La nueva vida que Bill Clinton se creó tras dejar el poder

Afirma que Hillary lo consulta regularmente; hoy recorre el mundo en nombre de su fundación
Silvia Pisani
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30 de mayo de 2009  

WASHINGTON.- El actual Bill Clinton no es el mismo hombre jovial que dominó la política de Estados Unidos en la década del 90. Sin embargo, sigue derrochando la misma energía intelectual.

"Es bueno que haya un límite constitucional [para la renovación del mandato presidencial]. Siempre supe que había un comienzo y un final. De lo contrario, me hubieran sacado de allí en un cajón de madera", deslizó el último presidente demócrata antes de la estruendosa llegada de Barack Obama a la Casa Blanca.

"Sabía que tenía que construirme una nueva vida. Lo hice. Y me gusta la vida que tengo ahora", añade quien, en su momento, cargó las tintas contra Obama durante la campaña electoral demócrata en la que enfrentó y derrotó a su mujer, Hillary Clinton, en la carrera por la candidatura presidencial del partido.

Se da en el caso de los Clinton una circunstancia curiosa, sin precedente en la historia de los Estados Unidos y, posiblemente, del mundo: un ex presidente cuya esposa es secretaria de Estado del nuevo ocupante de la Casa Blanca. "Hillary me pregunta muchas cosas", es lo primero que dice sobre esa curiosa situación, que fue el tema central de conversación -aunque no el único- en la larga entrevista que Clinton concedió a la revista dominical de The New York Times .

Hoy, la vida de Bill Clinton se parece mucho a la de su esposa, cuando él era presidente. Es así como el matrimonio tiene una agenda intensa alrededor del poder, del dinero y de las decisiones de gobierno en todo el planeta. Y se ven muy poco.

En estas próximas horas, por ejemplo, Hillary Clinton estará en Honduras, en la cumbre de la Organización de Estados Americanos (OEA). En ella, posiblemente, le tocará enfrentar la embestida de líderes regionales por la negativa de Washington a readmitir a Cuba en el seno de la entidad hasta tanto no "democratice" su sistema político y dé pasos "concretos" en materia de derechos humanos.

Bill Clinton, en cambio, estará el martes en Buenos Aires para dar una conferencia en el hotel Hilton, como parte del road show que lo lleva alrededor del mundo, con un mensaje interesado, sobre todo, en el cambio climático, el desarrollo, el combate a la pobreza y a las enfermedades de nuestro tiempo.

Cuando está de viaje, a Clinton le encanta comprar regalos para su esposa o para su personal. De lo contrario, pasa la mayor parte del tiempo en la casa que el matrimonio posee en Chappaqua, en las afueras de Nueva York. El cartel, al frente de la señorial entrada, dice "Los Clinton, establecidos en 1999".

Y cuando no está en un avión o de gira, Hillary pasa la mayor parte del tiempo en esta ciudad, en un departamento cercano a su oficina.

"Nos hablamos por teléfono. Pero no siempre consigo, porque a Hillary le han cambiado todos los números y, dentro del Departamento de Estado, la cobertura de móvil es muy mala", comentó el ex presidente. Y tiene razón: es muy difícil hablar con telefonía celular dentro de ese enorme y vigilado edificio.

La nota aclara que la ex primera dama no quiso hacer comentarios para el largo informe. Y cualquiera que la haya visto actuar en su nueva posición advierte que Hillary se comporta como un cuadro leal del equipo de Obama, a quien -sin embargo- combatió con ferocidad en la interna.

Teléfonos sin respiro

Si bien Clinton confiesa haber tenido algún problema inicial de relación con la nueva Casa Blanca, tratando de definir su rol e intentando encontrar su lugar dentro de la era Obama, se despacha a gusto sobre la curiosa vida de este matrimonio en la cima del poder. Relata, por ejemplo, que cuando Hillary fue designada secretaria de Estado por Obama, inmediatamente empezaron a sonar los teléfonos de su oficina: eran figuras internacionales que pedían su ayuda para conseguir una cita con su mujer.

Y sabe que hay quien lo busca para hacer llegar un mensaje a la nueva administración. "Hemos cambiado los roles", comenta con humor, respecto del trabajo de su mujer.

A los 62 años, tras ocho en el poder, una operación a corazón abierto, cuatro bypass y un reciente diagnóstico de Parkinson negativo, Clinton, aunque cansado por las obligaciones que acarrea, parece haber encontrado su nuevo lugar.

Es la cabeza visible de la Fundación William J. Clinton, entidad que fundó al dejar la presidencia, que cuenta con el aporte de gente rica y poderosa. Además, dicen sus amigos, hace "muchas de las cosas que no pudo hacer cuando era presidente".

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