspiración variaban según quién tomara la palabra, en medio de una situación política donde todos eran sospechosos y las acusaciones giraban en círculos sin encontrar un centro.

Los organizadores de la marcha, sindicatos y partidos favorables a la causa independentista kurda, acusaron en coro al gobierno. Y el gobierno acusó a la guerrilla separatista del PKK de pretender desestabilizar al país. Un tercer nombre en carpeta era el de Estado Islámico (EI), la milicia integrista que campea en Siria e Irak, y que habría tomado venganza por la colaboración de Ankara con la coalición aérea que lidera Estados Unidos.

El desconcierto volaba de los despachos oficiales a las cámaras de televisión y al lugar de los hechos, donde nadie atinaba a coordinar una explicación al baño de sangre, que puso fin de la peor manera a una mañana que había comenzado como un ejemplo de civilidad, y que prometía ser un llamado a la tolerancia y la paz.

"Escuchamos una explosión fuerte y otra pequeña. Hubo un gran movimiento de pánico, luego vimos cadáveres en la explanada de la estación", declaró un jubilado de 52 años de nombre Ahmet Onen, que salió rápidamente del lugar mientras su mujer rompía en llanto, ganada por la conmoción y el espanto de lo que había arrancado como un encuentro pacífico y festivo, con la gente a puro baile y canto mientras se tomaba de las manos.

Los videos de celulares tomados en el momento mostraban a personas jóvenes bailando bajo un radiante cielo azul cuando, detrás de ellos, irrumpió una primera columna de fuego que desparramó a los pacifistas por el suelo, en un repentino pandemónium de miembros desgarrados y gritos desesperados. Gritaban los heridos por las esquirlas, pero también los parientes que vieron caer a los suyos y los manifestantes que salieron ilesos y corrieron a auxiliar a los otros.

En la calle quedaba un mar de banderas abandonadas y desgarradas con los colores de las agrupaciones convocantes, como un desolado campo de batalla, donde eran contados los manifestantes que salieron indemnes.

"Estamos ante una masacre terrible, se ha cometido un ataque bárbaro", denunció el copresidente del Partido Popular Democrático prokurdo (HDP), una de las organizaciones que participaron en la marcha, convocada "contra la guerra y la violenta y hostil política" del partido del gobierno, el AKP del presidente Erdogan, contra la minoría kurda.

Leña al fuego

El HDP acusa a Erdogan y los suyos de haber atizado el conflicto con los rebeldes armados del PKK, que les costó la vida a cientos de personas desde julio pasado, cuando fracasó un alto al fuego entre las partes. Según los críticos, el presidente dirige el país hacia el caos para poder asegurar su poder, que corre peligro, a solo tres semanas de unas elecciones legislativas que podrían reflejar en los escaños del Parlamento el constante crecimiento del HDP.

Todos recordaban ayer que la violencia urbana contra formaciones kurdas tuvo este año otro estallido, antesala de la descomunal brutalidad sucedida en la explanada de la estación de Ankara, cuando el 20 de julio un atentado suicida dejó 32 militantes kurdos muertos en la ciudad turca de Suruç, muy cerca de la frontera siria.

Aunque el gobierno atribuyó ese atentado a Estado Islámico, lo que siguió fue el recrudecimiento de los choques entre el ejército y los rebeldes del PKK. Era otra prueba de la violencia triangular que tiene atenazada a la población turca, castigada ayer con el caos de la guerra como nunca en su historia, precisamente en el día que se disponía a hacer un llamado a la paz.

Agencias ANSA, AFP, DPA y EFE

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