“La Argentina ya es parte de nosotros”: Bangladesh vive la espera de la final entre banderas albicelestes, cábalas y cumbia

“La Argentina ya es parte de nosotros”: Bangladesh vive la espera de la final entre banderas albicelestes, cábalas y cumbia

En Dacca, la pasión por la selección se transmite de generación en generación y ya forma parte de la identidad de millones de bangladesíes, que viven la previa del partido contra España como si fuera propio

Florida Rozario y Shariful Hoque Ananda

DACCA.– En vísperas de la final de la Copa del Mundo, la capital de Bangladesh se ha sumergido en la identidad de la albiceleste, engalanando sus edificios y calles con un mar de azul y blanco. A miles de kilómetros de Buenos Aires, banderas argentinas cuelgan de las azoteas de la Universidad de Dacca, de los balcones y de los puestos callejeros en Mohammadpur y Motijhil.

Pero ni siquiera la camiseta más grande colgada de una azotea explica la auténtica locura por Lionel Messi y la Argentina: es algo que se transmite de generación en generación y trasciende la lógica y el idioma. Antes de la gran final contra España, en cafeterías, campus universitarios y puestos de té, todos hablan de una sola cosa: la Argentina.

Los hinchas se agarran la cabeza durante un momento difícil... junto a la Argentina en las buenas y en las malas
Los hinchas se agarran la cabeza durante un momento difícil... junto a la Argentina en las buenas y en las malasPrabir Das

Un vendedor de camisetas que ofrece réplicas importadas en la capital les advierte a los compradores que se arriman a su puesto que pueden pedir lo que quieran, menos camisetas argentinas. “¡Ya se agotaron dos veces!”, subraya. La demanda de camisetas de la albiceleste puede llegar a desbordar a los vendedores; las prendas se venden más rápido de lo que pueden reponer el inventario.

Bangladesh y la Argentina no comparten fronteras, ni idioma, ni apenas historia. Sin embargo, en cada Copa del Mundo, el fútbol parece borrar esa distancia. En ningún lugar es más visible esa conexión que en la Universidad de Dacca, donde pinturas y grafitis de Lionel Messi, Diego Maradona y Ángel Di María convirtieron los muros del campus en galerías al aire libre. Estudiantes y visitantes se reúnen allí durante todo el día para tomar fotos y admirar las obras. Pero la verdadera historia de la Argentina en Bangladesh no está pintada en los muros: vive en la gente.

Un vendedor de camisetas de fútbol con casacas argentinas en Dacca
Un vendedor de camisetas de fútbol con casacas argentinas en DaccaMUNIR UZ ZAMAN - AFP

Durante casi cuarenta años, Abdul Rahim Mia, cariñosamente conocido como Swapan Mama (“tío Swapan”), ha sido un rostro habitual en el Centro de Profesores y Estudiantes de la universidad. Durante el Mundial de 1986, alquiló un televisor para poder ver a Maradona junto a los estudiantes. Cuatro décadas después, aquellos recuerdos permanecen tan vivos como siempre. Para el día de la final, planea cerrar su puesto, ver el partido y celebrar si la Argentina gana. Su deseo es sencillo: ver a Lionel Messi levantar otro trofeo.

Para muchos bangladesíes, el fútbol conlleva sus propios rituales y cábalas. Catherine, estudiante de la Universidad de Moda y Tecnología de Bangladesh, rechaza todas las invitaciones que recibe para ver los partidos de la Argentina en grupo. Ella prefiere ver los partidos a solas en su habitación, o a veces, directamente no verlos.

Cada vez que a la Argentina le metían un gol Cabo Verde o Egipto, apagaba el televisor y se iba a otra habitación, confiando en que el equipo empataría o remontaría el partido. Se enviaba repetidamente mensajes de texto a sí misma con la misma frase: “La Argentina va a hacer un gol, la Argentina va a hacer un gol”. Catherine solo reaccionaba cuando oía gritos en el exterior y consultaba el marcador para comprobar si efectivamente era tanto argentino.

También se venden banderas argentinas en las calles de Dacca
También se venden banderas argentinas en las calles de DaccaMUNIR UZ ZAMAN - AFP

La cábala se manifiesta de muchas maneras: usar la misma camiseta en cada partido o comer y tomar lo mismo a la misma hora antes del pitazo inicial. A veces es difícil saber si estas personas tienen raíces argentinas o no.

Para Sadman Adir y Nusrat Fatema, la aventura comenzó en 2010 cuando sus padres les hablaron sobre un joven Lionel Messi. En aquel entonces sabían poco de fútbol, ​​pero se enamoraron de la Argentina gracias a él. Hoy, Messi sigue siendo su héroe.

Sadman, hincha del Barcelona de toda la vida, cuyos amigos más cercanos son en su mayoría del Real Madrid, comenta entre risas que esta final le plantea un “dulce dilema”: si verla en casa con la familia o fuera con los amigos. Sin embargo, una cosa es segura: quiere que España pierda y que Messi gane. Si Argentina vuelve a ser campeona, planea enmarcar una foto de la final como recuerdo de otra noche histórica.

Gol y desahogo entre los hinchas en Bangladesh tras otra remontada de la selección argentina
Gol y desahogo entre los hinchas en Bangladesh tras otra remontada de la selección argentinaPrabir Das

Fatema aún recuerda la tensión de la final del Mundial de 2022, cuando se emocionó tanto que tiró y rompió el control remoto del televisor. Esta vez, espera una velada más feliz, viendo el partido con familiares y amigos, compartiendo comida y celebrando juntos. Incluso ha prometido invitar a sus amigos que apoyan a equipos rivales si Messi levanta otro trofeo.

El estudiante universitario Alif ve la final de otra manera. “Ya vi a Messi convertirse en campeón del mundo una vez”, dice. “No necesito nada más. Si Argentina pierde, me entristeceré, pero si gana, simplemente le daré gracias a Dios por permitirnos presenciar otro momento hermoso".

El 12 de julio, bajo una lluvia torrencial a primera hora de la mañana, la multitud, que rugía de emoción, guardó silencio cuando Dan Ndoye anotó en el minuto 67 y la Argentina luchaba por superar a una Suiza con diez hombres. De repente, el mismo viejo temor se apoderó de ellos: que este pudiera ser el último partido de Messi en un Mundial con la camiseta argentina. Las fuertes gotas de lluvia parecían ocultar el miedo en sus rostros.

Una mujer camina con la bandera argentina en un mercado abierto de Dacca con ambiente mundialista
Una mujer camina con la bandera argentina en un mercado abierto de Dacca con ambiente mundialistaMUNIR UZ ZAMAN - AFP

Julián Álvarez hizo el gol de la victoria en el minuto 112 de la prórroga, antes de que Lautaro Martínez sentenciara el partido en el minuto 121. Era difícil saber si la gente respiraba cuando todo el Mohsin Hall de la Universidad de Dacca estalló de alegría. Lloraban de emoción, abrazaban a desconocidos como si fueran hermanos de sangre de toda la vida.

El sonido de La cumbia de los trapos, interpretada magistralmente por Yerba Brava, puede resultar desconocido aquí, pero la multitud bailaba al ritmo del himno del estadio junto a sus héroes argentinos, quienes los habían salvado de lo que parecía una condena eterna.

Nayan Kumar Das es hincha de la Argentina desde 2010. Sufrió la decepción de las finales perdidas en 2014, 2015 y 2016, y de niño solía dibujar la bandera argentina con lápices de colores. Ahora él y sus amigos de la universidad se preparan para ver la final juntos en una pantalla gigante. Para él, apoyar a la Argentina ha trascendido el resultado en sí. “Después de tantos años”, dice, “ya no se trata de ganar o perder. Es parte de quien soy”.

El cariño por la selección argentina se volvió una tradición que trasciende las edades en Bangladesh
El cariño por la selección argentina se volvió una tradición que trasciende las edades en BangladeshPrabir Das

Cada hincha tiene una historia diferente, pero todos llegan al mismo destino. Para algunos, la Argentina representa recuerdos de la infancia con su padre. Para otros, es una lealtad que comenzó con Maradona y ha perdurado durante cuatro décadas. Para toda una generación más joven, todo comenzó con un chico de Rosario.

Separados por casi 17.000 kilómetros, Bangladesh y la Argentina han descubierto una conexión que la geografía no puede explicar. En la víspera de la final del Mundial, Dacca se tiñe de azul y blanco, Messi sonríe desde las paredes de la universidad, las familias se preparan para reuniones nocturnas y los amigos debaten sobre todos los posibles resultados. Por una noche, la final pertenecerá no solo a la Argentina, sino también a Bangladesh, donde la Argentina se ha convertido en mucho más que un equipo de fútbol. Ya es parte de la vida de la gente.

Por Florida Rozario y Shariful Hoque Ananda