
La hija presidenciable de Sukarno
Es una de las líderes clave de la oposición a Suharto y al gobierno de Habibie, al que considera inconstitucional
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YAKARTA.- Aunque lo oculta, es sabido que odia a Suharto, el hombre que se vio obligado a renunciar el jueves último, después de 32 años en el poder. Es normal: es la hija de Sukarno, el primer presidente de Indonesia, que en 1965 fue derrocado por Suharto, entonces uno de sus mejores generales.
Hoy presidenta del Partido Democrático de Indonesia (PDI) y una figura política opositora muy popular entre los 200 millones de habitantes del país, Megawati Sukarno-Putri concedió una entrevista exclusiva a La Nación , en la que acusó al nuevo gobierno de "inconstitucional".
Pese que es considerada una "presidenciable" junto con Amien Rais, líder de una asociación musulmana, y que goza de la simpatía de varios movimientos estudiantiles, en los últimos días de revolución Megawati sorprendió por su bajo perfil. Y en el presente diálogo sigue esa línea: no demuestra estar satisfecha por la renuncia de su virtual enemigo, Suharto, ni tiene una actitud combativa, sino que se muestra parca, extremadamente prudente y cortante en sus respuestas.
De 51 años, casada y con tres hijos, Megawati saltó a la fama por sus críticas al régimen, y fue hace dos años víctima de una intriga de Suharto -que nunca dejó que la oposición se organizara, ni que se destacara nadie que pudiera confrontarlo-, quien le creó una quinta columna dentro de su partido, el PDI, y le hizo arrebatar su banca en el Parlamento.
Su casa, en las afueras de Yakarta, al sur de la capital, es una gran mansión con pileta y con un parque muy verde en el que salta a la vista un cartel que señala: "Mushola 200 m", lo que indica que tiene una mezquita propia. En el portón hay guardaespaldas y el estacionamiento parece una concesionaria de autos importados.
A la espera de la señora, se ve a una gran cantidad de personal que se pasea descalzo por la casa -aquí es una costumbre-, el teléfono suena insistentemente y dos perros no dejan de ladrar. En el living hay dos enormes cuadros con la imagen del general Sukarno con uniforme, otro retrato junto a su entonces pequeña hija, Megawati, y una decoración barroca, con muebles de estilo oriental, vasos chinos, y un par de colmillos de elefante labrados. Lo único que desentona es un dispenser para el agua, en medio del salón.
Aunque el calor es sofocante, ningún ventilador está encendido: Megawati está resfriada. Vestida con una elegante blusa y un pantalón, y discretamente maquillada, Megawati, que habla inglés, luce visiblemente nerviosa y apurada.
-¿Esperaba usted la renuncia de Suharto?
-Sí, naturalmente. Soy la hija del primer presidente de Indonesia y la presidenta del Partido Democrático de Indonesia, y por supuesto nuestra lucha durante estos días fue para que este gobierno terminara, porque el "nuevo orden" (instaurado por Suharto) ya no es suficiente para resolver los problemas de Indonesia.
-¿Cuál es su opinión sobre el nuevo presidente Habibie?
-El problema es la transición constitucional; en nuestra Constitución, el presidente tiene que tener el mandato del pueblo, lo que significa que debe haber una reunión especial de la Asamblea del Pueblo. Así que este gobierno no es constitucional, porque no hubo reunión de la Asamblea.
-Al margen de eso, ¿qué piensa usted de Habibie, que de hecho es el nuevo gobernante? ¿Lo considera capaz de dar a Indonesia una transición y de resolver la caótica situación que hoy vive el país?
-No, no lo creo. Indonesia es muy especial porque tenemos muchas etnias, islas y religiones. Desde mi punto de vista, Indonesia necesita una persona que pueda mantener unido el país; tenemos que estar unidos porque tenemos la filosofía de la Pancasila, que significa que somos la reunión de la familia de Indonesia. Va a ser difícil si el presidente sólo da la oportunidad a determinado grupo de gente.
-¿Quiere decir que no le gusta el nuevo gabinete de Habibie?
-Por favor, no diga que no me gusta... Preferiría otro gabinete. La cuestión es que su nombramiento es inconstitucional. Debe haber una Asamblea del Pueblo.
-¿Ve similitudes entre lo que está pasando ahora y lo que sucedió en 1965?
-Sí, por supuesto: es la misma historia en otra versión. En ese tiempo también había un movimiento estudiantil, apoyado por los militares. Ahora el movimiento estudiantil es puro, sin apoyo militar. En ese tiempo hubo una reunión especial de la Asamblea y Sukarno pudo dar su discurso de dimisión. Ahora estamos tratando de hacer eso porque no es constitucional que un presidente no dé su discurso de dimisión, en el que devuelve su mandato al pueblo a través de la Asamblea del Pueblo.
-¿Piensa que es posible ahora, cuando las cosas ya han pasado y tan rápidamente?
-Claro que sí, y estamos intentando que se cumpla el mecanismo.
-Muchos estudiantes con los que hablé, que desean elecciones libres y no creen que Habibie dure mucho, mencionaron su nombre para reemplazarlo: ¿le gustaría convertirse en presidenta de Indonesia?
-Sí, pero depende de la gente. Es la Asamblea la que elegirá al próximo presidente.
-De convertirse en la nueva presidenta, ¿cuál sería su primer objetivo?
-Hacer respetar la Constitución;la que mi padre dio a la gente es muy buena. Si pasó lo que pasó en Indonesia ahora es porque el líder del "nuevo orden" (Suharto) tomó la dirección equivocada.
-¿Entonces no es necesario cambiar la Constitución?
-No, porque habrá más problemas. Si hubo corrupción, nepotismo y confabulación fue por no respetar la Constitución, que dice muy claramente cómo en la práctica se alcanza la transparencia.
-¿Cree que es posible que usted llegue un día a la presidencia?
-No lo sé. Creo en los derechos del pueblo, que es el que decide.
-En ese caso, ¿tiene un programa?
-Sí, por supuesto, pero no se lo puedo decir...
-¿Se convertiría en una especie de Evita de Indonesia?
-No, soy Megawati de Indonesia.
-¿Qué significa para usted Suharto, y cómo lo definiría?
-Soy la hija de Sukarno y tengo una posición muy subjetiva en este punto. Así que prefiero no contestar.
Una bomba de tiempo
YAKARTA (De una enviada especial).- Pese a la renuncia de Suharto y a la puesta en funciones de un nuevo gobierno que desde mañana deberá empezar a tomar urgentes medidas políticas y económicas, Indonesia sigue siendo una bomba de tiempo.
Al margen de la aún inestable situación política -nadie da más de pocos meses en el poder al presidente B. J. Habibie-, los pronósticos de los analistas económicos sobre el futuro del país son catastróficos, y auguran una época de fuerte tensión social.
"Este año, la tasa de crecimiento será negativa -de menos 10-, lo que significa un aumento del desempleo, más pobreza y el colapso de la demanda de consumo e inversión", dijo a La Nación Mari Pangestu, analista económica del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.
En otros términos, habrá desabastecimiento y, de los 90 millones de personas que componen la fuerza laboral en Indonesia, más de 13 millones estarán sin trabajo. Ahora, se calcula que hay ocho millones de desempleados.
La inflación, que de enero a abril fue del 33 por ciento, por otra parte, se estima que en el 98 puede llegar a alcanzar entre el 60 y el ciento por ciento. Con la devaluación de la rupia, a la gente cada vez le cuesta más adquirir alimentos. Por ejemplo, algo básico, como la soja, que se utiliza para hacer una comida muy popular como el tempe, subió en un ciento por ciento.
Aunque parezca mentira en un país agrícola como Indonesia, la mayoría de los productos básicos de consumo diario son importados, porque la producción local no alcanza para toda la población. Y ahora, como la economía está paralizada y casi no hay importaciones, la leche, que también se importa porque casi no hay producción local, aumentó en un 200 por ciento. El sueldo mínimo oscila entre los 18 y los 30 dólares por mes.
Restaurar la confianza
Según Mari Pangestu, lo que el gobierno debe hacer ahora es restaurar la confianza -tanto en lo interno como en lo externo-. "Hay que devolverle seguridad física a la gente, porque el trabajo y la comida escasean; y también seguridad psicológica, porque se debe resolver de algún modo el miedo a la violencia, como ese sentimiento antichino o anticristiano que se ha demostrado durante los saqueos de la semana última", explicó.
Los habitantes de origen chino son el cinco por ciento de la población indonesia, pero como detentan el 80 por ciento de la economía, cuando estalló la furia por el aumento de tarifas de combustible y transporte fueron las principales víctimas de la violencia. Todavía hoy se ven pegados en los frentes de varias tiendas de Yakarta carteles que dicen "milik pribumi", que significa "propietario de origen indonesio", por las dudas de que haya nuevos saqueos.
"En una situación tan explosiva como ésta, lo último que se corta es el suministro de comida, y lo primero son los fondos para la educación. Y esto es lo que más me preocupa, porque varias generaciones no irán a la escuela", apuntó Pangestu.
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