Hoteles de lujo en Tailandia, convertidos en trampas mortales
El Sofitel de Phuket quedó devastado; habrían muerto más de 200 de sus clientes
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KHAO LAK, Tailandia.- Arboles arrancados, piscinas cubiertas de barro, montañas de escombros, cables eléctricos sueltos y paredes de cemento es prácticamente todo lo que queda del Sofitel Magic Lagoon de Khao Lak, el lujoso hotel situado al norte de Phuket, Tailandia, que fue arrasado por las gigantescas olas del domingo.
"El paisaje aquí es totalmente apocalíptico", relató ayer un periodista de la radio francesa Europe 1. "El hotel está totalmente destruido. Por supuesto, quedan algunos muros y todo esto puede dar todavía, de lejos, la impresión de un lugar de hospedaje, pero en el interior, todo está totalmente devastado", dijo, y agregó: "Los soldados continúan sacando cuerpos de las habitaciones, ya que la mayoría del personal y de los turistas que se encontraban aquí quedaron atrapados por esta ola que los sumergió totalmente".
Los responsables del grupo Accor, propietario del hotel, temen que hayan muerto más de 200 de los 415 turistas que se alojaban en el establecimiento, al tiempo que dicen desconocer el número de víctimas entre los miembros del personal.
Un vocero del grupo dijo que han sido localizados 151 sobrevivientes y que aún esperan encontrar unos 50 turistas, "pero no más", añadió. Sobre las nacionalidades de los desaparecidos, por el momento se sabe que entre los 415 clientes alojados había un centenar de franceses y el mismo número de alemanes, así como rusos, japoneses, taiwaneses y australianos.
Según constató el periodista francés, el primer piso del complejo se desplomó sobre la planta baja de cada unidad de departamentos, en tanto los edificios cercanos a la playa quedaron completamente destruidos.
"Mi cabeza tocaba el techo y el agua me llegaba al mentón. No tengo más que angustia", relató Juergen Kosian, un alemán de Hamburgo, que se encontraba junto a su familia en el Sofitel de Khao Lak. "Todo el mundo lloraba y gritaba en francés, sueco, alemán", recordó.
La hija de Juergen sobrevivió milagrosamente, al quedar atascada entre el techo de su habitación y el colchón de su cama, que se despegó brutalmente tras el ingreso de la ola gigante en las habitaciones del hotel.
"Tengo el aspecto de un monstruo", acotó Heide, la esposa de Kosian, cuyo rostro y brazos están cubiertos de hematomas violetas. "Pero tuvimos suerte", suspiró.
Otro de los hoteles que quedaron devastados luego del maremoto fue el Seapearl Beach, también ubicado en la isla de Phuket.
Dos días después de que el violento tsunami azotara las costas del océano Indico, cientos de turistas continuaban desaparecidos, y el número de víctimas extranjeras no cesaba de aumentar. Sólo en Tailandia murieron más de 700 extranjeros, entre ellos 7 chilenos y dos brasileños.
Entre los países occidentales, los que lamentaban el mayor número de muertos ayer eran Gran Bretaña (16), Italia (13) y Noruega (13), pero la gran inquietud venía sobre todo de Alemania y Suecia. El ministro alemán de Relaciones Exteriores, Joschka Fischer, temía en este sentido un número de muertos "sumamente grave" de entre los 4000 turistas alemanes que se encontraban en la región. Y en Suecia, la cancillería anunció que no había noticias de unos 1600 suecos, y expresó abiertamente el temor de que un gran número de ellos haya muerto.
La mayoría de los turistas que sobrevivieron en Tailandia, donde pasaban unas vacaciones tropicales de Navidad, fueron repatriados a la capital, Bangkok. Todos tienen una historia para contar y el mismo deseo: regresar a sus países e intentar olvidar. La francesa Christiane Laurent, proveniente de Bordeaux y que veraneaba en las playas de Khao Lak, se encontraba en un ómnibus cuando llegaron las olas. "Estábamos al frente de una columna de otros ómnibus. En un momento sentí a la gente gritar: me di vuelta y vi una gran ola a cientos de metros de nosotros. En la cresta de la ola había un automóvil. El chofer dio marcha atrás y nos llevó a la cima de una colina. Todos los otros ómnibus fueron arrollados", relató.
En tanto, la suiza Anne-Marie Bugnon lloraba al recordar todos "esos cochecitos de bebes, los bebes arrastrados, las fracturas abiertas, los ancianos en estado de conmoción, una joven con el cráneo abierto".
"De noche, nos alojaron en un gran templo en las alturas", contó. "Había momentos de pánico. Un ruido de motor y todo el mundo comenzaba a correr hacia las montañas. Se anunciaban nuevas olas en cuatro horas, en siete horas. Todos estaban muy nerviosos", dijo, tomó aire y comenzó a llorar nuevamente.
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