La princesa Corinna, cerca de Alberto II
La "amiga" de Juan Carlos I ahora hace negocios con el príncipe de Mónaco
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MADRID.- Hace tiempo que los escándalos alejaron a la princesa Corinna zu Sayn-Wittgenstein de su "amigo especial", el rey Juan Carlos I, al que ahora describe como "un anciano caballero que lucha por su salud". Pero la aristócrata alemana ya encontró otra corte en la que desplegar su pasión por la realeza y los negocios.
Su sonrisa eterna volvió a lucirse esta semana al lado de Alberto II de Mónaco, a quien acompaña desde el jueves pasado en un viaje de Estado a Rusia. Tuvo acceso preferencial a reuniones reservadas del príncipe, como la que mantuvo el jueves con el patriarca ortodoxo Cirilo I.
Más precavido que el rey español, Alberto II se cuidó de incluir a su esposa Charlene, de 35 años, en todas las audiencias y en los registros fotográficos del viaje.
La princesa Corinna -en realidad ex esposa de un conde alemán- lleva años dedicada a los grandes negocios en los máximos círculos de poder de Europa y Medio Oriente. A veces calificada como empresaria, otras como gestora de tours de máximo lujo, lobbista de alto nivel, incluso como espía, esta rubia esbelta de 49 años saltó a la fama mundial por su cercanía con el rey de España.
A su lado participó de misiones oficiales y organizó para Juan Carlos I sofisticados viajes de placer. El más célebre -y a la vez infausto- fue el último: un safari para cazar elefantes en Botswana, en el que el rey se rompió la cadera, en abril de 2012. El escándalo que significó aquel accidente en medio de los días más duros de la crisis económica rompió la discreción que mayoritariamente imperaba en la prensa y en la política española a la hora de hablar sobre la relación entre Corinna y Juan Carlos.
Se dejó de usar en muchos casos el eufemismo de "amiga" con el que se la presentaba; salió a la luz la tensión que esa relación produjo entre el rey y la reina Sofía; se denunció en el Parlamento la supuesta actuación de Corinna como comisionista en nombre del Estado español en contratos internacionales que ganaron empresas españolas (como la construcción del tren de alta velocidad a La Meca), e incluso se la involucró en el escándalo que complica a Iñaki Urdangarin, yerno del monarca.
La figura de esta femme fatale contribuyó de manera decisiva a la caída de la popularidad de Juan Carlos que registran de manera sostenida las encuestas (públicas y privadas) desde mediados de 2012.
Entonces ella salió de escena. Sólo había reaparecido para dar algunas entrevistas. Una en la que aclaró que nunca había cobrado ni "recogido dinero" por sus gestiones para el Estado español -de lo que la acusan diputados de la oposición-, y en la que admitió que ella operó "desinteresadamente" para encontrarle un empleo en una consultora internacional a Urdangarin, en pleno escándalo judicial.
La otra, más reciente, fue con Vanity Fair: allí admitió casi explícitamente la relación sentimental con el rey. "Hay cosas que suceden y acaban en un momento dado. Pero la amistad no acaba", dijo. Además, juró que desde diciembre no pisa España. Y hasta se animó a hablar de la reina: "Me la crucé una vez, por accidente".
Con Alberto II de Mónaco evitó de entrada el conflicto de pareja. La gestora alemana se mostró estos días en el círculo más íntimo del príncipe, pero éste siempre va al lado de su joven esposa sudafricana. Aunque casi 100 empresarios volaron con Alberto II a Moscú, la mayoría se quedó afuera de las reuniones más importantes, como la que el príncipe tuvo con el presidente Vladimir Putin. Ella no.
Hace diez días también integró la comitiva monegasca en la cumbre de la ONU. La prensa francesa consignó que había acompañado al príncipe a varias reuniones y también que recorrió tiendas exclusivas en Manhattan con la princesa Charlene.
Corinna tiene buenos contactos desde hace años con la familia Grimaldi y, de hecho, fijó residencia oficial en el impositivamente conveniente principado mediterráneo.
En 2011 fue una de las invitadas al banquete de boda de Alberto y Charlene, aunque entonces era una desconocida para el gran público. Tiempo después empezaron a tejerse especulaciones a partir de ese dato: nadie de la familia Borbón asistió a esa fiesta real (el rey estaba convaleciente de una de sus tantas operaciones y ni los príncipes ni las infantas viajaron a Mónaco).
Juan Carlos sigue el derrotero de su amiga desde el Palacio de la Zarzuela, donde se recupera de su cuarta operación de cadera en un año.


