Kosovo cambió la relación entre Europa y EE.UU.
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BERLIN (The New York Times).-La guerra de Kosovo provocó cambios extremos en el continente europeo: catapultó a Alemania a un plano militar predominante que no se veía desde 1945, incitó a forjar una política de defensa común y alteró la relación de Europa con los Estados Unidos.
Por supuesto, ante una estabilidad rusa aún muy incierta y frente a los abruptos movimientos de las tropas rusas en Kosovo, lo cual sugiere que los altos mandos de Moscú acaso sean ingobernables, los europeos siguen recelando de cualquier tipo de "desacoplamiento" respecto de Washington.
Sin embargo, el deseo de preservar los lazos transatlánticos está ahora acompañado por el impulso de renovar su equilibrio.
Gerhard Schroeder, apodado ahora con frecuencia el "Kriegskanzler" (canciller de guerra), se encontró al frente de una coalición integrada principalmente por ex pacifistas para intervenir en una guerra que terminó con el despliegue previsto de 8000 efectivos militares en Kosovo, el segundo mayor contingente después del británico.
Alemania se ha convertido en un país normal en términos militares, y ése es un cambio decisivo para Europa", afirmó Jonathan Eyal, un analista de defensa británico.
"El cambio es oportuno, porque la guerra demostró cuánto necesita hacer Europa para equipararse con los Estados Unidos en materia de defensa", añadió Eyal.
Hasta que comenzó la guerra de Kosovo, la Unión Europea seguía obsesionada con la creación de una moneda común. Mayormente quedaban postergados los esfuerzos tendientes a desarrollar medidas políticas compartidas en relación con la defensa y la seguridad europeas.
Pero eso parece haber cambiado debido al bombardeo de la OTAN contra Kosovo, en el que los Estados Unidos tuvieron una participación predominante. Fue evidente la necesidad de Europa de disponer de nuevas tecnologías militares, como las bombas guiadas por rayo láser, y también su dependencia de los Estados Unidos en materia de reconocimiento estratégico.
Consecuentemente, volvió a abrirse un debate que había sido confinado a unos pocos expertos militares y analistas de asuntos exteriores que trataban la creciente dependencia de Europa respecto de los Estados Unidos y su imposibilidad de ir a la par de las nuevas tecnologías.
Las decisiones que tomarán los europeos todavía no son claras, pero saben que tienen que tomar algunas.
"Kosovo ha trazado una línea divisoria en muchos aspectos", comentó Karl Kaiser, un especialista alemán en asuntos internacionales. "Para Alemania -añadió- representó una maduración. Para Europa significó de manera abrumadora darse cuenta de la asimetría del poder militar entre ella y los Estados Unidos, y de la necesidad de hacer algo al respecto."
Los europeos ya han demostrado que tienen intenciones de estar a la vanguardia de los despliegues militares en Kosovo. Las tropas de los cuatro principales países del continente -Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia- totalizarán 33.000 efectivos, superando casi por cinco a uno al destacamento de 7000 hombres previsto por los Estados Unidos.
El gran despliegue militar europeo refleja tanto las permanentes vacilaciones del Pentágono acerca del envío de tropas terrestres como el nuevo deseo de Europa de probar lo que vale tras su fracaso en Bosnia y del dominio norteamericano en la campaña aérea contra Kosovo.
"Se está reforzando nuestra visión de un mundo multipolar", afirmó el presidente francés, Jacques Chirac, respecto del despliegue militar en Kosovo. Europa puede apuntar a desempeñar una función real respecto de poner fin al conflicto de la provincia serbia: su enviado, el presidente Martti Ahtisaari, de Finlandia, trajo consigo el acuerdo de paz desde Belgrado. Paralelamente, Europa por fin fusionó su profuso organismo de defensa, la Unión Europea Occidental, con la Unión Europea propiamente dicha y designó al secretario general de la OTAN, Javier Solana, como su primer alto representante en materia de política exterior y defensa.
Sin embargo, el analista británico Jonathan Eyal advirtió:"Esos cambios, por el momento, son en gran medida simbólicos".
Entre esas decisiones arduas por delante figura el aumento de los gastos para la defensa. Los Estados Unidos gastan en la defensa aproximadamente el 3,2 por ciento de su producción total de bienes y servicios, en comparación con un promedio del 2,1 por ciento en Europa.
Semejante gasto seguramente habrá de encontrarse con una firme resistencia interna en muchos Estados europeos, donde importantes organismos de centroizquierda sospechan que la nueva imagen que pretende dar la OTAN como agente del humanismo es meramente una forma de reforzar las industrias de la defensa y de propagar el capitalismo norteamericano.
Las restricciones de los déficit presupuestarios europeos impuestas cuando fue creado el euro también obstaculizarán el aumento del gasto para la defensa.
Huérfanos europeos
No obstante, acaso por primera vez desde fines de la Segunda Guerra Mundial, los europeos parecen tener plena conciencia de que no podrán seguir siendo permanentemente los huérfanos de la seguridad de 1945 ni depender casi totalmente de los Estados Unidos. También se han dado cuenta de que el conflicto en el continente no terminó con el fin de la Guerra Fría, sino que apenas se desplazó hacia los Balcanes.
"No hay ninguna estrategia que prevea un salida militar de la región", sostuvo Carl Bildt, el mediador de la ONU para Kosovo. "Una presencia militar internacional para garantizar la paz en los Balcanes deberá ser considerada durante las próximas décadas como algo tan natural como fue mantener tropas en la Alemania dividida durante los años de la Guerra Fría", añadió.






