Juan Pablo II celebró hoy sus 25 años en el pontificado
El Papa, defensor de los derechos humanos y de la libertad religiosa, ofició una misa en la plaza de San Pedro, ante 50 mil personas
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El papa Juan Pablo II celebró con una misa solemne y ante más de 7000 prelados y religiosos de todo el mundo sus bodas de plata como pontífice.
El Sumo Pontífice dijo en la homilía que Dios lo alienta a "asumir las responsabilidades que El mismo me confió", aunque se mostró "consciente de mi humana fragilidad".
"A ti, Señor Jesucristo, único Pastor de la Iglesia, ofrezco los frutos de estos 25 años de ministerio al servicio del pueblo que me confiaste", rezó el Papa mientras oscurecía sobre la plaza San Pedro.
El Pontífice, que presentaba buen aspecto físico, dentro de sus limitaciones, y tenía la voz fuerte, aunque en algunos momentos se lo notó cansado y con problemas para respirar, firmó allí la exhortación apostólica con las conclusiones del Sínodo de Obispos de octubre de 2001 titulada "Pastores gregis", sobre el papel del obispo "como esperanza del mundo".
Como ya es habitual y para no fatigarse, Juan Pablo II leyó el primer y último párrafo del discurso, los de los saludos y agradecimientos, mientras que el resto fue leído por el sustituto del secretario de Estado, el arzobispo argentino Leonardo Sandri.
Más tarde, recibido por un prolongado y cálido aplauso, Juan Pablo II ingresó a la plaza San Pedro.
Una procesión de 149 cardenales había ascendido previamente al atrio de la basílica y se había ubicado en el altar, rodeado de flores.
El solemne canto de Laudes Regiae, que se refiere a la victoria de Cristo, dio inicio al rito en un atardecer romano luminoso, con la plaza (que contiene 50 mil personas) completamente llena de fieles, muchos de ellos portando banderas de sus países, del Vaticano y de Polonia.
El primero en hablar fue el decano del Colegio Cardenalicio, Josef Ratzinger, quien saludó al Papa diciendo que había cuidado a sus hijos como una madre y que "en su vida la palabra cruz no es solamente una palabra".
El cardenal recordó en su saludo el empeño del Papa por los débiles y los pobres, su anuncio del Evangelio.
El Papa de los récords
El de Juan Pablo II es el pontificado de los récords.
La duración del papado de Karol Wojtyla, ocupa el cuarto lugar en la historia bimilenaria de la Iglesia.
Sólo tres papas estuvieron más que él en el cargo, empezando por el propio San Pedro, el elegido entre los apóstoles de Jesucristo que, según la tradición, permaneció en el trono como sucesor del Hijo de Dios durante 34-37 años.
En una historia más cercana y cierta, el segundo pontificado más largo fue el de Pío IX (31 años, 7 meses y 21 días, desde 1846 hasta 1878). Su sucesor, León XIII, se ubica en tercer lugar, con 25 años y cinco meses, desde 1878 hasta 1903.
"En nombre de los que no tienen voz"
En la escena mundial, el Papa es al mismo tiempo un defensor de los oprimidos y a menudo de la ortodoxia dentro de su propia Iglesia Católica Romana, que tiene más de mil millones de fieles.
"Hablo en nombre de los que no tienen voz", dijo en un viaje a Africa en 1980. Para Juan Pablo II, entre los que no tienen voz están los nonatos y los disidentes que se pudren en las cárceles.
Se sintió a gusto exponiendo sus teorías -tanto a dictadores de izquierda como de derecha, así como a las democracias del mundo- de que un capitalismo y globalización sin freno no son una panacea a los problemas del mundo en la era post Guerra Fría.
Gran defensor de los derechos humanos y de la libertad religiosa, sus llamados a la creación de un "nuevo orden económico mundial" y a garantizar los derechos de los trabajadores hicieron que algunos lo llamen el "Papa socialista".
Infatigable defensor de la paz y del desarme nuclear, ha advertido a menudo que la humanidad puede encaminarse a su destrucción, y en 2003 encabezó la campaña del Vaticano contra la guerra de Irak.
Entre la unidad y la fragmentación
Fue el primer papa que predicó en una iglesia protestante y en una sinagoga, el primero que pisó una mezquita y ha sido un incansable defensor de la unidad de los cristianos.
Pero, paradójicamente, en sus 25 años de pontificado fue también fuente de fuertes divisiones en su propia iglesia.
Juan Pablo II no se vio desalentado por las protestas contra sus posturas. Preocupado porque muchos católicos se apartaron de las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, mantuvo una batalla constante contra el aborto, los métodos artificiales anticonceptivos, el sexo prematrimonial, el divorcio, la homosexualidad y la ruptura de los valores de la familia.
Desde Haití a Estados Unidos, desde Brasil a Australia, revivió los valores católicos conservadores y recomendó la obediencia a la jerarquía católica ante el peligro de disidencias.
Teólogos liberales lo acusaron de esgrimir demasiado poder, pero el Papa dijo en una ocasión a los periodistas: "La doctrina de la Iglesia no pude basarse en la opinión pública".
Nombró a más del 95 por ciento de los cardenales que entrarán en el Cónclave que nombrará a su sucesor, y se cree que el elegido no se apartará demasiado de sus enseñanzas.


