
La revolución de la informalidad
Por Mario Diament
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MIAMI.- Hasta hace un par de años, ningún hombre que tuviera ambiciones de hacer carrera en el mundo de la abogacía, la banca o las finanzas en los Estados Unidos se habría presentado vistiendo otra cosa que traje oscuro, camisa blanca, corbata y zapatos lustrosos.
Hoy en día, hasta las empresas más conservadoras han debido admitir que la revolución informal está en marcha y que la disyuntiva parece ser plegarse o anquilosarse.
El último mes, durante la reunión anual de la poderosa firma financiera Morgan Stanley Dean Witter Inc., su presidente, Philip Purcell, advirtió a los accionistas: "No podemos esperar atraer a las mejores mentes si insistimos en aferrarnos a la indumentaria formal".
Purcell estaba reaccionando al hecho de que en una economía con más demanda de mano de obra que oferta, las empresas se han visto obligadas a hacer extraordinarias concesiones para captar a los profesionales más capacitados.
El asalto al traje, que comenzó en las empresas de alta tecnología del Sillicon Valley, se ha extendido ahora a toda la nación. Según un estudio de la Sociedad para la Administración de Recursos Humanos, una organización de Washington, el 42% de los empleadores de los Estados Unidos permite hoy la vestimenta informal. Pero los efectos de esta revolución van mucho más allá de la indumentaria.
Ser y parecer
Todo un lenguaje basado en etiquetas y signos destinados a definir la jerarquía que cada uno ocupa en la empresa y en la sociedad y establecer las reglas del decoro se está desmoronando, y nadie sabe muy bien cómo reemplazarlo.
La vieja alianza entre el ser y el parecer se quebró, y si bien muchos creen advertir en esta transformación un sinceramiento de las relaciones laborales, donde el ser sea infinitamente más importante que el parecer, otros, menos entusiastas, sólo ven en la tendencia el reemplazo de un código por otro.
Lo primero que desapareció fueron los trajes y las corbatas, pero la marea informal está llegando ahora a los pies. El martes último, en una nota de tapa, el Wall Street Journal daba cuenta del inesperado prestigio social de las chinelas, que ahora invadían las oficinas, los restaurantes y las fiestas y citaba que el actor Denzel Washington llegó a la ceremonia de los premios Golden Awards, en enero, calzando unas chinelas de 200 dólares.
En ningún lugar resulta el fenómeno más visible que en los rascacielos de Wall Street, donde algunos de los más reputados CEO, banqueros y operadores de bolsa visten remeras y pantalones color caqui. En un principio, la tolerancia por la vestimenta informal se limitaba a los días viernes, bautizados "casual Fridays", pero hoy en día firmas como J. P. Morgan, Goldman Sachs Group Inc., Morgan Stanley y el Chase Manhattan Bank permiten que sus ejecutivos vistan informalmente cualquier día de la semana.
En la era de Internet
Según Sherry Maysonave, autora de "Poder informal: cómo motorizar su comunicación no verbal y vestirse para el éxito", la explosión de la vestimenta informal forma parte de lo que ella denomina "la informalización de América", un fenómeno de la era de Internet, donde la gente tiene necesidad de comunicarse más rápidamente en el nivel personal.
"Esta informalidad es más eficiente -dice Maysonave-. La información debe ser comunicada velozmente, y lo primero que se deja de lado son las formalidades."
Pero, según la autora, el desafío de la nueva informalidad consiste en encontrar un look que, sin recurrir al traje, aún inspire respeto. "A través de la indumentaria, uno indica cómo ser tratado -dice Maysonave-. Es imposible que la forma en que vestimos no revele nada acerca de nosotros."
Como es de imaginar, las menos entusiastas de la revolución informal son las sastrerías más cotizadas, como Brooks Brothers y Giliberto Designs, las que hasta ahora representaban el epítome de la distinción, pero en los últimos años han visto caer dramáticamente las ventas de ropa formal. Algunas, como Brooks Brothers, enfrentan la crisis produciendo líneas informales capaces de señalar diferencias.
Pero Anthony Giliberto, propietario de Giliberto Designs, se decidió por una estrategia más desesperada: apelar a que se instituya un "Dress up Thursday" (jueves formal), en que todo el mundo deba ir de traje, como en las viejas épocas.
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