La metamorfosis de Chile, avasallante y con contradicciones
La distribución del ingreso, la gran deuda
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SANTIAGO, Chile.- Es futurista y surrealista a la vez.
Las vías del subterráneo se yerguen, imponentes, sobre pilotes de cemento relucientemente blancos sobre la avenida Vicuña Mackenna, en la periferia de la capital.
La estación del metro es circular, de metal brillante, y digna de una película sobre el siglo XXII o de una capital europea; sus señalizaciones no permiten que nadie se pierda y los vagones de cada subte que llega, con rigurosa puntualidad, todavía tienen olor a nuevo.
Fruto de inversiones públicas y privadas, la acaban de inaugurar. Es parte de un plan de infraestructura de más de 3000 millones de dólares destinado a ordenar el tráfico y a limpiar el aire de una ciudad de Santiago donde hasta hace apenas un año se podía tardar más de una hora para recorrer 30 cuadras en auto y donde el espeso smog podía incluso dificultar la respiración.
Valparaíso y otras ciudades están incluidas en el proyecto. Las rutas chilenas, también; la meta es transformarlas a todas en autopistas. De forma tal que el creciente transporte de carga pueda moverse sin trabas por un país que alcanzó este año un superávit comercial récord y que figura con constancia en los lugares más altos de competitividad y de calidad de vida no sólo de América latina sino del resto del mundo.
Desde la estación de subte, desde arriba, se ven autos en movimiento, decenas de obreros que dan los detalles finales a la estructura y, al otro lado de la avenida, cientos de casas precarias pero cuidadas, de ladrillo y madera, indistinguibles una de otra y con tanta reja que parecen jaulas.
En pocos metros conviven el desarrollo y sus rezagados, la metamorfosis de Chile y sus sorprendentes contradicciones.
Se trata de una de las áreas de la comuna de la Florida. Sus habitantes dicen que son de clase media; sus casas -no muy diferentes de las de la villa 31 de la ciudad de Buenos Aires- dicen que no tanto. En los últimos 15 años, Chile cambió, creció, se desarrolló; ellos, no tanto.
Ellos son los empleados temporarios o cuentapropistas que quedan en la capital, los pescadores o trabajadores agrícolas que quedan en el norte y en el sur de un país que, en poco más de una década, logró reducir -como casi ningún otra nación de América latina- la pobreza y la indigencia, las tasas de mortalidad infantil y las de analfabetismo, la ausencia de cobertura de salud y la falta de educación secundaria.
A comienzos de los años 90, representaban el 40% de los chilenos; hoy, son el 18%, en parte, gracias a una economía que creció sin cesar, un flujo de inversiones igual de dinámico y estable, un ingreso per cápita que se duplicó y un activo plan social de los sucesivos gobiernos democráticos.
Sin embargo, se mantuvo prácticamente inalterable la distribución del ingreso, un indicador que ubica a Chile en el listado de países más desiguales, por debajo de Brasil y casi en el mismo lugar que la Argentina, según la Cepal.
"El gobierno de [Ricardo] Lagos tiene grandes déficit: no logró cambiar las instituciones que dejó la dictadura de [Augusto] Pinochet, no hizo la reforma tributaria necesaria y no alcanzó a reducir la desigualdad. Y con este nivel de crecimiento, muchos toman conciencia de que los frutos no se han distribuido equitativamente", explicó a LA NACION Manuel Antonio Garretón, director del departamento de Sociología de la Universidad de Chile.
El gobierno, por su parte, se vanagloria de que el programa Chile Solidario identificó y ayuda a salir de la indigencia a las 220.000 familias que viven en esas condiciones en el país. Sin embargo, reconoce que otra clase de pobres -los menos pobres- fue menos beneficiada por la bonanza.
"De sus puertas para afuera, parecen de clase media; pero en sus casas, viven cada vez peor, hacinados; los hijos pierden sus empleos y se van a vivir a la casa de sus padres, varias familias juntas", dijo una fuente del Palacio de la Moneda a LA NACION.
Esa admisión es habitualmente acompañada por los públicos llamados del propio presidente Lagos a afianzar el combate contra la desigualdad y a elegir, para ello, a la candidata oficialista, Michelle Bachelet.
No sólo el reconocimiento de que su gestión no benefició a los pobres menos pobres mientras sí favoreció a otros grupos lo lleva a hacerlo. Si no también la certeza de que la derecha buscará el domingo atraer precisamente a esos votantes.
Entre los sectores de menos recursos, según una encuesta del Centro de Estudios Públicos, está el mayor porcentaje de indecisos y aquellos que ya determinaron por quién votarán el domingo se dividen casi en partes iguales por la oficialista Concertación, de izquierda, y los dos candidatos de la derecha opositora.
Juan Pablo Delgado tiene 28 años y dos hijos. Vive con sus padres y su propia familia en La Florida, en una de esas casas enjauladas por miedo a los crecientes robos, a dos cuadras de la estación de subte. Trabaja en una fábrica de soda desde hace siete meses; antes lo hacía en un negocio de comida rápida.
Su hija menor debió ser internada hace dos meses de urgencia por apendicitis. Dice que la "atención [en un hospital público] fue extraordinaria"; no tuvo que esperar nada y con su "tarjeta de gratuidad sanitaria" tampoco tuvo que pagar.
Está agradecido con el gobierno de Lagos por cómo logró que la salud pública cubriera a todos "rápidamente". Pero no votará por Bachelet; piensa hacerlo, por ahora, por Joaquín Lavín, de la Unión Democrática Independiente, de derecha.
"Eso está hecho ya, pero ahora hay que pensar en la seguridad, en el empleo para todos. Nosotros podemos vivir con un salario mínimo (poco más de 200 dólares); nos la arreglamos. Pero cuando te dicen que Chile es un éxito y vos no lo vivís, es hora de cambiar", dijo a LA NACION cuando regresaba a su casa desde trabajo.
Gastos de campaña
- SANTIAGO (ANSA).- El multimillonario empresario Sebastián Piñera encabeza el gasto electoral en Chile de cara a los comicios de este domingo, según el II Monitoreo realizado por la Corporación Participa entre el 14 de octubre y el 4 de este mes. El dueño de Lan Chile presentó un gasto de 378.082 dólares, seguido por la candidata oficialista Michelle Bachelet, quien informó de 143.871 dólares. En tercer lugar se ubicó el ex alcalde derechista Joaquín Lavín, con 128.547 dólares, y en último lugar, el ingeniero del pacto Juntos Podemos Más, Tomás Hirsch, con 22.312 dólares.

