Irán se mantuvo firme en sus reclamos durante la guerra, ¿será flexible en la negociación?
Mientras el presidente Trump ha ido variando sus objetivos, desde la eliminación del arsenal misilístico hasta la caída del régimen islámico, Teherán insiste en sus condiciones
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NUEVA YORK.– Desde que Estados Unidos e Israel desataron su guerra contra Irán, Teherán mantiene un conjunto de demandas constantes, como la exigencia de una paz permanente, el levantamiento de las sanciones económicas y el derecho a continuar con el enriquecimiento de uranio.
En cambio, el presidente norteamericano Donald Trump fue cambiando sus objetivos bélicos, a veces incluso en el mismo día, y fluctuó entre negarle el acceso a Irán a las armas nucleares, asestar una destrucción devastadora, imponer un cambio de régimen o lograr una victoria total.
Los analistas dicen que la firmeza de las exigencias de Irán ayudaron al régimen a sobrevivir a una guerra motivada, al menos en parte, por la esperanza de que ese gobierno se derrumbara. La cuestión es qué posibilidad hay de que siga en pie el alto el fuego de dos semanas que se anunció el martes pasado si Irán mantiene esa misma línea durante las negociaciones que comenzaron este sábado en Pakistán. Las exigencias maximalistas presentadas públicamente en su plan de diez puntos para las negociaciones parecen poco realistas e impracticables, y Trump ya las desestimó.
Estados Unidos busca que Irán ofrezca importantes concesiones, como renunciar a su uranio altamente enriquecido y comprometerse a no fabricar armas nucleares, además de limitar otras capacidades militares. También exige que Irán reabra el tránsito sin restricciones en el estrecho de Ormuz y que deje de brindar apoyo a sus fuerzas subsidiarias regionales, como Hezbollah. En posteos en Truth, su red social, Trump describió los reclamos publicados por Irán como una “joda” y sugirió que, a puertas cerradas, los iraníes hicieron propuestas más razonables.
Según una declaración publicada el martes en internet por el Consejo Superior de Seguridad Nacional, el poderoso órgano que diseña la política exterior y de defensa de Irán, el objetivo de las negociaciones es establecer “nuevas ecuaciones de seguridad y políticas” en Medio Oriente que reconozcan “el poderío y el liderazgo” de su país.

El régimen quiere algo más que simplemente sobrevivir, señala Sanam Vakil, directora del programa Medio Oriente y África del Norte en Chatham House, un laboratorio de ideas dedicado a las relaciones internacionales con sede en Londres. Irán reclamó varias veces que el acuerdo impida cualquier ataque similar en el futuro y que acelere su recuperación tras la guerra, dice Vakil. Pero la incógnita es si podrá mantener esas demandas en las negociaciones en Pakistán.
“La constancia fue importante para mantener unido al régimen en un momento de crisis. Pero si la presión de las negociaciones obliga a Irán a hacer concesiones, la unidad y la constancia podrían venirse abajo”, dice Vakil.
Trump cantó victoria, y cree que Estados Unidos tiene la sartén por el mango. La guerra golpeó fuerte a Irán, causó miles de dólares de daños, deterioró seriamente sus capacidades militares y dejó 2000 muertos civiles, según datos de Agencia de Noticias Activistas de Derechos Humanos.
Pero Irán ahora cuenta con un poder nuevo, el de haber alterado la economía global con el cierre del estrecho de Ormuz y con los daños que causó en infraestructura energética crucial para sus vecinos del golfo Pérsico y en bases militares estadounidenses de la región. Irán quiere evitar que se repita lo ocurrido en junio pasado, cuando Estados Unidos e Israel lo atacaron durante 12 días y terminaron sin un acuerdo formal sus hostilidades, solo para reanudarlas el 28 de febrero de este año.
Al comienzo, Trump fijó una vara alta para la guerra al exigir la “rendición incondicional” de Irán, que luego definió como la pérdida de su capacidad de combate.
Trump con frecuencia vaciló entre demandas. Sólo el lunes pasado, por ejemplo, la víspera de la tregua, el presidente comenzó el día calificando las posibilidades de un alto el fuego como “un paso significativo”, mientras que a la tarde pidió que Irán se rindiera y a la noche declaró que “todo el país puede desaparecer en una noche”.
En las décadas posteriores a la revolución, Irán otorgó concesiones significativas en asuntos de política exterior en solo dos oportunidades, advierte Karim Sadjadpour, experto en Irán del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, Washington. Irán aceptó un alto el fuego en la guerra Irán-Irak en 1988, luego de perder a 250.000 soldados. Y en 2015, bajo el gobierno de Obama en Estados Unidos, firmó un acuerdo nuclear que incluía inspecciones externas y la exportación de la mayor parte de su uranio altamente enriquecido.
Irán en ninguna de esas oportunidades abandonó lo que Sadjadpour denomina los dos principios fundamentales que funcionaron como faro del régimen desde que accedió al poder en 1979: socavar la influencia estadounidense y despreciar a Israel.
Esa ideología revolucionaria nutre la hostilidad de Washington, como dejó en claro Trump al anunciar la guerra el 28 de febrero.
“Durante 47 años, el régimen iraní gritó ‘Muerte a Estados Unidos’ y llevó a cabo una campaña interminable de baño de sangre y asesinatos masivos, con ataques contra Estados Unidos, nuestras tropas y el pueblo inocente de muchos países”, dijo, y el tema se volvió recurrente en sus discursos durante la guerra.
El ayatollah Ali Khamenei, el líder iraní durante casi 40 años hasta que fue asesinado el primer día de la guerra y fue sucedido por su hijo, siempre se negó a abandonar esa ideología.
“Creen que su ideología es su identidad, y su identidad es fundamental para su supervivencia”, dice Sadjadpour. “Si empiezan a diluir o abandonar sus principios, es como darle un mazazo a los cimientos de un edificio, termina desmoronándose.”
Para las negociaciones que comenzaron el sábado, los 10 puntos publicados por Irán incluyen una serie de exigencias de amplio alcance que el gobierno de Trump sugirió son insensatas.
Además de las garantías de que Irán nunca vuelva a ser atacado, los 10 puntos incluyen mantener su programa de desarrollo nuclear, el retiro de las fuerzas norteamericanas de la región y el cese de los ataques contra sus fuerzas delegadas, en particular la guerra de Israel contra Hezbollah en Líbano.
Otro elemento, quizá más importante, es que Irán quiere imponer peajes en lo que hasta ahora era el paso libre de buques a través del estrecho de Ormuz, por donde transita alrededor del 20% del abastecimiento mundial de petróleo. En el frente económico, solicita reparaciones de guerra y el levantamiento de décadas de sanciones.
El miércoles, en sintonía con las declaraciones de Trump, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo que Irán había modificado su propuesta inicial y que presentó un plan más condensado y razonable que llevó a Estados Unidos a aceptar el alto el fuego.
Pero la declaración del martes del Consejo Superior de Seguridad Nacional iraní sugería que la “resistencia” –un eufemismo de Irán para referirse a su hostilidad hacia Estados Unidos e Israel– continuaría.
“Irán quiere importantes concesiones de Estados Unidos, pero al mismo tiempo quiere mantenerlo como su principal adversario”, dice Sadjadpour. “Son dos posiciones irreconciliables”. Las exigencias públicas formuladas por Estados Unidos e Irán “no están en el mismo universo”, agrega.
El hecho de que gran parte del régimen haya sido decapitado tras la muerte de sus líderes más importantes seguramente agrave las dificultades de unas negociaciones que de por sí son delicadas, dicen los analistas. Y agregan que si bien los remplazos tienen credenciales políticas y militares de larga data, es probable que todavía tengan que construir el poder o la legitimidad necesarios para empezar a meter mano en los aspectos fundamentales de la revolución, si así lo quisieran.
Cuestiones como el estrecho de Ormuz o los ataques de Israel en Líbano también podrían echar por tierra el alto el fuego. Es la primera vez que Hezbollah ataca a Israel específicamente para defender a Irán, indica Ali Vaez, director del proyecto Irán en el International Crisis Group, de modo que no defender a la organización marcaría un mal precedente para otras fuerzas subsidiarias en Yemen y en otras partes. “Si los iraníes traicionan a Hezbollah, ¿cómo pueden contar con los hutíes?”, dice Vaez.
Al mismo tiempo, Trump dijo que estaba dispuesto a retomar el combate, pero el calendario le juega en contra, según los analistas. Al mandatario norteamericano le espera una seguidilla vertiginosa que incluye una cumbre postergada con el presidente chino Xi Jinping, la Copa Mundial de Fútbol de 2026 –de la que Estados Unidos será anfitrión– y las elecciones de mitad de mandato. Si la guerra sigue en curso, podría opacar todos esos eventos.
Habida cuenta de los enormes costos de la guerra, y a pesar de sus fanfarronadas, Irán podría estar dispuesto a transigir, lo cual podría representar una amenaza colosal, dicen los analistas.
En primer lugar, los bombardeos destruyeron infraestructura económica crucial y profundizaron las inmensas dificultades económicas que ya enfrentaba el gobierno. El descontento popular con el régimen, imperceptible mientras el país estaba en guerra, podría resurgir con un alto el fuego. En el otro extremo del espectro, los partidarios de línea dura atacan al gobierno por aceptar una tregua antes de haber obtenido exigencias clave, en especial garantías contra ataques futuros.
Aún así, desde la revolución de 1979, los líderes de la República Islámica han puesto históricamente la supervivencia del régimen por encima de los intereses del país en su conjunto. Eso sugiere que podrían ser reacios a retirar las demandas que mantuvieron a lo largo de la guerra, dicen los analistas.
“Se sienten victoriosos porque lograron sobrevivir”, dice Sadjadpour. “Van a seguir priorizando la ideología revolucionaria por sobre los intereses nacionales.”
Traducción de Ignacio Mackinze
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