Inquieta, Jerusalén se pregunta si la tercera Intifada está ya en ciernes

La ciudad vive un ciclo de creciente tensión entre israelíes y palestinos, que incluye enfrentamientos y atentados; ausencia de la diplomacia
Beatriz Lecumberri
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23 de noviembre de 2014  

JERUSALÉN.- ¿Tercera Intifada, ola de violencia, guerra religiosa o actos aislados, resultado de la frustración individual?: la pregunta recorre las calles de Jerusalén, escenario desde hace varias semanas de ataques y enfrentamientos que se saldaron con la muerte de 10 israelíes y de una docena de palestinos, y encendieron todas las señales de alarma.

Diez años de una calma contenida parecen haberse evaporado en esta disputada ciudad, donde el miedo vuelve a instalarse en sus habitantes, y el contacto entre el este palestino y el oeste israelí se redujo al mínimo.

Numerosos analistas consideran que la tercera Intifada ya comenzó. Para Kobi Michael, del Instituto para Estudios de Seguridad Nacional, estas afirmaciones son precipitadas. "No hay una estructura organizada detrás de los últimos atentados, no hay un apoyo colectivo a estos actos ni suficiente energía o motivación entre los palestinos para una nueva Intifada. Por ahora, los hechos se limitan a Jerusalén y a incidentes esporádicos en Cisjordania, y nada indica que el fenómeno se vaya a extender", considera.

Además, ni el movimiento islámico Hamas, que controla Gaza, ni la Autoridad Nacional Palestina (ANP) parecen interesados en que la revuelta se extienda y ponga en la cuerda floja su porción de poder.

En este momento, Gaza y Cisjordania son dos entidades separadas y el gobierno de unión nacional palestino firmado en mayo no logra funcionar. Hamas, diezmado tras la guerra en Gaza que devastó la Franja, celebró los recientes atentados, pero no ha reivindicado ninguno. Según el ejército israelí, el movimiento islámico estaría volviendo a entrenarse en el lanzamiento de cohetes, pero sus capacidades militares disminuyeron y se restringen sobre todo a la Franja.

Por su parte, la ANP, del presidente Mahmoud Abbas, que condenó estos ataques, sigue llamando a la calma en Cisjordania, y defendiendo la diplomacia y la resistencia pacífica.

Desde el fin de la segunda Intifada (2000-2005), israelíes y palestinos viven congelando y descongelando conversaciones de paz sin lograr llegar a ningún acuerdo definitivo. Los problemas del lado palestino son los mismos y en algunos casos se agudizaron: las colonias se multiplican, las restricciones para los palestinos de Cisjordania y Jerusalén Oriental aumentan y las condiciones de vida en Gaza son deplorables.

Sin duda, la primera (1987-1993) y segunda intifadas y el momento actual tienen en común la asustadora falta de perspectivas y la frustración del palestino.

"Imaginen que son palestinos, residentes de Jerusalén Oriental: cuarenta y siete años de dificultades a sus espaldas, y una enorme y deprimente oscuridad ante ustedes. La tiranía israelí que rige su destino declara de manera arrogante que todo permanecerá así para siempre. Su ciudad seguirá ocupada por siempre. El ministro de Defensa israelí asegura que el Estado palestino jamás existirá. [...] No hay sueños, no hay deseos. [...] Israel es fuerte, tiene a Estados Unidos en el bolsillo, tus líderes son débiles y están aislados, y el mundo pierde el interés en tu futuro. ¿Qué haces? Resistir", señaló el escritor y periodista israelí Gideon Levy en una columna del diario Haaretz.

La "resistencia" se tradujo por ahora en atropellos, ataques con cuchillos o hachas, y enfrentamientos con la policía tras los cuales no aparece ninguna estructura organizada como era el caso de los atentados suicidas de la segunda Intifada. En este caso se trata más bien de acciones de "lobos solitarios" que aterran a los habitantes israelíes de la ciudad.

"Sólo el agresor sabe qué va a pasar, son ataques imposibles de frenar", explica Yaacov Amidror, ex asesor del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para la seguridad nacional.

"Son actos individuales. Israel consiguió provocar a todos y cada uno de los palestinos", lamentaba en estos días un responsable de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

"Por otra parte, se ve una influencia de Estado Islámico, que no está presente en los territorios palestinos, pero que contagia a jóvenes palestinos que ven sus atrocidades por Internet. Elegir una sinagoga para perpetrar un atentado muestra que se trata de un ataque religioso e ideológico que quiere hacer un daño profundo a los judíos", estima Amos Harel, experto militar del diario Haaretz.

Los analistas concuerdan en que las autoridades israelíes y palestinas tienen el poder de calmar la violencia. Los palestinos pueden evitar el contagio a Cisjordania, y a los israelíes les toca suavizar su discurso hacia Abbas y considerarlo un verdadero interlocutor, además de mejorar las condiciones de vida diarias de los palestinos del este de Jerusalén.

Finalmente, y aunque cualquier acuerdo de paz parezca hoy una utopía, reiniciar un proceso de diálogo con mediación internacional parece imprescindible para impedir una revuelta de magnitud. La ausencia de la diplomacia hizo que la guerra en Gaza fuera devastadora e imposible de detener durante semanas y puede lograr ahora que la violencia en Jerusalén, venga de donde venga, se extienda peligrosamente.

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