
La India lucha ahora por sobrevivir
La pobreza extendida y el acelerado aumento de la población colocan al país en una situación crítica
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NUEVA DELHI, 14 (DPA).- Como tributo a la independencia del régimen colonial británico, el primer ministro, Inder Kumar Gujral, prometió hoy que mantendrá en alto la bandera de la India. Al mismo tiempo, pidió a sus compatriotas que olviden todas las diferencias de religión y casta para mantener unida la nación.
Al dirigirse a una multitud congregada en Nueva Delhi para los festejos del 50º aniversario de la independencia y descolonización de India, Gujral -con una bandera nacional en la mano y vestido con una túnica azul cerrada- subrayó que India será un nación exitosa y próspera en los próximos años y nada puede impedir que eso suceda.
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En enero de 1947, casi 350 años después de la llegada del galeón inglés Héctor a las costas de la India, y sumergida en la bancarrota, Gran Bretaña tomó una decisión: otorgar a los indios su independencia. Sin embargo, nadie imaginó, ni el mismo Louis Mountbatten -convocado, como virrey, para poner fin a la epopeya- que los ingleses liquidarían la piedra angular de su imperio en apenas ocho meses.
En la madrugada del 15 de agosto, al extinguirse el eco de las doce campanadas, que anunciaban la liberación de una sexta parte de la humanidad, nacieron Paquistán e India, dos conglomerados de razas y religiones, de lenguas y culturas, que no tardarían más de un día en comprender el costo de su libertad.
Convencidos de la consigna inglesa de -dividir para gobernar-, los dirigentes de la India colonial coincidían en la necesidad de partir el territorio en dos naciones para evitar la convivencia entre hindúes y musulmanes. El trazado de las fronteras se realizaría asignando a los indios las zonas de mayoría hindú, y a los paquistaníes la de mayoría musulmana. Así lo deseaban Nehru y Jinnah, líderes del partido del Congreso hindú y de la Liga Musulmana.Y así lo aprobó el virrey, ansioso por bajar el telón de la India en una relación de simpatía y amistad para garantizar su inserción en la Commonwealth.
El intransigente Jinnah, amenazado por una tuberculosis avanzada, que de haberse sabido habría desmantelado su sueño imposible del Paquistán, logró, además, imponer la urgencia de la partición. Mountbatten, conciente de que la India, hirviente de pasiones raciales y religiosas, no sobreviviría pacíficamente al retraso, optó por la inmediatez.
Explosión de Estados
El acuerdo entre los dirigentes hindúes y musulmanes, solucionaba, sin embargo, parte del problema. La India colonial estaba constituida por provincias y por 565 Estados principescos gobernados por maharajás _príncipes hindúes_ y nababs _musulmanes_, que autorizados a conservar sus tronos mientras reconocieran a Gran Bretaña como soberana, pretendían ahora recuperar su poder.
Estos hombres, dueños y señores de palacios con 600 habitaciones, ventanas de mármol, jade y topacio; acompañados por un harén de mujeres modeladas según sus caprichos por los más grandes cirujanos plásticos de la época, tenían en sus manos el destino de la India. Si el virrey no lograba que se incorporaran a alguna de las dos naciones, el territorio sufriría la balcanización. No habría partición, sino una explosión en una multitud de Estados, que quedarían expuestos a la codicia de China.
La política de Mountbatten logró convencer a los excéntricos soberanos de que se adhiriesen a la futura India, donde podrían conservar los honores y títulos. El único maharajá que se empecinó en obtener la autonomía fue el príncipe de Cachemira -con un 77 por ciento de musulmanes-. Este territorio, hoy dividido, ha desencadenado ya dos guerras entre indios y paquistaníes.
El éxito diplomático de Mountbatten fue, sin embargo, limitado; no pudo cumplir las exigencias del Alma Grande -Mahatma- de la India. Gandhi y Louis Mountbatten estaban condenados a no entenderse. Aferrado a la idea de una India unida, Gandhi sostenía que no podía ser dividida sin que quedara destruida la esencia de su realidad, como un tapiz no puede ser desgarrado sin que se pierda su dibujo. Tal era su convencimiento de que la partición traería sangre y lucha, que siendo el líder del partido del Congreso hindú imploraba al virrey que entregara la India a los musulmanes.
El día después...
Hoy, a pesar de ser el tercer país islámico del mundo, con una población musulmana de 120 millones de habitantes, que convive con cerca de 800 millones de hindúes, los antagonismos subsisten únicamente bajo la forma de resentimiento religioso.
La guerra que libra la India actual no es ya por la religión, sino por la supervivencia. Con 950 millones de habitantes, los hombres son más fértiles que los campos y la riqueza espiritual convive con la más inhumana miseria material. El 75 por ciento de la población vive en zonas rurales, aldeas y pueblos, donde las parcelas de tierra son tan pequeñas que familias enteras se ven, diariamente, obligadas a peregrinar hacia las ciudades, y en la mayoría de los casos terminan hacinados en los suburbios. La capital, Nueva Delhi, está rodeada por un cordón de aproximadamente un millón de personas que vive en la miseria.
El crecimiento de la población de un dos por ciento anual -a pesar de que el aborto es legal desde 1972- amenaza con frustrar cualquier intento de progreso. Sin embargo, este mismo número atrae a los capitales extranjeros. La minoritaria clase media india equivale al total de la población de los Estados Unidos _250 millones de individuos_ y convierte al país en uno de los diez mercados emergentes en el mundo, según el Departamento de comercio norteamericano.
La ciudad de Bombay -y, uno de los puertos más concurridos de Asia, recibió en el último tiempo el apodo de India´s Sillicon Valley, por la enorme cantidad de empresas de informática extranjeras, como Hewlett Packard, Motorola, que se han ido instalando allí. Es sede además, de la mayor industria cinematográfica del mundo.
Los beneficios de la apertura económica implantada a mediados de los ochenta aún no llegan a los más pobres, pero al menos pueden hacerse oír en las encuestas y elecciones. Hace apenas 20 días, la mayor democracia del mundo -por el tamaño de su electorado- permitió que, por primera vez, un paria, Kocheril Raman Rayan, llegara a la presidencia.
El progreso siempre exige un precio. Pero pocos países han pagado una tarifa tan alta como la India, con 350 millones de personas viviendo por debajo de la línea de pobreza,
El origen de las castas
Según las escrituras védicas, el origen de las castas se remonta a Brahma, el creador.
Los brahamanes -la casta más elevada- habrían salido de su boca; los chatrias -guerreros- de sus bíceps; los vacias -comerciantes- de sus caderas; los sudras -artesanos- de sus pies, y en la base de la pirámide, los sin casta, los parias, que habrían nacido de la tierra.
Ligada al sistema de castas, está la creencia hindú en la reencarnación. El balance del bien y el mal acumulados durante la existencia, llamado karma, determina si un alma va a elevarse o descender en la jerarquía de castas.
Así, los hindúes aceptan la casta con resignación para ganar un mejor destino en la siguiente reencarnación.





