
Jessica Mcclure
El milagro del pozo
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1987
El 14 de octubre de 1987, el mundo fijó su atención en un pozo de agua abandonado de 20 centímetros de diámetro en un jardín de Midland, Texas. Allí, a casi siete metros de profundidad, se encontraba atrapada Jessica McClure, de 18 meses. La mañana de ese día, la pequeña jugaba tranquilamente cuando su madre, Cissy Porter, debió ingresar en la casa para atender un llamado telefónico. Al regresar, a su hijita se la había tragado la tierra.
Lo que siguió fue una dramática serie de desesperados intentos para rescatarla de una muerte segura. Desde la superficie se le proveyó oxígeno y se bajó un pequeño micrófono para que pudiera escuchar a su madre. Mientras tanto, los rescatistas perforaron un foso paralelo al pozo y un túnel horizontal de 150 centímetros de largo a través de roca sólida.
Gran parte del mundo, que siguió el drama en vivo por televisión, contuvo el aliento cuando "baby Jessica" fue rescatada 58 horas más tarde.
El calvario tuvo su precio: los médicos debieron amputarle el 60% del pie derecho por el peligro de una gangrena. Se le realizaron luego 13 cirugías para reconstruir el pie y se le hicieron nueve transfusiones sanguíneas. Pero, poco a poco, se recuperó.
2004
Jessica no recuerda casi nada de aquel octubre de 1987. Tiene ahora 17 años, y vive con su padre (que se separó de Cissy) en East Texas, y en su habitación conviven un póster del actor Josh Hartnett con un peluche gigante de Winnie the Pooh.
Regresó sólo una vez al lugar del accidente, ahora tapado con una placa que lleva su nombre. Pero guarda un agradecimiento mayúsculo hacia todos los voluntarios que ayudaron en el rescate, a los que, en su gran mayoría, nunca conoció. Entre ellos, el paramédico Robert O´Donnell, que la liberó de su trampa mortal y que se suicidó en 1995 de un tiro en la cabeza, tras una profunda depresión, producto de la pérdida de una fama tan súbita como fugaz, que lo hundió a él en un pozo de angustia y en la adicción a los tranquilizantes.
"Nunca tuve oportunidad de agradecerle, pero sí le agradecí a su familia", dice Jessica, quien confesó recientemente que tiene sueños recurrentes en los que escucha la voz de su madre, a la que no puede encontrar, y le pregunta dónde se encuentra. "Me despierto aterrada", afirma.
Jessica no tiene que preocuparse por su futuro económico: las donaciones que la población entregó para la recuperación de la niña tras el accidente, alrededor de 700.000 dólares, fueron destinadas a una cuenta con la que se pagan todos sus gastos y a la que sus padres no tienen acceso; ella sólo podrá disponer de esos fondos cuando cumpla 25 años.
En cuanto a su salud, ha tenido problemas recurrentes: tuvo mononucleosis y padece de artritis juvenil. Ello no impide que cada tanto se la vea patinar por su vecindario. "Todo lo que he pasado me ha hecho más fuerte y confiada en mí misma. Realmente soy muy feliz", afirma.






