La chispa que faltaba para encender un inestable polvorín

A. Clasmann
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23 de octubre de 2012  

En el Líbano, el que envía al más allá a un político, un investigador o un periodista suele salir indemne. La lista de atentados con bomba sin esclarecer es larga. Pero también aun cuando los autores no comparecen ante la justicia, la explosión de un coche bomba en Beirut puede generar un terremoto político en el país.

Así fue en 2005, cuando el ex presidente Rafik Hariri murió al estallar un coche bomba, y así es hoy tras el atentado contra el general Wissam al-Hassan. Como los crímenes políticos no suelen esclarecerse, muchos libaneses se acostumbraron a tratar sus teorías personales sobre los culpables y los autores como un resultado oficial. Y en el caso del atentado contra Al-Hassan, todas las pistas llevan a Damasco.

Los indicios políticos a la libanesa demuestran: Al-Hassan era sunnita, como la mayoría de los revolucionarios sirios y una gran parte de la oposición libanesa. Había abierto una investigación contra un ex ministro, del que se sospechaba que, junto con la asesora presidencial siria Buthaina Shaaban, planeaba perpetrar atentados en el Líbano. Al parecer, el ex ministro de Información Michel Samaha, en prisión preventiva desde agosto, ordenó trasladar para ello material explosivo de Siria al Líbano.

Menos seguidores tiene la tesis de que Al-Hassan fue asesinado por el servicio secreto israelí, el Mossad, porque recientemente participó en el desmantelamiento de una red de espionaje israelí en el Líbano.

El Movimiento opositor 14 de Marzo recordó ayer, un día después del multitudinario entierro del general, cómo éste se había esforzado por conseguir las pruebas suficientes para que se presentara una acusación contra el ex ministro Samaha, la asesora Buthaina Shaaban y el jefe de los servicios secretos sirios Ali Mamluk.

El general tenía claro que una condena iba a agravar las tensiones políticas entre el bando antisirio, que lidera el ex primer ministro libanés que vive en el exilio Saad Hariri, y la coalición de gobierno prosiria, que lidera el movimiento chiita Hezbollah.

Días antes del asesinato, dijo al parecer: "Este caso es una espada de doble filo. No se puede silenciar en vista de las pruebas aplastantes, que he entregado a la justicia. Pero presentar una demanda tampoco se puede hacer, pues en vista de las circunstancias actuales tendría repercusiones políticas negativas".

Entre las pruebas que tenía Al-Hassan figura, según la prensa, una grabación de una conversación telefónica entre Shaaban y Samaha. La consejera del presidente Bashar al-Assad le decía: "La caja de chocolate está lista". Si por "chocolate" se refería al material para detonar bombas, es algo que la justicia tendrá que aclarar ahora.

Pero la persona que planeó el atentado contra el general debía saber que la mecha para encender el polvorín del Líbano es corta y con este atentado, probablemente, sabía que iba a provocar violencia entre los bandos políticamente enfrentados. Por eso se sospecha que justo ése era el objetivo del ataque.

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