La noche en vela siguiendo los resultados minuto a minuto
Hubo nerviosismo y emoción en las sedes del PRD y del PAN
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CIUDAD DE MEXICO (De un enviado especial).- El tiene unos 25 años y viste traje oscuro y camisa sport blanca. Ellas tienen unos años menos, pero la misma elegancia, más un celular de última generación en el que revisan unos mensajes de texto.
Es pasada la una de la mañana y en la sede del Partido de Acción Nacional (PAN) esperan que su candidato, Felipe Calderón, obtenga la presidencia de México en una elección polarizada.
Calderón es el elegido de las clases media y alta, de los empresarios, de los universitarios y de los católicos de los grandes centros urbanos. Esta es la noche decisiva, en la que el cómputo definitivo de los votos mostrará que superó a Andrés Manuel López Obrador, el abanderado de los trabajadores, el hombre que pregona la lucha entre "nosotros, los pobres" y "ellos, los ricos".
La sede del PAN se va llenando de a poco, a medida que se suman grupitos de dos o tres personas, siempre bien vestidas, en su mayoría jóvenes, de tez blanca, muchas de ellas con cabelleras rubias. Cuando la televisión avisa que López Obrador se marchó de su centro de campaña y se fue a su casa, es el empujón final que necesitan. Es la señal, creen, de que tiró la toalla.
El candidato a canciller de Calderón, Arturo Sarukhan, está molesto. "El PRD nos está haciendo filibusterismo", dice a LA NACION. "Están demorando el conteo de votos para que quede como que ganamos a la madrugada, a escondidas. En las mesas donde saben que ganamos hacen discursos de una hora, piden contar las boletas cuatro o cinco veces o les impiden entrar a las autoridades electorales", añade.
López Obrador llegó a tener una ventaja de 2,80% a las 14.30. Pero para la 1.15 de ayer, la brecha se había acortado a menos de 0,50 punto porcentual.
Con cada actualización del cómputo todos festejan. "¡Felipe, Felipe!", cantan, abrazados a un chico que lleva una cabeza gigante de Calderón sobre sus hombros, pero salta con un desenfado del que carece el candidato.
A veinte minutos en auto de allí, en el centro de campaña del PRD, quedan pocos dirigentes. La mayoría se fue a dormir o se marchó al Instituto Federal Electoral (IFE), donde disputan cada acta, cada voto, con las autoridades y con los delegados del PAN. En la vereda, dos decenas de seguidores pegan carteles escritos a mano sobre el portón blanco del garaje, apoyando a "Andrés Manuel", denunciando "fraude".
En una TV de la sede del PAN, a las 2.15, aparece una imagen gigante de la Virgen de Guadalupe, cuando la brecha es de 0,34%, todavía a favor de López Obrador. También aparecen los primeros rostros pintados de azul y naranja, los colores del PAN. Los cánticos alientan "¡sube Felipe, sube!".
El empate con el PRD llega a las 4.07 y es recibido con un alarido. "¡Sí se pudo!" Se abrazan y lloran. Cinco minutos después, el IFE informa que Calderón tomó la delantera. Es por apenas 0,03 punto porcentual, pero no se detendrá y aumentará hasta el 0,57 final.
Entonces, a las 4.17, aparece Calderón en la planta baja, centro de un remolino de abrazos, besos, cámaras, sudor, flashes, golpes y afonía. "¡Muy buenas noches!", dice, y debe esperar tres minutos para que lo dejen seguir. Promete diálogo, reconciliación, empleo, democracia, tolerancia, respeto y seguridad. Y les pide a todos que se vayan a dormir. "¡Ya ganamos!", lo despiden.
Otro remolino de retorno al tercer piso. Son las 5 de la mañana. Todavía es noche cerrada. Tres horas después, López Obrador desconoce el cómputo electoral. Y promete impugnaciones y movilizaciones callejeras.
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