
La nueva catarsis en Wall Street es hacer chistes sobre la crisis
También es ridiculizada en Internet, radio y TV
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NUEVA YORK.– ¿Conoce el chiste del corredor de Bolsa que duerme como un bebe? Cada hora se despierta, y llora.
Eso le ocurría antes de enterarse de que los piratas somalíes estaban emitiendo valores respaldados en los rescates para comprar al coloso bancario Citigroup. La calificadora de riesgo crediticio Moody’s los catalogó como categoría AAA; el secretario del Tesoro norteamericano, Henry Paulson, evaluó que los piratas eran "fundamentalmente sólidos", y Bernard Madoff se ocupará de garantizar las ganancias.
No ocurre todos los días que los secuestradores, el secretario del Tesoro y los magnates de Wall Street caídos en desgracia aparezcan todos juntos en el mismo chiste. Pero bueno, ésta no es una época común. Los chistes financieros que solían ser exclusivos de los sesudos economistas florecen ahora como un género popular gracias a la recesión y a la acuciante necesidad de una catarsis nacional del deplorable estado financiero de todo el mundo.
Los cómicos del horario de protección al menor son tan sólo el principio. Algunos chistosos de Internet planearon una ruta desde Detroit hasta Washington para los principales ejecutivos de las "Tres Grandes" (General Motors, Ford y Chrysler). Entre las instrucciones figuran "Vaya a una estación de servicio, llene el tanque y váyase sin pagar la cuenta" y "Pídale al gobierno que le pague los peajes".
Los usuarios de YouTube componen baladas sobre el gigante hipotecario Fannie Mae y la aseguradora AIG, que recibió un generoso rescate. El estribillo más común es: "¿Dónde está mi rescate?"
Pocos medios ridiculizaron la crisis más despiadadamente que el periódico satírico The Onion , cuya cobertura puede servir como índice del estado de ánimo colectivo. "Planificador financiero recomienda expectativa de vida más breve", se tituló un artículo reciente, que revela un enfoque más sombrío que el de épocas anteriores.
En todas partes, las sátiras más hirientes se reservan a personas cuyo poder y dinero ya no alcanzan para protegerlos del sarcasmo público. Nombres que solían figurar en las listas de estadounidenses más ricos e influyentes ahora son arrastrados por el lodo en sitios como LolFed.com, donde se garrapatean leyendas en la jerga callejera sobre las caras de famosos banqueros. Las víctimas recientes incluyen a Ben Bernanke, presidente de la Fed. Cuando intentaba convencer al Congreso de que aprobara el plan de rescate de 700.000 millones de dólares, LolFed posteó una foto suya rogando: "Porfa, porfa, porfa? aflojen".
La ridiculización en gran escala puede ser saludable para una sociedad -dijo Bob Mankoff, editor de tiras cómicas de The New Yorker -, especialmente cuando sus cimientos fueron sacudidos por las actitudes imprudentes de unos pocos poderosos. "El humor deja al descubierto el hecho de que no es la gente tonta la que causa problemas, sino la gente inteligente que tiene ideas tontas."
Reírse de gente famosa en mala situación puede ser una buena manera de canalizar la ansiedad y liberar tensión, señaló Shawn Achor, un consultor de negocios que enseña psicología en Harvard. "Muchos estadounidenses se sienten impotentes ante la tarea de cambiar la economía a nivel macro, y escuchan nombres con poder suficiente para afectar la economía de una manera inalcanzable para un individuo común", agregó. Al burlarse de ellos, "se invierte la estructura de poder y se gana poder sobre ellos".
Sin dudas, el actual caos ha sido una bendición para los cómicos Jay Leno, y David Letterman. "Este año, el Departamento del Tesoro celebra su fiesta anual en un lugar llamado la Sala de Efectivo", le dijo recientemente Leno a su audiencia. "Por supuesto, en este momento esa sala está vacía, así que sobra lugar para hacer fiestas."
Mientras la televisión da expresión común a las ansiedades de la gente, Internet creó una poderosa plataforma para la expresión individual. El falso bono de los piratas somalíes llegó a miles de casillas de correo electrónico. Y en YouTube hay cientos de canciones que se burlan del manejo de la economía y de sus responsables.
"Guardamos e-mails con los bonos de los piratas y videos de YouTube que pueden volver a exhibirse", dijo Robert Wright, un historiador financiero. "Aunque dentro de 50 años, quién sabe qué tecnologías tendremos."
Pero hoy, casi todo el mundo debe tener la esperanza de terminar como el chico que aparece en un chiste del The New Yorker sobre el derrumbe del lunes negro de 1987: "Salí bien de esto -decía el niño-. Todo lo que tenía en mi poder eran figuritas de jugadores de béisbol".





