La economía de Brasil prepara su despegue tras años de desilusión

Fuente: AP - Crédito: Eraldo Peres
Las proyecciones oficiales prevén una expansión durante el segundo año de Bolsonaro
Marcelo Silva de Sousa
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3 de febrero de 2020  

RÍO DE JANEIRO.- ¿Esta vez sí, Brasil? La pregunta resulta inevitable. Por tercer año consecutivo, el gobierno y las proyecciones oficiales son optimistas y señalan que será un año de despegue para la mayor economía de América Latina.

El pronóstico de crecimiento del Banco Central (BC) para 2020 prevé una expansión del producto bruto interno de 2,3%, que de concretarse comenzaría a archivar la peor recesión de la historia del país (entre 2014 y 2016) y los años siguientes de prácticamente estancamiento.

"Este año parece que será de 2,5% [la expansión]. Estamos comenzando a crecer y contribuiremos para el crecimiento de la región", dijo días atrás el ministro de Economía brasileño, Paulo Guedes, en Davos. El optimismo que intentó transmitir a los inversores lo llevó incluso a sobrepasar en dos décimas el crecimiento pronosticado.

En 2018 y en 2019, el BC había proyectado una expansión de 2,6% y 2,4%, respectivamente, pero las expectativas acabaron en frustración. La economía brasileña se movió apenas 1,3% en 2018 y en 2019 hubo un leve crecimiento de 1,2%.

Aunque los antecedentes de los últimos dos años inviten a desconfiar, agentes del mercado y analistas económicos consultados por LA NACION aseguran que la configuración de un nuevo escenario, a partir del avance de una agenda de reformas, ofrece bases sólidas para que este año Brasil cumpla las expectativas de crecimiento.

Sin embargo, alertan que el posible impacto del brote de coronavirus en China podría disminuir las previsiones de expansión.

"La confianza está mejor y la incertidumbre se está disipando. La reforma de las jubilaciones era el gran obstáculo y fue aprobada con una ley robusta", explica Marcel Balassiano, investigador del área de Economía aplicada de la Fundación Getulio Vargas.

En 2018, la incertidumbre electoral en el último año del gobierno de Michel Temer, sumada a un paro de camioneros motorizado por el alza en los precios de combustibles, frenó el país durante 10 días, lo que hizo daño a la economía.

Durante 2019, el primer año de gestión de Jair Bolsonaro, según Balassiano la incertidumbre no se disipó hasta la trabajosa aprobación de la reforma de las jubilaciones, considerada un test para la gobernabilidad del presidente de derecha. Además, otros dos hechos hicieron mella en Brasil: la crisis argentina y la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

La aprobación, luego de varios sobresaltos políticos, de la reforma de las jubilaciones en 2019, que se traducirá en un ahorro fiscal de 250.000 millones de dólares para la próxima década, dio vuelta la página, según el economista de la FGV. "Es mucho más factible que otros años que Brasil cumpla con la meta de crecimiento", señaló.

Brasil cerró el año pasado con signos positivos. Además del estímulo de una tasa de crecimiento positiva, el consumo se recupera, el desempleo retrocedió a 11,6% (el menor valor desde el primer trimestre de 2016), la inflación cerró bajo control en poco de más de 4% y la tasa de interés se encuentra en su mínimo histórico, en 4,5%.

De la mano de los indicadores positivos en la economía, la popularidad de Bolsonaro -en caída desde que asumió el cargo- no solo se detuvo, sino que tuvo un repunte. La porción de brasileños que consideran al gobierno como bueno trepó a un 34,5% desde el 29,4% de la pesquisa anterior de agosto, según una encuesta realizada por la consultora MDA publicada el 22 de enero.

"Hay razones para creer que este año será diferente. Brasil tiene una base para el crecimiento y está camino de seguir haciendo reformas estructurales como la de las jubilaciones", dijo José Augusto de Castro, presidente de la Asociación de Comercio Exterior de Brasil (AEB) a LA NACION.

Los motores de la mejora en la imagen, según mostró la encuesta, fueron la mejora en la economía y la caída de la tasa de criminalidad en el país.

De Castro matizó que 2020 puede no ser un año bueno para el comercio. La desaceleración de China, principal socio comprador de exportaciones brasileñas, probablemente acentuada por el brote de coronavirus, dejará impacto. Sin embargo, según el presidente de la AEB, eso no modifica la expectativa de crecimiento.

Más moderada en las expectativas, la economista Juliana Inhasz, profesora del Instituto de Enseñanza Superior en Derecho, Negocios e Ingeniería (Insper), dijo que Brasil crecerá, pero es difícil que alcance un crecimiento superior a 2% debido a las turbulencias en China.

"Hay una atmósfera de incertidumbre, con problemas económicos en China y varios problemas en América Latina. Muy probablemente el país va a crecer, pero tal vez con números parecidos a 2019", dijo Inhasz.

La economista alertó, por último, sobre el riesgo de que la política exterior brasileña, alineada con los Estados Unidos y con posicionamientos fuertemente ideológicos, se convierta en un problema para las relaciones comerciales.

"Hasta ahora no hay impacto, pero Brasil es un país que depende mucho del comercio externo y puede salir perjudicado en algún momento. No tiene munición para salir ileso de peleas con socios comerciales".

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