Iván Márquez: "Queremos decirles a los colombianos que las FARC cometimos errores"

El número dos de la guerrilla y jefe de la delegación de paz en La Habana hizo un balancede los tres años de negociación con el gobierno, y espera que el acuerdo final llegue en marzo
Javier Lafuente
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22 de noviembre de 2015  

Fuente: AFP - Crédito: Yamil Lage

LA HABANA.- Luciano Marín Arango, de 60 años, es desde hace más de 30 Iván Márquez, su alias en las FARC. Miembro del secretariado desde 1991, está considerado el número dos de la guerrilla, por detrás de Timochenko, y lidera la delegación de paz que desde hace tres años busca una salida negociada con el gobierno de Colombia a un conflicto que se prolonga durante más de 50 años. Con decenas de órdenes de captura a su espalda, el discurso de Márquez durante la hora de conversación gira en torno a la reconciliación y a la búsqueda de la paz. De hablar pausado y con tono de voz bajo, se disculpa antes y después de la charla por las décimas de fiebre que, dice, lo incomodan.

-¿Qué se ha logrado en estos tres años?

-Lo más importante es haber alcanzado tres acuerdos. Uno en torno a la reforma rural integral, otro en torno a la participación política, que podemos llamar ampliación de la democracia, y el tema de la solución al problema de los cultivos de uso ilícito. Ningún proceso había avanzado tanto en tan poco tiempo.

-¿En qué momento se encuentran las negociaciones?

En la aproximación al acuerdo final. Lamentablemente, después del 23 de septiembre, cuando se hizo el anuncio en torno a la jurisdicción especial, surgieron algunos reparos por parte del gobierno. Esto nos hizo perder tiempo. El presidente Santos y el comandante Timoleón Jiménez [Timochenko] anunciaron que iban a trabajar para llegar a ese acuerdo final en seis meses. Por supuesto, aunque hay aún temas complicados, es posible llegar al acuerdo final en marzo. Pero seguramente nos podemos extender un poquito más; los temas por discutir son complejos.

-¿Qué es lo más complicado que queda?

Lo más difícil es justicia. Si sale, el proceso va a adquirir una dinámica arrolladora. Quedan algunos temas complejos, como puede ser el abandono de las armas. Estamos analizando fórmulas de cómo logramos colocar las armas lejos. Habrá una veeduría y la posibilidad de que terceros países ayuden, que puedan recibir armamento y garantizar que estén lejos de nuestro uso. Por otro lado, el orden interno tiene que estar en manos de la policía. El ejército tiene que retroceder al rol institucional de defensa de las fronteras.

-¿Qué posibilidades hay de una disidencia en la guerrilla si se logra el acuerdo final?

Si algo ha distinguido a las FARC durante su historia es la cohesión. Los guerrilleros están informados, están siempre atentos a lo que convengamos. No hay nada que insinúe que exista un movimiento de inconformidad interno.

-Las encuestas dicen que la opinión pública los rechaza. ¿Cómo pretenden acercarse a ellos?

No es que seamos escépticos ante las encuestadoras pero percibimos un afecto enorme de muchos sectores; no solo de campesinos, también a nivel urbano hay un fuerte respaldo.

-¿Les asusta el rechazo del resto?

No, tenemos que abordarlos. Hay que hablar con los adversarios de la paz, no los llamemos enemigos. Se necesita estar un poco loco para pensar que Colombia tiene que vivir eternamente en guerra. La paz es un bien que va a irradiar beneficios para todos: campesinos, empresarios, militares, guerrilleros?

-El mayor opositor al proceso es el ex presidente Uribe, que agrupa a gran parte de los colombianos. ¿La paz sin Uribe es menos paz?

-Uribe va a tener que abrazar el anhelo colectivo de los colombianos de reconciliación y paz. No creo que se vaya a quedar al margen.

-¿Entiende que haya gente que pida prisión por los delitos de los que se los acusa?

-No hemos venido a La Habana a negociar impunidades o a intercambiarlas. La función de perseguir no es necesariamente cárcel; también está en la reparación. El acuerdo de justicia garantiza la no impunidad, se ajusta a los cánones internacionales

-Pero ¿entiende la crítica?

-Aquí no sólo han intervenido militares o guerrilleros; también la cúpula política, los empresarios que han financiado la guerra? el asunto es complejo. Por eso lo mejor es un entendimiento en torno a esto. Si queremos paz en Colombia hay que dejar atrás el odio y la venganza, que son sentimientos un poco mezquinos, y abrir el corazón a la reconciliación.

-Después de tantos años, ¿cuál cree que ha sido la gran victoria de la guerrilla?

-Nuestra gran victoria tiene que ser la paz.

-¿Y cuál ha sido su mayor error?

-La rebelión es un derecho. En el ejercicio de este derecho universal de levantarse contra regímenes tiránicos está que hayamos podido causar víctimas inocentes por errores en la confrontación. Eso es lo que nos pone a pensar un poco. No me atrevería a señalar alguno en particular. En la guerra se cometen errores y queremos decirle al pueblo colombiano: "Cometimos errores, sí".

-A usted han intentado matarlo, pero está acusado de muchas muertes. ¿De qué se arrepiente?

-Yo lo que he hecho fundamentalmente es conducir operaciones militares. Uno no sabe lo que ocurre en el combate. Ojalá hubiésemos podido encontrar mucho antes un mecanismo para evitar que esto ocurriera.

-¿Pero se arrepiente de algo?

-De la rebelión no. He tratado de ser justo e inculcar lo mejor a las tropas guerrilleras que me han acompañado.

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