La filantropía, la otra cara del poder
Un creciente número de millonarios influye cada vez más en las políticas públicas de EE.UU. y de otros países
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NUEVA YORK.– Cubiertos por el manto del éxito, y recostados en las abultadas cifras de sus cuentas bancarias, un selecto grupo de empresarios, artistas y políticos ha comenzado a cambiar la añeja arquitectura de las políticas públicas y la ayuda humanitaria.
Con sus jugosos aportes, un reflejo de la concentración de la riqueza imperante en Estados Unidos, los filántropos han ampliado su influencia durante la última década y han logrado ascender hasta las cimas del poder. El fenómeno ha desatado el temor de que las iniciativas destinadas a apuntalar la salud y la educación y a desterrar la pobreza sean quebradas por la voluntad de un puñado de billeteras.
“Se han convertido en jugadores importantes. La fundación de Bill Gates probablemente esté haciendo más ahora por la salud en Africa que el Banco Mundial”, apuntó Raj Desai, experto en filantropía, profesor de la Universidad de Georgetown e investigador del Instituto Brookings.
En un país mucho más afecto a la iniciativa privada que a la pública, Bill Gates, George Soros y Warren Buffett aparecen entre los nombres más reconocidos de la larga lista de personalidades que dedican tiempo y fondos a un amplio abanico de causas, ya sea porque enaltecen su imagen, por mero altruismo, o por ansias de poder.
La filantropía dejó de ser algo que hace sólo la gente “vieja”, pues seduce también, por ejemplo, a estrellas como Bono, Shakira, Brad Pitt o Angelina Jolie. La tendencia, junto con el ascenso de estos personajes a las altas esferas de la política, son los dos cambios más notorios del mundo de la filantropía en la última década, según destacó Trevor Neilson, presidente del Global Philanthropy Group, organización dedicada al asesoramiento de filántropos.
Y si bien la capacidad de escribir un cheque con varios ceros y el compromiso con la causa llevan, en las palabras de Neilson, “a un mejor lugar en la mesa”, se trata, por ahora, de un lugar reservado para pocos. “Hay un número pequeño de filántropos que tiene el poder para modelar políticas públicas. Gates tiene, ciertamente, ese poder en temas de salud global”, apuntó.
Junto con Warren Buffet, Gates busca ahora ampliar la influencia de esta elite. Ambos crearon The Giving Pledge, una iniciativa para convencer a otros billonarios de que donen la mayor parte de sus fortunas, una movida que recalentó el debate sobre la injerencia de los más ricos en la ayuda a los más pobres. Neilson califica este esfuerzo, con el que ya se comprometieron 40 personas, además de Gates y Buffett, de “desarrollo histórico” de la filantropía.
El consenso de California
Vale un dato más sobre la influencia de Gates: el presidente Barack Obama nombró a quien fuera uno de los hombres fuertes de su fundación, Rajiv Shah, al frente de la Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid, según sus siglas en inglés). “La llegada de nuevos jugadores ha forzado a los gobiernos y los organismos multilaterales a mirarse a sí mismos y mirar lo que están haciendo”, evaluó Desai.
Poco hubiera podido hacer Gates, el mayor filántropo del mundo, de no ser por el éxito de Microsoft. El auge de los negocios tecnológicos en el Sillicon Valley les permitió también al dueño de Oracle, Larry Ellison; a los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, o al creador de eBay, Pierre Omidyar, entre otros, pertenecer a la elite a la que ya se sumó Mark Zuckerberg, cofundador de Facebook y uno de los multimillonarios más jóvenes del planeta. Su presencia en el selecto grupo de filántropos reforzó el peso de los empresarios criados en la tecnología.
Junto con su colega, Homi Kharas, Desai acuñó un término para reflejar este fenómeno: el Consenso de California, una referencia antagónica al Consenso de Washington. “Es un enfoque que se recuesta en la innovación, que surge como consecuencia de los resultados decepcionantes de la ayuda oficial, y donde la filantropía lidera con un papel similar al de una inversión de capital de riesgo”, explicó.
Un informe del Centro de Fundaciones, organización sin fines de lucro con más de 50 años de trayectoria en el análisis de la filantropía, estima que la crisis financiera redujo las donaciones privadas a US$ 43.000 millones en 2009. El mismo informe indica que en Estados Unidos hay poco más de 75.000 fundaciones, con activos por US$ 565.000 millones.
Aunque estas cifras quedan muy detrás de los montos que se mueven a través de la ayuda oficial, sobre la que caen críticas por los derroches y la corrupción, otorgan un poder de fuego que para muchos representa una amenaza, pues le da vuelo a la idea de que un grupo de adinerados pueda manejar los hilos del poder.
“He escuchado ese temor”, señaló Bradford Smith, presidente del Centro de Fundaciones. “No creo que sea una amenaza y, además, mucha gente se queja que no hay suficiente ayuda humanitaria”, continuó. Luego, dejó una visión compartida por otros expertos: “Las fundaciones pueden cometer los mismos errores que los organismos oficiales, pero pueden innovar y encontrar soluciones con más libertad y menos presión política, que luego pueden ser expandidas por los gobiernos. Creo que la tendencia que se verá es mayor colaboración”.
BILL GATES
Fundador de Microsoft
La Fundación Bill & Melinda Gates es una de las mayores instituciones de ayuda del mundo; maneja fondos por US$ 34.000 millones
WARREN BUFFET
Financista
Este mago de las finanzas lanzó, con Gates, la iniciativa The Giving Pledge, para convencer a otros millonarios de donar sus fortunas.
GEORGE SOROS
Financista
Su fundación destina cientos de millones de dólares por año para financiar el desarrollo socio-político de países del este europeo.
MARK ZUCKEBERG
creador de facebook
En septiembre pasado, el joven fundador de la red social donó US$ 100 millones al sistema de salud pública del estado de Nueva Jersey.
BONO
Cantante
El vocalista de U2 y su fundación ONE son incansables defensores de Africa, no sólo con donaciones, sino con su influencia política.
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