La fe de los alemanes en su excelencia, a prueba

Debaten sobre cómo pudo pasar esto en un país que se define como el imperio da la eficiencia
Alison Smale
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31 de marzo de 2015  

BERLÍN.– Ni siquiera en los pesadillescos instantes que siguieron a la colisión del avión contra los Alpes franceses, el martes pasado, Carster Sphor, el ex piloto que dirige actualmente Lufthansa, tuvo la menor duda: el copiloto Andreas Lubitz era "100% apto" para volar. Después de todo, Lubitz, de 27 años, había atravesado el respetadísimo programa de capacitación de Lufthansa, "uno de los mejores del mundo", en palabras de Sphor, y había cumplido con todos los demás requisitos de la aeronavegación comercial.

En las décadas que han pasado desde su resurgimiento de entre las ruinas del nazismo, este país que se reunificó en 1990 y que en los últimos años ha dominado Europa como su motor económico ha llegado a definirse a sí mismo como el país del orden, la precisión y el imperio de la ley. Esa identidad funciona al mismo tiempo como antídoto contra el pasado y como rúbrica de su éxito económico. Desde los autos Mercedes Benz –"el mejor", según reza su actual campaña publicitaria– hasta sus innumerables y pulcras ciudades, Alemania rezuma excelencia.

Pero de pronto, Lubitz, nacido y criado en una de esas pulcras ciudades, ha puesto patas para arriba ese mundo de orden, desafiando también otros presupuestos muy arraigados en la vida alemana. De alguna manera, esta vez el sistema falló.

Cualquier país quedaría consternado. Pero en este caso, los interrogantes que suscita interpelan directamente a Alemania. En esta sociedad que valora tanto los procesos, ¿el sistema no fue capaz de detectar ninguna señal de alerta? ¿La cabe alguna responsabilidad a la sociedad alemana? Y 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, ¿los alemanes deberían seguir insistiendo en que proteger la privacidad es más importante que abrir una discusión que podría ayudar a evitar las peores conductas humanas? Los consternados alemanes prefirieron lidiar a su manera con estos interrogantes.

Aquí en Alemania, la privacidad es un tesoro aún más preciado que en la mayoría de las sociedades de Europa, donde la gente no siente ese impulso considerado típicamente norteamericano de correr hacia el primer micrófono para compartir el dolor.

La determinación alemana para custodiar la privacidad es una herencia del dominio nazi y comunista, cuando el Estado espiaba a los ciudadanos. Esa convicción alemana emergió a plena potencia en 2013, cuando Edward Snowden reveló los alcances de la inteligencia norteamericana. Snowden, considerado un traidor por algunos norteamericanos, se convirtió en un héroe en Alemania.

El derecho a la privacidad se extiende a los intercambios con los medios de prensa y sigue vigente, como quedó en evidencia en la última semana. Cuando le pidieron que explicara ese intervalo de varios meses en el periodo de entrenamiento de Lubitz, Sphor se amparó en la confidencialidad de los registros médicos… aunque el copiloto ya había muerto. Ni el director de Lufthansa tiene acceso a esos registros, dijo Spohr.

Como señaló esta semana The Frankfurter Allgemeine Zeitung, en un extenso informe sobre el estado mental de Lubitz, el joven, descripto por los vecinos como "bastante normal", en realidad era todo menos eso. "Los exámenes psicológicos de ingreso, que según Lufthansa sólo aprueba 1 de cada 4 postulantes, parecían demasiado incorruptibles como para que pasara esto", señaló el diario.

La semana pasada, la atención masiva de la opinión pública se posó primero en la localidad de Haltern am See, que en la tragedia perdió a 16 adolescentes y dos profesores que regresaban de un programa de intercambio. Como suele ocurrir en Alemania, los adolescentes se ampararon en su derecho a no hablar con los medios, o sólo dieron sus nombres de pila. Una página de Facebook creada para homenajear a los estudiantes aconsejaba no dar detalles a la prensa.

La guerra entre preservar la privacidad y proveer información llegó al paroxismo alrededor del mediodía del jueves, cuando el fiscal francés apuntó contra Lubitz. Ya bien entrado el viernes, algunas emisoras alemanas seguían evitando mostrar su rostro y se referían al copiloto como "Andreas L.", la práctica de rutina en Alemania de retener el apellido de los menores, los acusados o de aquellos cuya identidad no puede ser revelada por razones legales.

En contraste, el diario más vendido de Alemania, el Bild Zeitung, ocupó la mitad de su portada del viernes con una fotografía de Lubitz corriendo una media maratón en 2013. "Andreas Lubitz, 27 años, el piloto desquiciado", aullaba el titular.

Falsa alarma en un vuelo turco

  • Un vuelo de Turkish Airlines que tenía como destino final a Buenos Aires antes de hacer una escala en San Pablo se vio forzado a aterrizar en Marruecos después de recibir una amenaza de bomba.
  • El vuelo TK 15 había partido desde Estambul y se dirigía a San Pablo cuando fue hallada una nota con la palabra "bomba" en uno de los baños de la aeronave. El Boeing 777, con 256 pasajeros a bordo, declaró una emergencia y se desvió a la ciudad de Casablanca, en el norte de África, donde aterrizó cerca de las 12.30 GMT.
  • No se hallaron explosivos y el avión recibió permiso para retomar su vuelo

Traducción de Jaime Arrambide

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