La ausencia de Fidel, señal de que no todos están de acuerdo

El ex líder cubano no apareció aún ni habló sobre la normalización de las relaciones
El ex líder cubano no apareció aún ni habló sobre la normalización de las relaciones
César González Calero
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21 de diciembre de 2014  

De niño, Fidel Castro Ruz soñaba con recibir una respuesta por carta del presidente de Estados Unidos. Una carta y 10 dólares. La historia de la misiva que Castro le envió a Franklin Roosevelt en 1940 es conocida. El joven Fidel, más adolescente que niño (mintió al decir que tenía 12 años cuando en realidad ya había cumplido 14), felicitaba al mandatario norteamericano por su reciente reelección y le pedía el billete verde por pura curiosidad: nunca había visto un dólar. A Fidel no le respondió Roosevelt, pero sí un funcionario de la Casa Blanca. La carta estuvo expuesta un tiempo en el colegio Dolores de Santiago de Cuba, para orgullo del futuro líder.

No imaginaba entonces el joven Castro que, con el tiempo, recibiría algo más que cartas de parte del vecino del Norte. Pero lo que bajo ningún concepto llegó a conjeturar durante sus últimos años en el poder fue que él, comandante supremo de la revolución cubana, no sería un actor decisivo en la firma de un restablecimiento de relaciones con Washington, su eterno enemigo.

A sus 88 años, Fidel ya no es el que era desde que cayó gravemente enfermo, en 2006. Y cada vez que desaparece de los medios durante varios meses, las especulaciones sobre su estado de salud se disparan. Su imagen más reciente es de agosto. Un mes antes había recibido a dos de los principales aliados de Cuba: el presidente chino, Xi Jinping, y el ruso, Vladimir Putin. En octubre escribió columnas en la prensa cubana. Y no sería extraño que volviera a tomar la pluma en los próximos días para refrendar el acuerdo anunciado el miércoles al unísono por su hermano Raúl, en su calidad de presidente, y Barack Obama.

La simbología ocupa un lugar destacado en cada una de las acciones políticas del régimen. Raúl mencionó dos veces en su alocución televisada a Fidel y recordó su empeño en traer de vuelta a Cuba a los espías canjeados esta semana, conocidos en la isla como los "Cinco Héroes". A esa lucha, la liberación de sus agentes, Fidel se dedicó en cuerpo y alma durante años. "¡Volverán!", rezaban cientos de carteles a lo largo y ancho de la isla. Los "Cinco Héroes" se convirtieron en un referente del imaginario de los cubanos durante más de una década. Pero quien apareció el viernes con los agentes en los diarios cubanos no fue Fidel, sino Raúl.

Sorprende aún más que una decisión del calado del acuerdo diplomático con Washington no haya venido acompañada ni siquiera de una declaración firmada por el hombre que lideró durante décadas la resistencia numantina de los cubanos ante el "imperio".

Las conversaciones secretas entre Cuba y Estados Unidos, con Canadá y el Vaticano como mediadores, se extendieron durante 18 meses. Unas negociaciones en las que Fidel Castro nunca participó como interlocutor, según filtraron a la prensa fuentes de la Casa Blanca.

Fidel y Raúl no siempre coincidieron en sus planteamientos sobre el rumbo de la revolución. El comandante siempre fue un idealista. Raúl es el líder pragmático. Ambos chocaron ya hace dos años por la reforma de la ley migratoria, a la que Fidel se oponía y que finalmente Raúl sacó adelante.

"La ausencia de Fidel Castro en todo el proceso de negociación es una buena muestra del malestar que la normalización de relaciones con Washington genera en los sectores más inmovilistas e intransigentes del gobierno cubano. Aunque Fidel respalde eventualmente la decisión, es evidente que su personalidad, trayectoria y su legado no se conjugan bien con un diálogo entre Estados Unidos y Cuba", explica el ensayista cubano Rafael Rojas.

Todavía es pronto para saber qué piensa Fidel del fin del diferendo diplomático con Washington. En septiembre de 1960, la última vez que pisó suelo estadounidense para asistir a la Asamblea de Naciones Unidas, Castro enfureció al presidente Eisenhower al alinearse con el soviético Nikita Kruschev. Pero, al mismo tiempo, el taimado comandante se ganaba el calor popular al alojarse en el hotel Theresa, en el corazón de Harlem, donde se dejó ver con el líder negro Malcolm X.

La Casa Blanca nunca le perdonaría a Castro haberse lanzado en brazos de la Unión Soviética en plena Guerra Fría. Desde comienzos de la década de los 60, el objetivo de sus agencias de inteligencia fue claro: matar a Fidel. La mitología castrista habla de más de 600 atentados frustrados contra el líder cubano. Tal vez no sean tantos, pero lo cierto es que hubo decenas de planes para acabar con su vida. Y todos fracasaron.

En la carta que el joven Fidel le envió a Roosevelt le hacía un curioso ofrecimiento: "Y si quiere hierro para hacer sus barcos, yo le puedo enseñar dónde están las minas de hierro más grandes de la Tierra. Están aquí en Mayarí, Oriente, Cuba". Si la oferta sigue en pie, sólo hace falta un paso más para hacerla realidad: el fin del embargo.

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