
La agonía de los tres últimos pontífices
Cómo se desencadenaron las muertes de Juan XXIII, Paulo VI y Juan Pablo I
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Una penosa agonía, un ataque cardíaco a raíz de una enfermedad y una muerte sorpresiva y rodeada de especulaciones y misterios fueron los escenarios en que fallecieron los tres últimos pontífices.
Los últimos días de Juan XXIII recuerdan a los que está transitando Juan Pablo II: el "Papa bueno", como se lo llamaba, soportó con entereza admirable una agonía de varios días, a raíz de un tumor estomacal que le producía hemorragias, que finalmente se complicó con una peritonitis. Tras un período en coma, murió el 3 de junio de 1963.
"Mi hora llegará de noche; durante el día tengo que atender cuestiones de la Iglesia", había vaticinado Juan XXIII, que tenía 81 años y condujo la Iglesia durante cuatro años y siete meses. Su desaparición se produjo en medio de uno de los grandes acontecimientos de su papado, el revolucionario Concilio Vaticano II, que había entrado en receso el 8 de diciembre de 1962 y debía reanudarse en septiembre del año de su muerte.
Su sucesor, Paulo VI, murió a raíz de un ataque cardíaco, en medio del recrudecimiento de una artrosis crónica que afectaba sus rodillas y una infección urinaria. Por indicación de sus médicos, el Pontífice se encontraba descansando en la residencia veraniega de Castelgandolfo, a 30 kilómetros de Roma, atendido por los médicos del Vaticano.
Paulo VI murió a los 80 años, el 6 de agosto de 1978 por la tarde, tras 15 años de papado. Ese mismo día había tenido tiempo de hacer llegar un mensaje a los turistas que se acercaban al lugar, para que no olvidaran "a los que tienen hambre, a los que están enfermos y a los que no tienen trabajo".
Rápidamente se decidió embalsamar su cuerpo, para evitar los efectos del calor agobiante, y fue velado en esa localidad.
La de Juan Pablo I, en cambio, fue una muerte sorpresiva y rodeada de misterios y conjeturas. El 29 de septiembre de 1978, a las cinco de la mañana, una monja dejó una taza de café frente a la habitación del Pontífice y la encontró llena y en el mismo sitio cuando volvió para retirarla.
Tras sólo 33 días de papado, el veneciano Albino Luciani, de casi 66 años, había muerto durante la noche, en su habitación. La versión oficial atribuyó el fallecimiento a un infarto masivo de miocardio, desencadenado por los problemas circulatorios que padecía.
Sin embargo, se tejieron las más diversas versiones sobre la muerte del "Papa de la sonrisa", abonadas porque el Vaticano nunca ordenó la realización de una autopsia.
Las versiones -que circularon en los medios de comunicación, en libros y hasta en el cine- hablaron de una conspiración de altos prelados para asesinarlo, encabezada por el entonces secretario de Estado del Vaticano, cardenal Jean Villot, e incluso responsabilizaron a la masonería y a la mafia siciliana.


