Israel le da valor político al éxito en un festival europeo

La cantante Netta Barzilai ganó el concurso Eurovisión y desató la euforia nacionalista, incluida la del propio Benjamin Netanyahu
Isabel Kershner
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14 de mayo de 2018  

JERUSALÉN.- Israel enfrenta un vendaval de problemas políticos y militares, pero este fin de semana los israelíes dieron rienda suelta a su euforia nacionalista, cuando el sábado por la noche el país ganó el Festival de la Canción Eurovisión 2018, con un desafiante himno sobre el empoderamiento femenino.

Poco importaron los preparativos para la polémica apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, prevista para hoy, o el escándalo por los archivos nucleares robados a Irán, o los ataques de Israel contra blancos militares iraníes en Siria. Muchos israelíes se quedaron despiertos hasta las 2 de la mañana del domingo para mirar la apasionante final de ese concurso internacional de la canción pop, que este año se realizó en Lisboa, Portugal.

La victoria de Netta Barzilai con su canción de temática # MeToo llamada "Toy" pareció aplacar, al menos por el momento, el arraigado temor de los israelíes al boicot y el aislamiento culturales. Cuando llegaron los votos desde todo el mundo y Barzilai derrotó a sus rivales de Austria, Chipre y Suecia, muchos israelíes lo enarbolaron como una victoria diplomática o una reivindicación nacional.

El primer ministro Benjamin Netanyahu fue uno de los primeros en subirse al festejo, y en su página de Facebook se hizo eco de las palabras de Barzilai: "¡El año que viene en Jerusalén!".

Como establece el protocolo de Eurovisión, la sede del concurso el año próximo será la ciudad santa que Israel intenta denodadamente instalar como capital del país a nivel internacional.

Las palabras "El año que viene en Jerusalén", que los judíos tradicionalmente entonan tras el ayuno de Yom Kippur y después de la comida de Pascua, tienen un significado casi religioso, con connotaciones de redención.

Netta Barzilai. Cantante
Netta Barzilai. Cantante

El primer ministro llamó a Barzilai mientras ella sonreía radiante en el escenario, y le dijo que era "la mejor embajadora de Israel".

Claro que la euforia israelí puede terminar de la noche a la mañana. El país se prepara para las masivas protestas de los palestinos, que hoy marcharán en masa contra el traslado de la embajada norteamericana y que podrían terminar en un baño de sangre en la frontera con Gaza y otras regiones del país.

Pero al menos, por el momento, los israelíes fueron felices gracias a Barzilai, una estrella pop con canciones de letras potentes que celebran la diversidad.

"Pienso que este concurso es especial porque la gente viene por la música y la diversión", dijo Elad Lahmany, un gran fanático de Eurovisión que viajó a Lisboa desde su hogar en Tel Aviv para estar presente en la competencia.

"Espero que nadie esté pensando en política", dijo Elad y agregó: "Me alegra que hayan podido mostrar el lado más bello de Israel".

Barzilai tiene 25 años y encabezó las preferencias en los sitios de apuestas sobre Eurovisión durante varias semanas, hasta ser desplazada por el competidor de Chipre. Su victoria fue todavía más sorprendente porque la cantante fue catapultada a la victoria por el voto popular, después de que los jueces de otros países la ubicaran en tercer puesto.

Israel, que no es un país europeo, compitió por primera vez en Eurovisión en 1973. Australia, que transmite en vivo el concurso sin participar de este desde la década de 1980, ha empezado a enviar concursantes desde 2015. Ahora que se ha convertido en un fenómeno global accesible desde las redes sociales, el concurso tiene fan en todas partes del mundo.

Israel ya había ganado Eurovisión tres veces -en 1978, 1979 y 1998-, y fue sede del concurso en dos oportunidades, en el Centro Internacional de Convenciones de la entrada oeste de Jerusalén.

Si el año que viene Eurovisión se realiza en Jerusalén, tal como está planeado, el concurso servirá para sacar lustre a las ambiciones de los israelíes, en momentos en que muchos de los 28 miembros de la Unión Europea cuestionan la decisión de Estados Unidos de trasladar su embajada.

Traducción de Jaime Arrambide

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