La guerra entre científicos
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MIAMI.- El miércoles último, mientras los científicos Paul Lauterbur, de la Universidad de Illinois, y sir Peter Mansfield, de la Universidad de Nottingham, recibían en Estocolmo el Premio Nobel de Medicina, en Melville, Estado de Nueva York, el doctor Raymond Damadian, presidente de la Fonar Corporation, rumiaba su resentimiento ante lo que consideraba un oprobioso despojo.
El día anterior había publicado una solicitada en The New York Times reiterando su pretensión de haber sido el inventor de la resonancia magnética, una técnica que permite detectar tumores sobre la base del análisis de las ondas de radiofrecuencia emitidas por las moléculas de agua del cuerpo, descubrimiento por el cual la academia le otorgaba el premio a Lauterbur y Mansfield.
No era ésta la primera vez que Damadian salía públicamente a disputar la justicia de haberlo excluido del más prestigioso de los galardones científicos. Desde que el nombre de los ganadores se anunció el pasado 8 de octubre, publicó un total de ocho avisos diferentes clamando que "esta vergonzosa arbitrariedad debe ser enmendada".
Las solicitadas demandaron un costo superior al medio millón de dólares, una suma mayor que la parte que le habría correspondido si hubiera compartido el premio con los otros dos ganadores.
Quienes conocen a Damadian no se asombran de su cruzada. Admiten que este multimillonario de 67 años no es la más fácil de las personas. Sus exabruptos y excentricidades son legendarios en Melville.
La cruzada
A pesar de su formación científica, es un fervoroso cristiano que no cree en la teoría de la evolución y está convencido de que el mundo no tiene más de 6000 años. Todas las mañana, en su fábrica de equipos de resonancia magnética, sus empleados deben leer la Biblia y dar gracias a Damadian por el trabajo.
Aunque muchos en la comunidad científica internacional reconocen el aporte de Damadian al desarrollo de la resonancia magnética, su agresiva campaña en los diarios causó más indignación que simpatía en un medio que habitualmente aborrece la autopromoción.
La opinión predominante es que, si bien es cierto que en 1970 Damadian descubrió que las diferencias entre tejidos cancerosos y normales podían identificarse por medio de la resonancia magnética nuclear, fue el trabajo de Lauterbur y Mansfield el que posibilitó el desarrollo de las máquinas. Hoy, unas 22.000 máquinas de resonancia magnética producen más de 60 millones de exámenes anuales en todo el mundo.
En realidad la furia de Damadian está dirigida a Paul Lauterbur, uno de los ganadores. Este antagonismo lleva ya más de 30 años y constituye una de las más coloridas rivalidades del mundo científico. A fines de la década de 60, Damadian, que entonces trabajaba en el centro médico de la Universidad del Estado de Nueva York, comenzó a estudiar la posibilidad de utilizar la resonancia magnética para detectar tumores cancerosos en el cuerpo humano. Hacia la misma época, Lauterbur, experimentando con algunas de las teorías de Damadian, descubrió los fundamentos de la técnica de los gradientes o variaciones en el campo magnético, que hoy rige el funcionamiento de la resonancia magnética.
Lauterbur publicó su descubrimiento en 1973, en la revista Nature, pero no mencionó a Damadian. Esto, naturalmente, enfureció a Damadian, que consideró que Lauterbur le había robado la paternidad de la invención. Obstinado, insiste en que seguirá adelante en su cruzada por recuperar el lugar que cree merecer. Su cita predilecta pertenece al filósofo Edmund Burke. "El mal triunfa -decía Burke- allí donde los hombres de bien no hacen nada."




