La política peruana retoma el guion habitual para continuar en el limbo de la inestabilidad y el desgobierno
Tras apenas cuatro meses de gestión, el séptimo presidente en diez años fue destituido por acusaciones en varios casos de corrupción
6 minutos de lectura'

La trituradora de la política peruana se llevó un nuevo presidente al arcón de los recuerdos, el efímero José Jerí, que fue destituido este martes solo cuatro meses después de asumir. El mismo Jerí había sido designado en reemplazo de la también destituida Dina Boluarte, y así sucesivamente.
Perú lleva siete presidentes en diez años, ninguno de los cuales terminó su mandato. Algunos fueron votados en elecciones, otros tomaron la posta en el camino para completar el período. El último en cumplir en tiempo y forma fue Ollanta Humala (2011-2016). Así va una década de ascensos y caídas piloteadas desde el Congreso, una máquina de designar y despedir, de aplaudir y denigrar.
Esta década fue la contracara de la que tuvo al mando del país a Alberto Fujimori (1990-2000). Fujimori clausuró en 1992 el Congreso con tanques en la calle y en 1993 instaló un nuevo Parlamento, obediente, oficialista, sumiso, que le permitió gobernar a discreción, sin contrapesos.
La dictadura terminó tan mal que Fujimori aprovechó una visita oficial a Japón y ahí se quedó, después de enviar su renuncia por fax, el único gobernante en la historia en usar ese medio para salir del poder. En un giro inesperado, los legisladores no le aceptaron la renuncia y lo echaron por otros medios, declarando la “vacancia moral”, una figura constitucional que años después sería moneda corriente. Es la misma que retomaron con ganas desde 2016 para destituir a izquierda y derecha.
El Parlamento actual todo lo puede, es una entidad invencible que se maneja según sus propios intereses, que no necesariamente son los del resto de los peruanos, y que se deglutió sin más a Jerí, de cuyo nombramiento era responsable directo. Porque fueron ellos, los legisladores, quienes primero lo nombraron presidente del Congreso. Y cuando en octubre destituyeron a Boluarte, que no tenía vice, Jerí era el primero en la línea de sucesión.
En estas últimas semanas de pura polémica, con Jerí caminando por la cuerda floja, con los días contados por una serie de reuniones clandestinas con empresarios y de trasnoches en el Palacio de Gobierno, los legisladores de las distintas bancadas se echaban la culpa a ver quién había propuesto su nombre, quién lo había encumbrado al frente del Congreso, de donde saltó a la presidencia.
Jerí no fue destituido por vacancia moral, como los anteriores. Los legisladores usaron la figura de censura, otra herramienta constitucional, porque según entendieron era el proceso que correspondía aplicarle como presidente del Congreso. Al caer como presidente del Congreso, cesaba también como mandatario interino. Ahora quedó como legislador a secas, diputado raso, y en cuanto termine su mandato le esperan múltiples juicios penales, el guion habitual de los líderes depuestos en Perú. De allí a la cárcel hay un solo paso, como casi todos sus antecesores de estos últimos años. Perú tiene un récord de presidentes condenados, empezando por el fallecido Fujimori.
“El Congreso es un club de lobistas de intereses creados. Entonces, vamos a ver, si un partido tiene negociados con el gobierno, tiene algunos ministerios, tiene intereses, tiene algunos lobbies, por decirlo muy elegantemente, entonces va a sostener al gobernante. Pero también puede haber la otra confluencia, la negativa, que no les conviene sostenerlo en algún momento”, dijo a LA NACION Luis Benavente, director de la consultora Vox Populi.
“Paralelamente, es un Congreso de gente mayoritariamente de muy baja preparación, de muy poca capacidad política, de un nivel educativo muy pobre. Hay algunas personas destacadas, pero son una minoría, producto de un sistema político muy mal hecho. Porque está hecho por esa gente cuestionada para sostener un estatuto que favorezca sus lobbies, sus negocios, su enriquecimiento ilícito”, añadió.
Está claro que Jerí, a sus 39 años, no era un dechado de virtudes. En realidad su perfil encaja a la perfección con el arquetipo del legislador peruano que describió con crudeza Benavente. La inocencia no era su característica dominante. Desperdició la oportunidad de conducir el país, más no fuera los meses que tenía entre su designación en octubre pasado y el traspaso del gobierno, en julio próximo, a quien resultara electo de las próximas elecciones.
Pero no, parece que no podía simplemente gobernar. Había que aprovechar estos nueve meses, disfrutar el momento, un carpe diem presidencial, antes de que dieran las doce de la noche, la carroza se transformara de nuevo en calabaza y debiera volver al llano como el resto de los peruanos.
Jerí comenzó a caer el día que una investigación periodística destapó a principios de enero que se había reunido de manera clandestina con un poderoso empresario chino, contratista del Estado. Esa noche fue captado por las cámaras tratando de ocultarse con una capucha, como un vil asaltante. En la imagen está entrando al local de comida china del empresario, conocidos en Perú como chifas, y el escándalo pasó a llamarse “chifagate”.

Jerí se justificó diciendo que fue a conversar sobre los inminentes festejos del día de la amistad chino-peruana, a ver los preparativos, cosa que nadie creyó. Y si una amistad quedó a la vista, una auténtica amistad chino-peruana, fue la de ellos dos, presidente y empresario. Eso dio lugar a una investigación de la fiscalía por conflicto de intereses y un primer amague de juicio político, que algunas bancadas comenzaron a ventilar.
Cuando las aguas empezaban a calmarse, otro informe periodístico sacudió todavía más las estructuras del Palacio de Gobierno, que temblaron hasta los cimientos e hicieron temblar a sus residentes. Porque de ahí surgió el escándalo, de sus mismos salones, de sus largas noches.
Cinco mujeres fueron contratadas como funcionarias públicas tras haber estado en el despacho presidencial en horarios nocturnos, muchas veces hasta el día siguiente, en los meses de octubre y noviembre. Dos de ellas renunciaron tras desatarse el escándalo. Difícil resistir tantos destapes juntos. De una noche encapuchado a varias noches en vela. Y, como dice el tango, todo a media luz.
Otras noticias de Perú
Duró cuatro meses. El Congreso de Perú destituyó a José Jerí, el séptimo presidente en caer en 10 años
Dónde queda. El excepcional observatorio que además de solsticios estudia lunasticios y es el más antiguo del mundo
¿Un cuento chino? Asumió como presidente hace tres meses y su mandato ya está en jaque: el escándalo vuelve a golpear a la política de Perú
1Estados Unidos: un tiroteo en una pista de hockey de Rhode Island dejó al menos tres muertos y tres heridos
2Una propuesta de VOX sobre el velo integral vuelve a poner al islam en el centro del debate político en España
3Se derrumbó en Italia el icónico “Arco de los enamorados” el día de San Valentín
4El asesinato de un joven ultranacionalista provoca un terremoto político en Francia y salpica a izquierda radical






