John-John, el Kennedy que nació célebre
Seductor y hombre del jet-set, intentó evitar las comparaciones con su padre
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WASHINGTON (De nuestra corresponsal).- Fue noticia desde el día en que nació, dos semanas y media después de la elección de su padre como presidente de los Estados Unidos, en 1960.
Cuando tenía apenas tres años, vestido con un tapadito y pantalones cortos, despidió los restos del presidente con un saludo militar. La foto que registró su gesto fue la imagen de la tragedia nacional que significo el asesinato de John F. Kennedy, en 1963.
El bautismo de la prensa pudo más que el de sus padres: por un equívoco, un periodista entendió que el único hijo de la historia nacido de un presidente electo se llamaría "John-John", apodo del que nunca se pudo desprender.
John F. Kennedy (h.) -como lo llamaron sus padres- creció a la vuelta de la Quinta Avenida, en Nueva York, donde su madre, Jacqueline, intentó preservar su infancia y la de su hermana Caroline de los insaciables tabloides.
Aunque Junior tenía una buena relación con sus primos, Jacqueline lo mantuvo alejado del "clan" familiar. Con el empeño que puso en el cuidado de sus hijos, la viuda de Kennedy recuperó la popularidad que había perdido por su casamiento con el magnate naviero Aristóteles Onassis.
Hace cuatro años, en una de sus pocas apariciones por televisión, John-John le dijo a Larry King que sentía que la suya había sido una infancia como cualquier otra. Nació célebre y con el tiempo adquirió los atributos de la mística Kennedy: joven, buen mozo, inteligente y de apariencia invulnerable. Pero renegaba de su condición de príncipe heredero.
"Es difícil para mí hablar del legado o de la mística Kennedy", dijo en 1993, cuando todavía era soltero, y de los más codiciados, tanto que la revista People lo había catalogado como "el hombre más sexy del mundo".
No a la política
La política fue uno de los mandatos familiares a los que no había sucumbido hasta los 38 años, aunque nunca dejaban de preguntarle si alguna vez se dejaría tentar.
Cuando Hillary Clinton empezó a coquetear con ser senadora por Nueva York, la encuestadora Gallup midió la intención de voto de varias celebridades. John-John quedó mejor posicionado que la primera dama.
Maureen Dowd, columnista de The New York Times y reciente ganadora de un Premio Pulitzer, escribió hace un par de años que, si lo intentaba, John F. Kennedy (h.) podía tener "un futuro glorioso en política", por el apellido célebre y un estilo de vida en "perfecta sintonía con los tiempos que corren".
John-John frecuentaba el jet-set, los banquetes a beneficio y las cenas de gala en la Casa Blanca. Su romance con la actriz Daryl Hanna y los que le atribuyeron con la brasileña Xuxa y la cantante Madonna llenaron páginas y páginas de las revistas, pero logró escapar a otra de las marcas registradas por los Kennedy: los escándalos con drogas, alcohol y sexo.
Graduado en la Universidad de Brown, John F. Kennedy (h.) no fue un gran estudiante. Fracasó dos veces en el examen para obtener la matrícula de abogado, hasta que se incorporó por unos años a la oficina del fiscal del distrito de Manhattan. Ganó los seis casos en los que intervino como fiscal, pero la abogacía no era su pasión.
Los que vieron las pocas obras de las que participó dicen que tenía talento como actor, pero cuenta la leyenda que su madre, Jacqueline, impuso el veto sobre la carrera artística.
George, su sueño
En 1995, al año siguiente de la muerte de su madre, que falleció el 19 de mayo de 1994, John (h.), que no tenía ninguna experiencia previa como editor, fundó una revista, George, subtitulada: "No tan sólo política usual".
En las tapas de George aparecen modelos y estrellas de cine, pero la palabra frívola no la describe bien, ya que también publica notas interesantes sobre algunos personajes de la política. John F. Kennedy (h.) firmó algunos artículos, entre ellos, una entrevista con Fidel Castro y otra con el ex gobernador de Alabama George Wallace.
Un artículo de la revista Brill´s Content, una publicación muy influyente sobre los medios, reveló en marzo último la opinión de la así llamada "elite de los medios" sobre el trabajo de John F. Kennedy (h.) como editor.
"Creo que no tengo ningún artículo de George en mis archivos, y eso es lo que hago con las revistas cuando encuentro alguna pieza muy bien producida o con un ángulo novedoso", opinó David Broder, un veterano columnista del Washington Post.
La misma nota de Brill´s Content señalaba que George, aunque criticada en Washington como una publicación "olvidable", había logrado una circulación nada despreciable: 419.000 ejemplares por mes, poco más de la mitad que Vanity Fair.
Cumplir con las expectativas que los demás se habían creado sobre el heredero de John F. Kennedy, el presidente más admirado por Bill Clinton, no era una tarea fácil para John (h.), al que no le resultaba sencillo escapar de las comparaciones.
En 1996, cuando John-John abandonó su rótulo de "soltero más codiciado...", no faltaron comparaciones entre Jacqueline y Carolyn Bessette (Kennedy, después de la boda).
Según la leyenda, luego de un romance con un príncipe árabe y Alessandro Benetton, heredero del imperio textil, Carolyn conoció a John F. Kennedy (h.) corriendo en el Central Park.
A cada paso, John F. Kennedy (h.) se topaba con una comparación. Pero él, que renegaba en algunos aspectos de la mística Kennedy, no pudo escapar a la marca trágica de su familia.


