La renovación del régimen cubano: Díaz-Canel, un delfín brillante pero sin carisma

Designado por Castro "número dos", representa el cambio generacional
César González Calero
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26 de febrero de 2013  

Si hay un cargo simbólico que siempre despertó temores en Cuba es el de delfín político. Después de algunas caídas estrepitosas de jóvenes promesas en los últimos años, la designación de Miguel Díaz-Canel, de 52 años, como "número dos" del régimen cubano y potencial sucesor del presidente Raúl Castro dentro de cinco años, pondrá a prueba la templanza y habilidad política del elegido, cuyos pasos y decisiones serán a partir de ahora escrutados al máximo nivel.

La elección de Díaz-Canel (Villa Clara, 1960) como primer vicepresidente del Consejo de Estado se veía venir desde hacía algún tiempo. En 2012 fue promovido a una de las siete vicepresidencias del Consejo de Ministros y desde entonces acompañó a Raúl en varios viajes internacionales. Tres años antes ya había entrado en la cúpula del poder al ser nombrado ministro de Educación Superior.

"No es un advenedizo ni un improvisado", dijo Raúl, al anunciar su designación ante el nuevo Parlamento. No pudo utilizar el general una mejor definición del personaje, porque Díaz-Canel ha sido el arquetipo del perfecto apparátchik caribeño: dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de su provincia, Villa Clara, internacionalista en la Nicaragua en guerra de los 80 y, años más tarde, máximo responsable del Partido Comunista (PCC) en Villa Clara y Holguín. Fue en el ejercicio de estos últimos cargos cuando Raúl Castro se fijó en él y en 2003 lo promovió al influyente Buró Político del PCC, verdadero sanedrín del régimen. Esa "firmeza ideológica" de Díaz-Canel, en palabras de Raúl, lo situó finalmente en un puesto que parecía maldito en la isla: el de delfín de los Castro.

El flamante "número dos" del régimen fue en su momento ayudante de Roberto Robaina, el carismático canciller de los 90 cuya fulgurante carrera política quedó truncada cuando Fidel descubrió sus devaneos políticos y económicos con personalidades extranjeras. Eran los tiempos en que los jóvenes líderes comunistas se movían en bicicleta por la ciudad y escuchaban a The Beatles, estigmatizados durante años en la isla. Robaina no fue el único delfín que se ahogó en el acuario del régimen. Años después sucumbirían también otras relevantes figuras surgidas del regazo de Fidel, como Carlos Lage, Felipe Pérez Roque o Carlos Valenciaga. Defenestrados por "deslealtad", hoy esos potenciales delfines son ciudadanos de a pie. Robaina embelleció los jardines de un parque habanero antes de dedicarse a pintar cuadros, Lage realiza tareas administrativas en un hospital de las afueras de La Habana, Pérez Roque trabaja como ingeniero en una empresa de construcción y Valenciaga pasa las horas en la Biblioteca Nacional.

Díaz-Canel puede, por lo tanto, sentirse un afortunado. Quienes lo conocen destacan su inteligencia, su brillantez y su sentido de la lealtad. Valores que equilibran sus escasas dotes de orador y su falta de carisma, y que tendrá que ejercitar al máximo para sobrevivir en un hábitat complicado. De un lado, tendrá que cumplir con la confianza que la vieja guardia ha depositado en él y de otro, como civil, deberá tender puentes con la poderosa ala militar del régimen, en alza desde que Raúl accedió al poder en 2008.

Al contrario que la mayoría de los delfines caídos en desgracia antes de ser bendecidos oficialmente, Díaz-Canel transitó un camino de largo recorrido, alejado de las cámaras y los salones palaciegos. Un camino sin estridencias, muy del gusto del general.

El heredero de la vieja guardia

Es la apuesta de Raúl para garantizar la continuidad

MIGUEL DÍAZ-CANEL

Vicepresidente de Cuba

  • Profesión: ingeniero

    Edad: 52 años

    Origen: Villa Clara, Cuba

    Díaz-Canel se perfila como el próximo presidente de Cuba, una vez que Raúl Castro se retire del poder dentro de cinco años.
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