
La apertura, en vivo y en directo
Será televisada por primera vez
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ROMA.- En la Capilla Sixtina hay olor a pintura, a moquette recién puesta. Sobre un atril de metal, en el centro, hay un Evangelio abierto: allí, mañana, cada uno de los 115 cardenales electores pondrá la mano, pronunciará su nombre y dirá: "Prometo, me obligo, juro".
Comenzará así el primer cónclave del tercer milenio, cuya apertura, por primera vez en la historia, podrá verse en vivo y en directo por televisión, según anunció ayer el vocero de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls. Será cuando -a las 16.30 locales, las 11.30 de la Argentina- comenzará la procesión de los 115 purpurados desde el Aula de las Bendiciones hasta la Capilla Sixtina.
Junto a un pequeño grupo de periodistas de todo el mundo, LA NACION tuvo el privilegio de estar ayer en la Capilla Sixtina a pocas horas del inicio del cónclave. Ver este lugar, normalmente atestado de turistas, puesto a punto para una elección fascinante, secreta y misteriosa -cuyo resultado sigue siendo más que incierto-, fue una experiencia única.
Luego de transitar por la majestuosa Sala Regia, llegamos a la Capilla Sixtina desde atrás, es decir, desde donde normalmente los turistas salen tras quedar impactados por los frescos de Miguel Angel. Entrando al recinto de mármol que servía como división entre el clero y los fieles cuando en la capilla se celebraban las ceremonias pontificias, enseguida llama la atención, a la izquierda, la famosa estufa donde se quemarán las papeletas que darán lugar a las fumatas: negra si no hay papa; blanca si hay papa.
El primer descubrimiento es que en verdad la estufa es doble: hay una más antigua, con las fechas de los cónclaves de 1939 a 1978 grabadas en su parte superior, donde se quemarán las papeletas y las notas de los cardenales.
A la izquierda hay otra, una novedad de este cónclave, equipada con un pequeño control electrónico, para que el humo del color adecuado gracias a la introducción de productos químicos suba, pasando por dos tubos de cobre. Al lado se ven las herramientas que jamás faltan al lado de una buena chimenea: la palita, el pincho, las pinzas.
A la derecha, hay un órgano suizo, que acompañará a los celebrantes durante la ceremonia que precederá el cierre de las puertas. Avanzando, y mirando hacia el altar, donde el "Juicio Final" casi encandila, se ve la mesa donde se apoyarán las urnas. A la derecha y a la izquierda, seis larguísimas mesas vestidas en beige y bordó. Allí tomarán su lugar los cardenales electores, sobre sillas de madera noble. La moquette también es beige.
Al fondo, a la izquierda del altar -donde hay un crucifijo y seis candelabros-, se nota un trono blanco. Allí se sentará el nuevo papa tras ser elegido, luego de vestirse con los flamantes hábitos pontificios en la Sala del Pianto (sala del llanto), una mínima habitación llena de historia. Para garantizar el secreto del cónclave, este lugar ha sido puesto bajo una virtual campana electromagnética. Los periodistas pudimos hacer un pequeño test: los celulares, que en la adyacente Sala Regia tenían cobertura, ya no funcionaban.





