La larga lista de "bushismos", esa insólita forma de ver el mundo
Las interminables gaffes del presidente saliente han divertido y desconcertado a los norteamericanos
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Es un mundo casi perfecto, de pocos fracasos, con calendario e idioma propios, pleno empleo, un medio ambiente tan armónico que seres humanos y peces caminan de la mano y en el que Estados Unidos nunca lanzó una bomba atómica ni fue golpeado por huracanes.
Es el mundo según George W. Bush. Es el mundo, a veces curioso y otras veces incomprensible y peligroso, que el presidente norteamericano deja ver cuando habla. Y que mañana al mediodía llega a su fin.
Bush y su sucesor, Barack Obama, alimentan la industria editorial con sus palabras. El próximo presidente hizo de su retórica una punzante arma de campaña. Y las librerías hoy ofrecen textos que invitan a "aprender a expresarse como Obama".
Bush también vende libros. Pero en su caso son manuales de cómo no se debe hablar, unos que deben hacer sufrir a su mujer, Laura, bibliotecaria y lectora incansable.
Sus "bushismos", esos que llenan libros y se acercan tanto a burradas que se traducen como "bushadas", tienen un raro efecto sobre los norteamericanos. Los hacen reír y llorar a la vez. Pero sobre todo los llevan a preguntarse en qué mundo, tan ajeno a ellos, creció y vive su jefe de Estado.
Ese mundo podría encontrar algunos adeptos instantáneos: los que nacieron el 29 de febrero, por ejemplo. En el calendario de Bush, podrían celebrar su cumpleaños todos los años. "Hoy mi gobierno publicó los números del calendario fiscal de 2006. No son estimados, son los resultados reales del año fiscal que terminó el 30 de febrero", dijo Bush en octubre de 2006.
Además de un calendario único, el mundo de Bush tendría varios idiomas propios. Entre ellos, no sólo estaría esa versión tan extraña del inglés que él habla, sino también una lengua que, probablemente, alegraría a México. "No les voy a responder ni en inglés, ni en francés, ni en mexicano", advirtió Bush en abril de 2001 a los periodistas que lo esperaban en la Cumbre de las Américas en Quebec.
De lengua enredada y, al parecer, pobre conocimiento geográfico, el presidente norteamericano suele tener problemas con el nombre de las naciones y con los gentilicios. Lituania y Letonia son, para él, un mismo país y en Grecia viven los "grecios", no los griegos.
Además de un mapa de Europa, Bush necesitaría uno de Africa y de Medio Oriente. "Tengo muy buena relación con el presidente [Hosni] Mubarak, de Egipto, y con el príncipe Abdullah, de Jordania, países del Golfo Pérsico", dijo Bush, en mayo de 2003.
Afable y de perenne buen humor, el presidente suele reírse de sus gaffes , no importa dónde o ante quien esté.
La inmutable mirada de la reina Isabel II apenas lo afectó cuando, en 2007, Bush se equivocó dos veces con la fecha de la independencia norteamericana. "Me mira como una madre mira a su hijo", bromeó después Bush.
A lo largo de sus dos mandatos, el presidente convirtió los planes educativos en pilares de su proyecto para Estados Unidos. Tal vez él mismo debería haber sido beneficiario de alguno de ellos.
"En el último siglo y medio, Estados Unidos y Japón han forjado una de las más importantes alianzas de los tiempos modernos", dijo Bush, en Tokio, en febrero de 2002.
Esa alianza tan ejemplar para Bush incluyó, en realidad, el ataque a Pearl Harbour, las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, miles de muertos norteamericanos y millones de víctimas fatales japonesas.
Una relación también peculiar propuso Bush, como parte de su zigzagueante política ambiental, para el hombre y el ecosistema. "Estoy seguro de que en el futuro el hombre y los peces coexistirán pacíficamente", dijo.
Livianos y peligrosos
Muchos norteamericanos se preguntan cómo un hombre educado en Yale y en Harvard puede cometer tantos traspiés verbales, livianos algunos, peligrosos otros.
"¿Usted tiene tres trabajos? ¡Ahh, eso sólo sucede en Estados Unidos! ¡Es fantástico que pueda hacer eso!", dijo Bush, en 2005, a una mujer divorciada de Nebraska que tenía que tener tres empleos para mantener a sus hijos.
Por lo menos, no añadió que por ser pobre también podría haber sido una asesina, como sugirió una vez cuando trataba de decir exactamente lo contrario. "Déjenme dejarlo bien claro, la gente pobre no necesariamente es asesina. Que uno no sea rico no quiere decir que sea asesino", dijo en 2003.
El aislamiento de Bush, su aparente desconocimiento, su visión tan particular del mundo encontró un lugar en su política exterior. "Irak es una parte importante de la seguridad de nuestro país y es una parte importante para ayudar a transformarlo en un lugar que no sirva para amenazar el mundo civilizado? eeh el mundo desarrollado", dijo el mandatario en 2007.
Bush puede o no creer que la civilización es exclusiva de Occidente, pero fue Irak el país que le hizo cometer al presidente una de sus mayores "bushadas".
"Misión cumplida", decía el cartel detrás de Bush cuando visitó, en mayo de 2003, el portaaviones USS Lincoln para declarar la victoria en la guerra de Irak.
También dentro de Estados Unidos la realidad contradijo a Bush y lo condujo a otros de sus grandes lapsus. "Estás haciendo un gran trabajo, Brownie", dijo Bush a Michael Brown, director de la Agencia Federal de Emergencias, cinco días después de que el Katrina arrasara con el Sur, en 2005.
Mientras tanto, miles de cadáveres permanecían bajo el agua y millones de norteamericanos escapaban de la destrucción que Brown debería haber prevenido.
Humor aparte, Irak y el Katrina son dos de las razones por las cuales millones de norteamericanos creen que Bush es uno de los peores presidentes que tuvo su país. Para responder a esos millones de estadounidenses, el mandatario podría apelar a una de las gaffes que más usó en los últimos ocho años: "Ustedes me «desubestiman» [You misunderestimate me]". Confía, en cambio, en que la historia sí sabrá estimar su mundo tan singular.
La ceremonia más cara
- WASHINGTON (AP).- Pese a la crisis económica que golpea a Estados Unidos, el comité a cargo de la investidura de Barack Obama destinará millones de dólares para cubrir los festejos de la histórica jura. Según cálculos no oficiales, los costos de los distintos actos previstos -incluidos el recorrido de Obama por tren entre Filadelfia y Washington, los conciertos de Beyonce, U2 y Bruce Springsteen, y los diez bailes oficiales por la ocasión-, sumados a los gastos colosales de seguridad y transporte, ascenderán a un total de 150 millones de dólares, todo un récord para una asunción presidencial.
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