
La misteriosa y lujosa boda de la joven más rica del mundo
Athina Onassis se casó en San Pablo, en medio de estrictas medidas de seguridad
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SAN PABLO.- Los que la conocen dijeron que la "pobre niña rica" nunca se había mostrado tan feliz como el sábado a la noche. A los 20 años, Athina Onassis Roussel, la joven más rica del mundo, le dio el sí al jinete brasileño de 32 años Alvaro Affonso de Miranda Neto, conocido como "Doda".
Caipirinha de lima fue la bebida oficial de una fiesta simple, tal como Athina había pedido. Simple, por lo menos para lo que se podría imaginar de cualquier cosa que involucrara al apellido Onassis y los 3000 millones de dólares de la novia.
El casamiento no pudo ser presenciado directamente por ningún medio de prensa o fotógrafo. Nadie, salvo tal vez algún paparazzo que tomó contadas fotos clandestinas, pudo sortear la confidencialidad que garantizó un centenar de agentes de seguridad.
Con obsesión, los novios se ocuparon de que la fiesta fuera de un estricto bajísimo perfil. Por contrato, si alguno de los proveedores de productos o servicios para la fiesta le revelaba a la prensa una indiscreción, tenía que pagarles a los novios tres veces el valor que cobraba. Si algún empleado o agente de seguridad que custodiaba la fiesta filtraba alguna información, la multa tenía un valor fijo: 90.000 dólares.
El bajo perfil de la fiesta fue preservado, justamente, gracias al estricto esquema de seguridad. Los invitados tenían que enviar una foto de 3 x 4 y fotocopia de sus documentos a los organizadores. Recibían luego una tarjeta magnética.
Al llegar a la fiesta, tenían que entregar la tarjeta para que fuera pasada por un lector; la imagen del invitado aparecía en un monitor. Luego tenían que pasar por un detector de metales, donde también debían dejar las cámaras de fotos. Finalmente, los invitados eran trasladados en autos Audi -prestados por el patrocinador de "Doda"- hasta el salón de fiestas.
Los pocos detalles que se pudieron conocer ayer sobre el casamiento -como por ejemplo que los novios no saludaron de mesa en mesa-, trascendieron de boca de invitados que, con la condición de anonimato, los revelaron a periodistas brasileños.
El casamiento combinó con el estilo de vida de ambos. No hubo más que una decena de invitados internacionales en una fiesta de aproximadamente 800 personas, cercanas a la familia de "Doda" y al ambiente hípico. Los rumores en algún momento insinuaron que en la fiesta podía cantar Jennifer Lopez, previo pago de un caché de 1,5 millón de dólares. Pero los novios advirtieron que consideraban ridícula la hipótesis. No hubo regalos: los novios pidieron que los invitados donaran plata para una institución de caridad.
El lugar en que se celebró el casamiento tampoco fue alquilado. Se realizó en la Fundação Maria Luisa e Oscar Americano, que sólo puede aceptar donaciones a cambio del uso del espacio. Los novios donaron 60.000 dólares y gastaron otros 100.000 dólares en reformar el lugar para la fiesta.
Thierry Roussel, el padre de Athina, no vino. Las especulaciones -ya que el motivo exacto no se conoce- giran en torno de disputas económicas por la herencia de Athina. De la familia de Athina participó sólo su media hermana Sandrine. Athina, de blanco, usó un vestido de Valentino, que él mismo diseñó especialmente.
La historia de amor que se formalizó el sábado por la noche en San Pablo comenzó en 2002. Athina, que cabalga desde los 5 años, estaba entrenando en Bélgica con el famoso jinete brasileño y ganador de medallas olímpicas, Nelson Pessoa.
Allí también se entrenaba Miranda Neto, ganador de dos medallas olímpicas de bronce en hipismo. "Doda" estaba terminando una relación anterior, de la que había nacido una nena que ahora tiene seis años. Athina era el estereotipo de la pobre niña rica, fruto de dramas y tragedias familiares. Cristina, su madre, había muerto en Buenos Aires de una sobredosis de medicamentos para adelgazar cuando ella tenía tres años.
A los 17 años, Athina vivía el mismo problema que la madre: la compulsión por la comida, la tendencia a engordar y la depresión. Y, para dificultar más las cosas, vivía en medio de disputas por la herencia multimillonaria de su abuelo Aristóteles.
Su relación con "Doda" le cambió la vida. Adelgazó 20 kilos, controló la compulsión y se la comenzó a ver feliz. Siempre a la distancia, porque nunca concede entrevistas y jamás autoriza sesiones de fotos.
Vino a vivir a San Pablo y se "abrasileñó": aprendió portugués -que sumó a su inglés, francés y alemán fluidos- y se hizo fanática de las novelas brasileñas. De tanto en tanto, se la puede ver de compras en el shopping Iguatemí, un centro comercial cuyo metro cuadrado es de los más caros del mundo. Toma guaraná diet y usa chancletas, costumbre sin distinción social en Brasil. A la distancia, siempre se puede ver a algunos de sus diez guardaespaldas.
Junto con su novio y ahora esposo compraron un dúplex de 990 metros cuadrados en el barrio de clase alta Vila Nova Conceição, con estacionamiento para 15 autos. Su rutina es siempre discreta: jamás va a fiestas de celebridades, tiene pocos amigos conocidos y la actividad favorita de ambos son los encuentros hípicos. "Doda" sigue su entrenamiento de atleta olímpico, y Athina lo acompaña siempre de cerca, con su caballo Icamboy St. Hubert.
El secreto mejor guardado del casamiento, hasta ahora, es el tipo de acuerdo matrimonial que firmaron las partes, algo delicado cuando está en juego una de las mayores fortunas del mundo.
La ceremonia religiosa, según contaron los invitados, fue ecuménica. Athina es católica ortodoxa y "Doda" es católico apostólico romano. Se leyó una bendición en griego, y Athina acariciaba un rosario de cuentas de cristal. Se casó una Onassis, pero no hubo platos rotos.
Samba hasta la madrugada
- RIO DE JANEIRO (EFE).- La joven millonaria griega Athina Onassis bailó samba hasta bien entrada la madrugada de ayer en su lujosa boda con Alvaro Affonso de Miranda Neto, que estuvo regada de caipirinha y de champagne, según contaron algunos invitados. En la fiesta, se consumieron 1000 botellas de champagne Veuve Clicquot, según trascendió. Pero no sólo se escuchó samba. Al comienzo, un grupo de niños, pajes de honor, entró al recinto con los acordes de Mozart. La sinfonía dio paso a un repicar de tambores y luego a la marcha nupcial. "Fly me to the moon", de Frank Sinatra, fue el tema elegido para iniciar el baile.



